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Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
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domingo, 2 de febrero de 2020

  • 2.2.20
A mediados del año pasado fui invitado a presentar una de las jornadas sobre Laicismo y Derechos Humanos que, organizadas por el Ayuntamiento de Córdoba y distintas asociaciones cívicas, se celebrarían en una de las salas de las que dispone el Ayuntamiento de la ciudad. En mi caso sería la que llevaba por título “Derechos humanos y diversidad sexual”. En ella participaron como ponentes Verónica, una chica transexual, y Gonzalo Serrano, presidente de la Asociación Arcoíris de Andalucía.



Por otro lado, tengo que apuntar que realicé el diseño de los carteles y dípticos de estas jornadas, en los que aparecía como imagen central la figura de Hipatia de Alejandría, una figura legendaria dentro del campo del conocimiento científico, que fue asesinada por las huestes fanáticas del obispo Cirilo de Alejandría.

El salón se encontraba lleno y el debate se alargó hasta la hora de cerrar el centro, pero antes se proyectó un documental titulado Familias orgullosas en el que se manifestaban familiares acerca de la aceptación que tenían de sus hijos o hijas, fueran homosexuales o transexuales.

Lo que me llamó la atención fue la presencia en el documental de un amigo, José Luis Castillo, médico y sexólogo, profesor en las universidades de Sevilla y Almería. A este amigo le dirigí su tesis doctoral que versaba sobre los modelos masculinos y femeninos en las campañas publicitarias. En el vídeo se mostraba orgulloso de sus dos hijos homosexuales que le acompañaban, aunque ellos lo hacían de espaldas.

Ante la actual polémica sobre el tema denominado pin parental, me pareció oportuno llamar a José Luis por si le parecía bien que le hiciera una entrevista para que me expresara las vivencias que había tenido ante la orientación sexual de sus dos hijos y las razones por las que había dado el paso adelante y mostrarse públicamente en defensa tanto de sus hijos como de los chicos y chicas que son homosexuales.

Cuando le llamé no puso ningún inconveniente en que nos viéramos para que, sin ningún reparo, habláramos de su experiencia y cómo había sido la relación con sus hijos a partir del momento en el que ellos les explicaron a él y a su madre sus orientaciones sexuales.

Quedamos, pues, en el salón de un hotel céntrico, dado que considerábamos que era un buen sitio por el silencio que había en ese espacio, lo que favorecería el que la charla fuera tranquila y distendida. Una vez que nos encontramos y nos saludamos preguntándonos por nuestros derroteros, puesto que hacía algún tiempo que no nos veíamos, pasamos dentro y, tras pedir la consumición, Flora, mi mujer, que me acompañaba, y dado que fue codirectora de su tesis, puso la grabadora de su móvil para que yo pudiera recordar lo que en este encuentro hablaríamos.

La charla fue abierta, tranquila, sin ningún guion prestablecido, por lo que en ella nos cruzábamos en las intervenciones, tal como suele acontecer cuando dos buenos amigos se ven y hablan con toda sinceridad de sus vidas.



Inicié el coloquio preguntándole cómo se encontraban sus hijos P. y J., por sus estudios, y, especialmente, por el momento en el que les manifestaron que eran homosexuales, así como por los sentimientos que les embargaron en el momento de hacerles esta confesión (debo apuntar que lo que escribo es un extracto de una conversación que duró cerca de una hora).

- Mis hijos me dijeron que eran homosexuales hace tres años, cuando todavía estaban cursando sus estudios universitarios. Ahora que ambos tienen 22 años, casi 23, dado que son mellizos, han acabado sus carreras y en la actualidad viven en Madrid… Inicialmente se lo expresó uno de ellos a su madre. Recuerdo que una de las frases que le dijo fue: ¿Mamá, no te avergüenzas de mí? Posteriormente, un día me indicaron que querían contarme algo. 

En medio de la confesión que me hacían, comprobé que su orientación sexual la vivían con un sentimiento de culpa, como si consideraran que fueran menos por sus tendencias sexuales… Sentí mucha pena, porque comprobé que habían sufrido mucho por esta orientación, ya que las tendencias o inclinaciones sexuales son deseos que no se pueden evitar, a menos que se deseen reprimir y ocultar a los demás, pero esto genera muchos problemas en quienes lo hacen.

Continuamos la conversación hablando de la situación en la que ahora P. y J. se encuentran tras haberles manifestado sus orientaciones sexuales. José Luis me indica que ya los ve tranquilos y relajados, al saber que “su madre y yo cerramos filas con ellos”. Incluso, me apunta, ahora se produce un mayor acercamiento, con un buen nivel de amistad de unos hijos que confían en nosotros.

Por mi parte, mientras escucho a este amigo, me pongo en la piel de quienes son padres para comprender los sentimientos que pueden surgir cuando un hijo o una hija les explican su orientación hacia el mismo sexo. Por mis investigaciones acerca de las familias, sé que esto no suele suceder con frecuencia. De todos modos, se lo pregunto a él como padre y como sexólogo, al tiempo que le añado si sus hijos han sufrido acoso en el centro en el que estudiaron.

- Como padre lo he sentido con un cierto dolor porque tenemos una sociedad poco respetuosa con quienes no pertenecen a la mayoría. Por otro lado, uno de ellos lo vivió con un importante sentimiento de culpa ante la idea o el temor de que lo pudiéramos rechazar, que dejáramos de seguir queriéndolo… Con respecto a si han sufrido acoso, te puedo decir que ellos han ido a centros públicos y no recibieron por parte de sus compañeros o por el profesorado ningún tipo de discriminación… 

Además, como padre, tengo que indicar que me siento muy orgulloso de mis hijos por cómo son: son dos chicos magníficos… Como sexólogo, quisiera apuntar que debemos de tener en cuenta que el ser humano es complejo y diverso, por lo que lo primero que sale del fondo de cada uno es lo que siente. Además, como persona, yo me pregunto que si lo que brota de cada ser humano no hace daño a los demás: ¿dónde está el conflicto? ¿Dónde está el problema?

Seguimos hablando sin pausa, al tiempo que, brevemente, se intercalan otras cuestiones relacionadas con el tema de la charla. Así, le comento el caso de Elsa Ramos (que ya conoce), la niña transexual de ocho años que vive en de Arroyo de San Serván y que valientemente intervino en el Parlamento de Extremadura. También sale a colación el impresionante y demoledor libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano del periodista francés Frédéric Martel, del que se han vendido más de medio millón de ejemplares en todo el mundo…

En medio de la charla, y puesto que sus hijos hablaron con él cuando tenían diecinueve años, me surge la duda de si no se dieron cuenta de la posible inclinación homosexual por parte de ellos. También le pregunto acerca de si considera que los padres que tienen un hijo homosexual se avergüenzan porque sienten que pierden parte de su imagen masculina ante la sociedad en la que vivimos.

- Me preguntas si habíamos notado algo en ellos que pudiera hacernos pensar en sus orientaciones sexuales, y, sinceramente, te puedo asegurar que no lo habíamos advertido, dado que en sus modos, en sus gustos, en sus expresiones para nada se diferencian de otros chicos de sus edades. Es más, uno de ellos había salido con una chica tiempo atrás… 

Con respecto a lo que en segundo lugar me indicas, te puedo decir que en mi caso no tengo ese sentimiento. No me siento menos hombre por el hecho de que mis hijos sean homosexuales. Yo los quiero igual. Quizás tenga una cierta nostalgia al saber que no vamos a ser abuelos; pero como el futuro está abierto, quizás pudiera ser por adopción… No sé.

Nos habíamos citado a las cinco y media de la tarde en la entrada del hotel. Ya son cerca de las siete y debemos acabar, dado que José Luis ha quedado en ir a casa de su madre que es muy mayor y tiene que cuidarla. Nos despedimos con un abrazo al tiempo que acordamos vernos pronto.

Una vez que estoy en casa y escucho la grabación, me doy cuenta de que me faltó una pregunta por hacerle: ¿Por qué había decidido participar en esta campaña de modo abierto mostrando su propia imagen?

Sin embargo, conociendo a José Luis creo que era innecesario hacérsela: su honestidad, su coraje y su sinceridad han dado lugar a que haya saltado por encima de los miedos y prejuicios que nos suelen atenazar. En su caso, nos ha dado una lección admirable al hacernos ver que, para los padres, el amor hacia los hijos debe estar por encima de los miedos, de los prejuicios y del qué dirán en una sociedad en la que el rechazo hacia quienes sienten de modo distinto, lamentablemente, está muy presente.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 26 de enero de 2020

  • 26.1.20
“¡Hay que ver cómo cambian los tiempos!” Esta frase tan socorrida viene desde épocas inmemoriales, puesto que es una obviedad que la sociedad se transforma de manera constante, que no se mantiene tal como cada cual la conoció en su juventud y, de algún modo, a los más mayores, que son los que más suelen utilizar esta expresión, les gustaría no encontrarse desplazados por las nuevas costumbres que implacablemente se imponen.



Efectivamente, cambian los tiempos y cambiamos las personas, más aún ahora en los que la digitalización arrasa llevándose para siempre gran parte del mundo analógico en el que muchos nos hemos formado. Hay pues que adaptarse al que se ha generado a partir de la reciente revolución digital, dado que si no lo hacemos quedaríamos situados, en gran medida, en los márgenes de la convivencia.

La adaptación es tan generalizada que hasta los clásicos timos se han puesto a la orden del día, de modo que aquellos tan ‘artesanales’ que conocimos los que tenemos bastantes años, fuera de manera directa o a través de algunas películas que nos hacían reír por la caradura que desplegaban los timadores y la ingenuidad de los timados que, en el fondo, nos movían a lástima, se han reciclado hacia nuevas modalidades.

Recordemos que varias décadas atrás en nuestro país había timos típicamente españoles, caso del timo de la estampita o el del tocomocho. El primero de los citados lo pudimos ver en la pantalla en la película Los tramposos (cinta de 1959 de la que más abajo muestro un fotograma). En ella que aparecían Tony Leblanc, José Luis López Vázquez, Antonio Ozores y Concha Velasco. Grandes actores al servicio, entonces, de una cinta que hoy nos hace sonreír o sonrojar, depende de cómo la miremos, al ver tanta ingenuidad en una sociedad con muy escasas expectativas como era la del pleno franquismo.

Otro de los timos clásicos era el del tocomocho, que se producía (o se produce, pues aunque parezca mentira se resiste a desaparecer) en la calle a plena luz del día, aunque en sitios pocos concurridos. En esta estafa a la víctima se le aborda haciéndole creer que el billete de la lotería premiado que porta quien ha contactado con ella no lo puede cobrar por alguna causa que ha surgido de forma imprevista.

El estafador le ofrece la venta del boleto por menos dinero del que supuestamente le corresponde al premio. Para reforzar la credibilidad, aparece el ayudante o el ‘gancho’ del embaucador afirmando que es cierto lo que le indican, al tiempo que le muestra un listado de números premiados de un periódico, que, lógicamente, es falso. Cuando la incauta víctima va a cobrar el boleto se dará cuenta que ha sido engañada como a un idiota, por lo que ni siquiera se acerca a alguna comisaría a denunciar el hecho por miedo al ridículo.



Otro timo muy popular es el de los trileros, que en nuestro país lo podíamos ver con relativa frecuencia, aunque también se ha practicado fuera de nuestras fronteras. Su uso se alarga siglos hacia atrás, por lo que me ha parecido oportuno presentar como ilustración de este escrito el lienzo titulado El prestidigitador y el ratero, salido del taller de El Bosco. En este caso, y a diferencia de la versión que nosotros hemos conocido, el raterillo que acompañaba al trilero se las apañaba para sacarle unas monedas al personaje que contemplaba asombrado la bola mostrada por el trilero que hábilmente la manejaba para engañar a los embobados espectadores.

¿Y a cuento de qué traigo ahora estas estafas que en la actualidad parecen destinadas a embaucar a ciertos jubilados y a viejecitas incautas? Sencillamente, porque como apuntaba al comienzo, los timos no han desaparecido, sino que se han adaptado a los nuevos tiempos que vivimos, por lo que ahora todos somos todos potenciales víctimas.

Estos tiempos digitales han traído, entre otras cosas, el que nuestros datos personales y también bancarios se encuentren, en gran medida, fuera de nuestro control, por lo que pueden llegar a manos indeseadas y nos veamos como posibles víctimas de los nuevos timos que en la actualidad funcionan. Pongo, pues, dos ejemplos personales recientes.

Hace poco recibí una llamada al móvil. Aunque soy un poco reacio a coger aquellas llamadas de números que no tengo anotados en la agenda del teléfono, ya que nos suelen inundar de ofertas publicitarias, finalmente lo hago.

“¿Es casa del señor Aurelio Sáinz…?”, escucho nada más preguntar. “¿De parte de quién?”, respondo con la mosca tras la oreja, pues mi nombre es Aureliano.

“Somos de la compañía de electricidad ‘fulanita’ y necesitaría que me abriera la puerta del bloque en el que usted reside para acceder al contador para tomar los datos…”. Me quedo un poco pensativo, y le respondo: “Vamos a ver, yo no he realizado ningún contrato con esa compañía, pues desde hace bastantes años lo mantengo con la compañía ‘menganita’ y no tengo intenciones de modificar mi contrato…”.

La voz femenina con la que hablo insiste en que ella tiene constancia de que en la compañía ‘fulanita’ se encuentran mis datos como cliente. “Lo siento, señorita”, le indico con un tono de mosqueo, “además yo no me llamo Aurelio, como dice, sino que mi nombre es Aureliano, que, aunque parezcan iguales, resultan distintos”. Poco a poco, comienza la retirada de la voz femenina al darse cuenta de que no soy precisamente un iluso al que se le puede embaucar fácilmente.

Otra forma, más grave, es aquella que busca obtener tus datos bancarios enviándote un correo electrónico apremiándote, con el mensaje encabezado con el siguiente aviso: “Alerta para su seguridad hemos desactivado su cuenta”.

Inmediatamente llega el mensaje escrito: “Apartir del 09/09/2019 No puedes utilizar su cuenta. Tienes que activar la nueva sistema de seguridad web. / Una vez que actualice la información de su cuenta, su cuenta comenzará a funcionar normalmente una vez más. / El proceso completo tomará solo 5 minutos. Debería tomar medidas ahora para solucionar el problema lo antes posible. / La nueva sistema garantizará la mejor seguridad en sus operaciones”.

Lo curioso es que el mensaje viene con faltas gramaticales, tales como ‘Apartir’ (todo junto); ‘la nueva sistema’ (mezcla el masculino y el femenino); al tiempo que por un lado te tutea (cuando dice: ‘No puedes…’), para pasar al tratamiento de usted (cuando aparece escrito: ‘Una vez que actualice…’). Y todo ello enviado desde un correo electrónico totalmente increíble.

Me imagino que algún incauto o despistado picará en este fraude digital y entregue sus datos personales y bancarios creyendo en ese apremio de su banco, pues, tal como apuntaba al principio, los timos se adaptan a los nuevos tiempos, por lo que en la actualidad no nos queda más remedio que espabilarnos pues corremos el riesgo de convertirnos todos en víctimas de los nuevos tocomochos digitales.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 19 de enero de 2020

  • 19.1.20
Resulta bastante sorprendente que el segundo Premio Pritzker de Arquitectura que recae en nuestro país prácticamente hubiera pasado desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación y que, excepto en el ámbito profesional de la construcción, casi nadie sepa que el equipo formado por Rafael Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda lo recibiera en el año 2017.



En más de una ocasión, en esta serie dedicada a la arquitectura contemporánea, he manifestado que es un premio internacional que se concede anualmente y que fue creado en 1979 por el estadounidense Jay A. Pritzker. Sería algo así como el equivalente al Nobel en esta disciplina. En la lista de los premiados se encuentra Rafael Moneo, que lo recibió en 1996, y veintiún años después se le adjudicaría al estudio RCR Arquitectes de Olot (Girona).

Lo más sorprendente de esta concesión es que sus miembros, tal como he apuntado, no tienen su centro de trabajo en una de las grandes ciudades españolas, como cabría esperar, sino en una localidad gerundense de algo más de 35.000 habitantes. Y es que sus tres componentes volvieron, tras terminar la carrera, a su lugar de origen, para desde allí comenzar a abrirse camino en el trabajo de proyectos de edificación.

El equipo que forman Vilalta, Pigem y Aranda empezó a darse a conocer cuando en 1988, hace treinta y dos años, ganando el concurso para construir un faro en Gran Canaria, con una sorprendente propuesta de edificación horizontal, cuando tradicionalmente los faros son construcciones verticales. El impacto de este singular diseño dio lugar a que el proyecto fuera dado a conocer más allá de nuestras fronteras, caso de París o de Japón.

Lógicamente, el haber recibido el Premio Pritzker dio lugar a que recibieran encargos de ámbito privado de países como Taiwán, una de cuyas universidades les ha pedido el proyecto de un centro para sus estudiantes, en el que se incluye tanto la actividad social del campus como las de tipo deportivo.

Los encargos de entidades públicas, con las que han realizado varias obras, necesitan participar en los concursos que hayan sido convocados por esas entidades, como apuntaba Carme Pigem en una reciente entrevista,.

La filosofía que preside la obra de RCR tiene una estrecha relación con el entorno que la rodea, con especial énfasis en los valores que nacen de la propia naturaleza. “Nos interesa todo. Puedes aprender de todo. Cuando estás en el bosque y desde ahí ves un campo o un espacio abierto, te está dando una experiencia espacial que quizás es la que quieres hacer con la arquitectura.

Preparar espacios y vivencias que hagan de esta experiencia algo único. De la riqueza y emoción que se siente en la naturaleza se pueden destilar conceptos para aplicarlos en los espacios que creas”, apuntaba la componente femenina de este equipo de tres miembros.

Puesto que sus proyectos los trabajan con sumo cuidado, me ha parecido razonable mostrar tres de ellos para acercarnos a la obra de este equipo.





Las dos panorámicas fotográficas que hemos visto se corresponden con el exterior y el interior de la guardería El Petit Compte que proyectaron en el pequeño municipio de Besalú (Girona). Así, cerca de las construcciones medievales que predominan en la localidad y con la naturaleza de fondo, crearon un largo paralelepípedo con los colores del arco iris en su exterior y que continúan en el patio interior. Lógicamente, esta obra cargada de vivo cromatismo es un homenaje al mundo de los más pequeños, ya que el juego, la alegría y la vitalidad forman parte de sus mundos.



Otra de las obras relevantes de RCR es el museo Soulages, ubicado en la localidad de Rodez, que el pintor francés Pierre Soulages financió al convocarlo como concurso y en el que se expondría una parte significativa de sus obras. La propuesta que ganó fue la presentada por el equipo de Olot.

En ella enfocan la obra como si el edificio estuviera configurado por cinco paralelepípedos que a modo de cajas se insertan en la falla del terreno alojando cada una de ellas los distintos elementos de la colección. Todos estos volúmenes se cubren con planchas de acero corten, con una precisión tan medida entre ellas que fue necesario que una empresa de Olot se encargara de realizarlas, ante la imposibilidad de que lo hiciera una empresa francesa.



En el barrio de Sant Antoni, barrio tradicional del Eixample de Barcelona, se encuentra la biblioteca municipal que lleva la denominación de Biblioteca Sant Antoni-Joan Oliver. Proyectada por RCR Arquitects y abierta al público en el año 2007, aparece encajonada entre dos edificios de la calle del Conde Borrel.

Lo primero que llama la atención es su fachada en láminas metálicas verticales de color negro que se abren para dar entrada a la luz, al tiempo que la parte central es acristalada. Como suele acontecer en los edificios de los barrios tradicionales de la ciudad condal, cuenta con una manzana interior transformada en espacio público, con jardín para los niños y hogar de los jubilados, lo que genera una cohesión social entre colectivos de distintas edades.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 12 de enero de 2020

  • 12.1.20
A lo largo de los artículos que he tratado en esta serie aparecieron unos cuantos que estaban centrados de manera específica en algunos de los más significativos diseñadores que han trabajado para las carátulas de los álbumes. En esta ocasión voy a presentar un nuevo y singular nombre: el estadounidense Benjamin A. Vierling, muy poco conocido en nuestro país dado que sus trabajos se han centrado en una línea muy ligada a sus pinturas de corte místico y esotérico.



Previamente, quisiera recordar quiénes han pasado con anterioridad, indicando entre paréntesis en qué número de la sección en la que vieron la luz. Entre ellos se encuentran: Andy Warhol (12), Rick Griffin (14), M. C. Escher (15), Roger Dean (16), Storm Thorgerson (21) y Peter Saville (24).

Sobre Benjamin A. Vierling, tengo que indicar que es un pintor e ilustrador de 45 años, nacido en San Francisco en 1974. Su formación artística la lleva a cabo tanto en Estados Unidos como en Europa. Las imágenes de sus trabajos están ligadas a un misticismo arcano, por lo que utiliza en sus pinturas una técnica que se empleaba en el siglo XV: la mezcla de témpera de huevo y pigmentos de aceite.

Desde el punto de vista estético, su arte es el resultado de unificar imágenes dispares, de modo que las acaba integrando en trabajos de carácter simbólico en los que aúna arquetipos de corte religioso, mitológico o esotérico con temáticas o composiciones contemporáneas.

El resultado, a mi modo de ver, es bastante polémico, aunque reconozco el impacto que provoca en ciertos sectores que le gustan estas mezclas poco rigurosas. No obstante, tengo que reconocer que la meticulosidad y el preciosismo de sus obras nos remiten a un artista que bebe técnicamente del mayor de los realismos y conceptualmente del surrealismo.

Como ejemplo de lo que he indicado podemos apreciarlo en la portada, que no corresponde al diseño de ninguna carátula de disco, sino que es un cuadro de Vierling en el que aúna muchas de las características descritas.

Y ahora para que conozcamos a este sorprendente pintor y diseñador gráfico he seleccionado seis portadas de discos que las presento por orden cronológico de aparición en el mercado.



En el año 2006 apareció en el mercado estadounidense (también en nuestro país) un singular disco, Ys, firmado por Joanna Newson, compositora e intérprete nacida el 18 de junio de 1982 en Nevada City, California. Cantante, pianista, arpista y clavecinista, nos sorprendía con un brillante trabajo que tuvo una muy buena acogida. El diseño de Vierling para la portada nos la muestra sentada, en plano tres cuartos, con mirada oblicua hacia el espectador y, entre los muchos elementos que la rodeaban, con una hoz en su mano izquierda. Todo ello con algunas reminiscencias medievales, que unidas a cierto lirismo surrealista, nos adentraba en una obra verdaderamente brillante.



Damos un salto de cinco años con el fin de presentar la portada que Vierling diseñó, en 2011, para la banda canadiense Weapon, formada en el 2003 en la ciudad de Calgary, Alberta. Para comprender la estética que el diseñador adopta en este caso, hemos de tener en cuenta que la banda se inscribe en lo que se denomina ‘black death metal’, por lo que las referencias visuales a las fuerzas demoníacas se muestran en una composición abiertamente simétrica en las formas. Demonio y ángeles; cielo e infierno; cristianismo e hinduismo; el bien y el mal… todo unido en una especie de ‘melting pot’ muy del gusto de un tiempo en el que se entremezclan todos los símbolos y arcanos de las distintas culturas.



Una vez que Vierling penetra con sus diseños en el mundo musical del ‘black metal’, parece que los grupos adscritos a esta línea recurren ávidamente a él para que les realice las portadas de sus discos. Es lo que le sucede a la banda californiana Avichi. Una vez que el grupo había grabado el álbum The Devil´s Fractal, acude al diseñador para que les realice la portada. El disco aparece, al igual que el de Weapon, también en el 2011 y, como podemos apreciar, Vierling vuelve a un diseño de alta simetría donde las formas geométricas concéntricas tienen un fuerte protagonismo en la composición.



Parece que Satanás y las fuerzas demoníacas son los grandes arquetipos o fuerzas del submundo a los que acuden de modo habitual las bandas estadounidenses del ‘black metal’. Es lo que sucede con los miembros de Deiphago, que con su álbum Satan Alpha Omega, aparecido un año después, en 2012, quieren rendir tributo a una especie de ‘mesías’ caprino, que, envuelto en un círculo y con las referencias de los cuatro apóstoles en las esquinas, nos muestra un libro sagrado ardiendo. Los iconos que mezcla Vierling nos remiten de manera constante a la idea de la muerte, de lo oscuro, de un mundo guiado por fuerzas del mal como imán de atracción. El principio (Alpha) y el fin (Omega) como origen y final de un mundo conducido por un caótico poder maligno.



También en el año 2012, Vierling diseña otra portada para el grupo estadounidense Christian Mistress (Amante cristiano) dentro de esta línea, tan personal y tan atrayente, para las bandas de ‘black metal’. Así, en la portada de Possesion se aleja de las imágenes demoníacas que acabamos de ver para acercarse a una composición de corte surrealista, en la que una mano, que evoca a la de ciertos iconos de Jesús, se extiende hacia abajo, rodeada por un cuadrado inclinado con cuatro letras de ‘m’, al tiempo que sale una llama hacia la tierra esférica, que se encuentra en la parte superior. No obstante, el fondo negro de la composición no deja de ser una evocación a las partes más oscuras de la mente humana.



Cierro este recorrido de seis portadas de Vierling con la presentación de un grupo europeo, Aosoth, formado en París, y que acudió al diseñador estadounidense cuando en 2017 sacó a la luz su disco The Inside Scriptures. En este caso, Vierling se decanta por tonalidades claras, alejándose del cromatismo anterior, puesto que ahora nos presenta una especie de ángel-virgen rubia asaetada, evocando connotativamente la iconografía de San Sebastián, quien atado y semidesnudo se le suele mostrar cubierto de flechas. Aquí, dos ángeles cadavéricos acarician el cuello de la figura protagonista, mientras que a sus pies se despliega un conjunto de serpientes, y todo ello enmarcado en un grupo escultórico formado por dos cariátides masculinas.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 5 de enero de 2020

  • 5.1.20
Ya nos encontramos en el 2020, habiendo traspasado esa línea imaginaria que supone el último día del año y, por ahora, acercándonos hacia el final de las Navidades. Sin embargo, no se han cerrado del todo ya que queda todavía algo verdaderamente mágico para niños y niñas: la llegada de los Reyes Magos.



Este es un ritual que desde tiempo inmemoriales se celebra, pues queda constancia de ello tanto en múltiples relatos, orales y escritos, como en las obras de los grandes pintores que desde la Edad Media hasta nuestros días han plasmado con gran carga de imaginación, sus recorridos o llegadas al portal de Belén (caso, por ejemplo, de la obra El cortejo de los Reyes Magos del pintor renacentista italiano Benozzo Gozzoli y de la que presento un fragmento más abajo).

En la actualidad, no nos queda más remedio aceptar que este gran evento se haya convertido, en cierta medida, en algo desmesurado, ya que a los pequeños se les atiborra de juguetes por parte de los miembros de la familia (padres, abuelos, tíos…) de modo que, sin ser consciente de ello, se les inicia en el consumismo, uno de los grandes males de nuestra sociedad y que, por desgracia, con el paso de los años resulta muy difícil de erradicar, pues acaba siendo parte de los hábitos personales.

Pero no voy a entrar a analizar este fenómeno, dado que sé por las investigaciones que llevo a cabo que también hay padres sensatos que intentan que sus hijos no entren en esta dinámica tan extendida en estos tiempos que vivimos.

También sé que hay gente que me estará leyendo que recuerde que en aquella lejana infancia solo venían los Reyes Magos a traernos esos juguetes que tanto nos ilusionaban y que durante las vacaciones navideñas los esperábamos impacientes. Lo malo es que habían situado la llegada de los Magos de Oriente el seis de enero, cuando se acababan las vacaciones y apenas teníamos tiempo de disfrutar.

Sobre el maravilloso relato de los Reyes Magos (dado que sabemos que no es un hecho histórico constatable) hay algo que suele salir a debate cuando se hace referencia al desencanto que sufren los pequeños cuando alguien mayor, o de su propia edad, les indican que no existen y que en realidad son sus propios padres.

En mi caso particular, que yo recuerde, siempre supe que quien nos traían los regalos eran los padres, quizás porque alguno de mis hermanos mayores se encargó de contármelo; no obstante, para mí no era ningún problema, ya que esperaba con la misma impaciencia la llegada de ese día emocionante en el que me levantaba muy temprano para ir al salón de la casa a comprobar que no se habían equivocado en lo que yo les pedí.



Acerca del tema de las creencias infantiles, abordaré en un artículo posterior el modo en el que niños y niñas piensan sobre lo que es real y lo que es ficción, puesto que uno de los hechos pocos conocidos es cómo se articula la realidad y la fantasía en sus mentes. De este modo comprobaremos la diferencia que existe entre mentirles (cosa que nunca debemos hacer) y el participar en una fiesta colectiva, de raíces tradicionales, que para ellos supone un enorme disfrute y un despliegue de sus capacidades de imaginación e inventiva.

¿Y qué pienso de la figura de Papá Noel que, paso a paso, se ha introducido en nuestro país y ahora convive y compite con nuestros Reyes Magos, de modo que los padres se ven abocados a duplicar los regalos y a tener un gasto extra, puesto que las presiones sociales y comerciales les empujan a ello?

La verdad es que de algún modo siento un cierto rechazo a la figura foránea del Papá Noel, que no se corresponde para nada con las tradiciones de los países mediterráneos, y que ha arribado como un producto más de consumo internacional que se extiende por todos los países.

Y es que antes de que lleguen los días de Navidad, aparece en los centros comerciales ese personaje regordete con barba y pelo canosos, con ropaje de color rojo y blanco, para invitarnos a gastar al máximo, puesto que fue diseñado en los Estados Unidos, país que se ha convertido en la meca del consumismo.

Recordemos que Santa Claus, San Nicolás o Papá Noel, que a fin de cuentas son lo mismo, tiene su origen en los países fríos del centro y del norte de Europa, y que entrando por la chimenea penetra en los hogares para traerles los regalos a los niños el día de Navidad.

Pero a diferencia esos magos que vienen en camellos por áridas y cálidas tierras llenas de palmeras hasta el rincón más humilde y alejado de la geografía española, la imagen que actualmente tenemos de Papá Noel, tal como en alguna ocasión he apuntado, se ha convertido en un producto internacional de consumo gracias a la Coca-Cola.



Para explicar su nacimiento, hagamos un poco de memoria y recordemos que el origen de la marca Coca-Cola se encuentra en la ciudad de Atlanta, en una farmacia que estaba regentada por un boticario llamado John Pemberton. Allí, en 1885 y en las traseras de la botica, Pemberton, en medio de sus habituales experimentos, produjo un vino francés a base de coca. Más adelante, modificó la fórmula omitiendo el alcohol y añadiendo otras esencias vegetales. Fórmula que la marca nunca ha dado a conocer del todo.

Al año siguiente, en 1886, Pemberton con su socio Frank Robinson empezaron a vender la bebida en la ciudad, a la que inicialmente denominaron como ‘Jarabe y Extracto de Coca-Cola’, para posteriormente quedarse como Coca-Cola. Dice la leyenda, que en cierta ocasión descubrió que algunos de sus empleados diluían el nuevo jarabe con agua fría y lo bebían para mitigar la sed en los calurosos días de verano de las tierras sureñas. De ahí surgió la idea de vender el jarabe como la bebida refrescante que hoy conocemos.

Desde el punto de vista de la comercialización, uno de los grandes saltos se produce en la década de los treinta del siglo pasado, cuando Coca-Cola Company le encarga al publicista Haddon Sundblom que diseñe los carteles para la promoción de la bebida durante las fechas navideñas. Así, Sundblom pinta un Papá Noel que lleva en su ropaje los colores del logotipo y de las etiquetas de la famosa bebida: rojo y blanco.

De este modo, la nueva imagen del Papá Noel se divulgó por todos los países en los que se tomaba ‘la chispa de la vida’, tal como años después se anunciaría la bebida. Serían, pues, los carteles de Sundblom los que proporcionarían una imagen unificada de Papá Noel, ya que en sus anteriores representaciones navideñas de los libros, grabados, litografías, carteles, etc., aparecía en distintas formas y con colores diversos.

Puesto que la publicidad está pendiente de todos los detalles, en años posteriores a su aparición, el diseñador estadounidense le quitó el color rojizo a los mofletes y a la nariz del primer Papá Noel que había creado, ya que parecía un borrachín y no era cuestión de que la imagen que ahora se difundía internacionalmente fuera objeto de mofa.

De este modo, se creó ese campechano y regordete abuelo, que con barba y pelo blanco nos invita, campanilla en mano, a que pasemos unas felices fiestas brindando con una botella de Coca-Cola, y, aunque en estos días la compañía no acuda a esta imagen, puesto que ya no la necesita, ahí quedan sus colores para que no nos olvidemos de consumir todo lo que podamos.

Así pues, siempre preferiré a esos Reyes Magos que ahora llegan cargados de caramelos el día anterior a los regalos que dejan en las casas para que los pequeños, con miradas de asombro, los vean en carrozas, más o menos ataviadas, y que llegan hasta el rincón más modesto de nuestro país.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 29 de diciembre de 2019

  • 29.12.19
En la actualidad están saliendo a la luz facetas de la mujer que han quedado injustamente relegadas a un segundo plano, ocultadas por una realidad y una cultura que infravaloran todo lo que creativamente procede del ámbito femenino. Esta es la razón por la que comienzo una nueva serie dedicada al trabajo de la mujer en el campo de las artes pictóricas. Mujeres cuyos nombres quedaron prácticamente enterrados en el anonimato o, en el mejor de los casos, solo conocidos por un reducido grupo de expertos.



Resulta curioso comprobar que si a alguien se le pregunta por los nombres de algunos pintores, seguro que al menos respondería con algunos de los más conocidos: esos que están en la mente de todos. En cambio, si se le hace la misma pregunta referida a pintoras, la negación sería la respuesta; como mucho, podría aparecer el de la mexicana Frida Kahlo por la singularidad de su vida y de su obra.

Como contribución a este injusto olvido, en esta nueva serie intentaré ser lo más breve posible, pues mi intención es el de dar a conocer algunos nombres de grandes pintoras, aportando datos biográficos básicos y mostrando una escueta selección de sus obras para que se entienda el valor de sus trabajos.

Y comienzo por la italiana Sofonisba Anguissola (1532-1625), dado que, por un lado, en la actualidad hay una exposición antológica de su obra en el Museo del Prado (que comparte con otra italiana como es Lavinia Fontana) y, por otro, el hecho de que estuvo trabajando en España durante un tiempo al servicio de Felipe II.

Teniendo en cuenta que nos trasladamos al siglo XVI, para que una mujer de entonces accediera a un trabajo eminentemente masculino fue necesario que tuviera un padre dispuesto a apoyarla (hago referencia a la figura paterna, pues la oposición del padre a las aspiraciones femeninas se convertía en una auténtica ley en el seno familiar).

Esto nos lo expresa muy bien la escritora Ángeles Caso en su libro Ellas mismas. Autorretratos de pintoras cuando dice:

Contra todo pronóstico: cuando cuatro años atrás su padre las mandó a ella y a su hermana Elena a vivir en casa de Bernardino Campi para aprender el arte de la pintura, fueron muchos los que pusieron el grito en el cielo: ¿dos niñas nobles usando sus manos, manchándoselas y estropeándoselas entre pigmentos y almireces y barnices? Eso son cosas de personas de baja extracción, de humildes artesanos. Y además, esa capacidad sólo la poseen los hombres, nunca las mujeres” (pág. 40).

Pero es que Sofonisba, que había nacido en el año 1532 en la pequeña ciudad de Cremona al norte de Italia, contó con una madre, Bianca Ponzone, y un padre, Anibale Anguissola, que no solo eran dos personas de ideas avanzadas para su época, sino que también eran conscientes del enorme talento de sus dos hijas mayores, especialmente la primera de ellas.



Y el gran talento pictórico de la hija mayor se manifiesta en el lienzo que acabamos de ver, ya que a la edad de solo dieciocho años plasmó una auténtica obra creativa con el título de Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola.

La obra no solo es técnicamente impecable para una chica de su edad, sino que de forma similar al que Diego Velázquez realizara cuando se autorretrató en Las Meninas, Sofonisba lo hace como si fuera su maestro el que aparece como autor de su propio retrato. Genial solución, en la que incorpora a quien la guiaba por el campo de la pintura como protagonista de la escena, al tiempo que ella aparece como la persona retratada por el maestro dentro del lienzo.

Esa madurez para la pintura del retrato se consolida con el tiempo, de modo que la obra que he seleccionado como ilustración de este artículo se corresponde con un autorretrato de 1556 y que, en la actualidad, se encuentra en el Museo de Lancut (Polonia).

En el cuadro aparece mirando hacia el espectador, al tiempo que se muestra como autora que realiza una pintura en la que aparecen la Virgen con el niño Jesús. Como veremos a lo largo de esta serie, las temáticas de las pintoras eran bastante más restringidas que las de sus colegas masculinos, ya que las de ellas se circunscribían a retratos de personajes, especialmente femeninos, a temas religiosos o a bodegones con flores.



Un dato que llama la atención en los retratos y los autorretratos de las pintoras de aquellas fechas es que los personajes que los protagonizan aparecen con los rostros serios, sin que se esboce ninguna sonrisa ni se exprese ninguna emoción. Indico este detalle por el cambio producido con el paso del tiempo, dado que en la actualidad, de modo obsesivo, se busca la sonrisa cuando uno va a aparecer fotografiado.

Aquella circunstancia se podía romper si los protagonistas de la obra eran niños. Es lo que sucede con Lucía, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez, que Sofonisba realizó en 1555. En la escena, representa a sus tres hermanas pequeñas disfrutando con este juego bajo la mirada atenta de la nodriza. Como dato familiar a tener en cuenta: Sofonisba era la mayor de siete hermanos: seis niñas y un varón.



A finales de 1559, Sofonisba llega a Madrid como dama de compañía de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II. La causa de la invitación hacia la pintora italiana proviene de que la joven reina consorte, con solo catorce años, estaba habituada al lujo de los palacios de Fontainebleau, por lo que el monarca piensa en Sofonisba Anguissola como acompañante de la nueva reina.

Sofonisba pasa a ser la retratista de la casa real. No solo lo fue con el monarca, sino también de su joven esposa. Así pues, muestro uno de sus retratos más conocidos, tradicionalmente atribuido a Alonso Sánchez Coello, hasta que, en 1990, los minuciosos trabajos de los especialistas le devolvieron a la pintora italiana la autoría de la obra.

Como podemos ver, a su lado aparece uno de los retratos de Isabel de Valois que realizara su dama de compañía. En plano entero, la joven reina sostiene en su mano derecha una pequeña medalla con el rostro del monarca, como prueba del vínculo que les unía.

Es cierto que, por aquellas fechas, el talento de Sofonisba Anguissola llegó a ser reconocido. Sin embargo, con el paso del tiempo su nombre intencionadamente desaparece. Para que entendamos su marginación, no me resisto a traer un párrafo de Ángeles Caso extraído de la obra anteriormente indicada.

“Su obra no dejó rastro en las colecciones reales. Algún especialista la mencionaría siglos más tarde como una dama de la corte ‘aficionada a la pintura’. Cuando se inauguró el 1819 el Museo del Prado, sus retratos fueron expuestos como lienzos de los pintores de la cámara del rey. Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz: el nombre de Sofonisba Anguissola había sido borrado de la historia del arte”.



Sofonisba murió en 1625, a los noventa y tres años. Solo había abandonado los lienzos a la edad de ochenta años, cuando sus problemas de la vista le habían dejado casi ciega. Magnífica retratista, no tuvo problemas en hacer una imagen se sí misma cuando la vejez mostraba las cicatrices del tiempo y en el que la belleza de la juventud era un lejano recuerdo. Es lo que contemplamos en este sereno autorretrato de los últimos que realizó.

Cuando falleció dejó tras de sí una extensa obra, dispersa por distintos museos. A ella le cupo el honor de abrir el camino a otras mujeres que se adentraron en el campo de la pintura al superar y enfrentarse a tantos prejuicios en una época en la que la mujer estaba destinada exclusivamente a mantener ‘la llama del hogar’. Hoy, Sofonisba Anguissola empieza a ser reconocida como una gran artista que merece aparecer con todo derecho al lado de otros autores de renombre dentro del mundo de las artes.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 22 de diciembre de 2019

  • 22.12.19
Madrid, domingo, uno de diciembre

Nos encontramos en los inicios del mes de diciembre. La mayoría de las ciudades y pueblos ya se está engalanando con las luces y adornos navideños que nos anticipan las fechas que cierran el año, al tiempo que las tiendas de todo tipo se decoran como adelanto de unos días con aromas de infancia, familia, nostalgia, buenos deseos y múltiples promesas.



En ese primer día de diciembre, salgo temprano para ir a la estación de Atocha con el fin de cambiar los billetes de tren de regreso a Córdoba, puesto que Flora, mi mujer, no se encuentra del todo bien. Posiblemente, hubo algo de la cena familiar de la noche anterior que no le sentara en condiciones y hoy paga las consecuencias. Habíamos venido con la intención de pasar unos días con la familia, por lo que las comidas se mostraban como los medios ideales de estos encuentros entre hermanos y amigos.

En esa mañana, la atmósfera de la ciudad aparecía limpia y el cielo transparente, puesto que durante los días anteriores había llovido en abundancia en la ciudad, al igual que en la mayor parte del país. Esto nos animaba a ir al centro y aprovechar ese espléndido día.

Pensamos que era buena idea visitar el Museo del Prado, ya que en la ampliación que proyectó Rafael Moneo había una exposición antológica de dos grandes pintoras italianas de los siglos XVI y XVII: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Una de las razones que nos movía a realizar esta visita es el hecho de que ambos nos encontramos dirigiendo la tesis doctoral a una profesora acerca de la psicología de los pintores que se plasma en los lienzos cuando realizan retratos de sí mismos, es decir, de los autorretratos.

La cola para acceder al Museo del Prado era enorme. No es de extrañar, ya que acudir a este magnífico museo se convierte uno de los grandes atractivos que ofrece Madrid a quienes visitan la ciudad. No obstante, había bastante agilidad, por lo que no tardamos de adquirir los tiques y entrar en la sala en la que se encontraban las obras de estas dos artistas.

Comprendo que para hablar de ambas pintoras se requeriría al menos un par de artículos; sin embargo, quiero hacer una escueta referencia a la primera de ellas, dado que cuando contaba 27 años se estableció en nuestro país en la corte de Felipe II. A Sofonisba Anguissola le debemos un magnífico cuadro sobre el monarca, bastante conocido por las numerosas reproducciones que se han hecho de él por cualquiera de los medios que en la actualidad disponemos.



Puesto que en la misma zona del Museo del Prado había también una exposición antológica de los dibujos de Goya, pasamos a verlos. En la sala había cientos de dibujos y grabados. En ellos, el pintor de Fuendetodos dejaba plasmada la visión que tenía de la sociedad española del siglo XIX, con todas las crueldades, supersticiones y fanatismos que encontraba un artista ilustrado que acabó exiliándose en Burdeos, dado que no soportaba el régimen despótico de Fernando VII.

Una vez fuera, le pregunto a Flora: “¿Te apetece que vayamos a comer a la Gran Vía, al restaurante en el que conocí a aquella camarera de origen rumano y de la que hice un artículo para Azagala?” Me dice que sí, que está de acuerdo con la idea, por lo que nos desplazamos a la plaza de Callao para dar una vuelta por el centro antes de acercarnos a comer.

Aunque aún es temprano, bajamos por la Gran Vía hasta acceder al local de esta conocida cadena de restaurantes de Madrid. Subimos a la primera planta, ya que desde allí se contempla una espléndida vista de esta ancha avenida. En esos momentos había poca gente. Al situarnos cerca de los ventanales, se acercó a nosotros una camarera rubia y de figura frágil.

“Hola, Valerina, ¿te acuerdas de mí?”, le pregunto a modo de saludo. “¡Pues claro que sí! Hace algún tiempo que usted estuvo en el restaurante comiendo y hablamos un poco de filosofía. ¿Verdad?”, me responde sonriendo, al tiempo que sostiene su agenda electrónica en la mano izquierda, presta para anotar lo que pidiéramos.

“¿Recuerdas que te indiqué que publicaría un artículo de lo que comentamos la vez pasada? ¿Sí...? Pues, lo publiqué en diarios digitales de Andalucía con el título de ‘El taxista y la camarera que leía filosofía’”. “¡No me diga! ¿De verdad?”, exclama algo turbada, al tiempo que en su rostro se dibuja la sorpresa al sentir que ella es la protagonista de un artículo del que me dice que en casa lo leerá por Internet.

Una vez que Valerina toma nota, nos sentamos a comer. Mientras nos llegan los platos, observamos el ajetreo de los vehículos y de la gente que camina por la Gran Vía. Flora ha pedido algo ligero para no tener problemas. Charlamos tranquilamente. Cuando terminamos, abonamos la cuenta y nos despedimos de Valerina hasta la próxima ocasión.



Madrid, lunes, dos de diciembre

Amanece despejado el día, pero con un enorme frío. Tras desayunar en un bar de la plaza de Legazpi, en el que sirven unos exquisitos churros, me dirijo al supermercado de una conocida cadena para hacer algunas compras.

Al acercarme, veo sentado, sobre un pequeño taburete y en un rincón de la entrada, a Robert, un muchacho de raza negra proveniente de Nigeria. Su nombre lo conozco porque el viernes anterior estuve charlando un rato con él. Puesto que sabía poco español, ya que solo llevaba tres meses en España, la mayor parte de las preguntas se las hice en inglés, al ser el idioma oficial, aunque existan cerca de ochenta lenguas nativas en este país.

“Buenos días, Robert”, le saludo, “¿no puedes estar ahí dentro?”, le indico señalándole la entrada en la que se encuentran los carritos, zona que está antes de traspasar la puerta que da al supermercado. Con la cabeza me indica que no.

Me parece poco humano que un muchacho que no está pidiendo, simplemente sentado, con el fuerte frío que hace no pueda traspasar el cristal y quedar en un rincón que no molesta, cobijándose un poco.

Una vez que estoy dentro, saludo y le pregunto a la primera cajera: “Buenos días. ¿Podrías decirme quién es el responsable del supermercado, dado que quería hacerle una pregunta?” Me aclara que la responsable se encuentra en la oficina, pero que se la podría realizar a ella.

En la chapa que porta he leído su nombre. “Laura, ¿es posible que ese chico que está fuera pudiera pasar el cristal y protegerse del frío que hace?” Me indica que no es posible, ya que, a pesar de que comparte conmigo lo que le he dicho, la norma de la cadena de esos supermercados no lo permite.

“Aunque sé que nos es responsabilidad tuya, yo me pregunto, ¿tienen sentido todos estos adornos navideños que cuelgan del techo junto con los villancicos que están sonando? ¿No resulta contradictorio? Además, ¿cómo es posible que hace unos días estuvieran los voluntarios de Banco de Alimentos en el interior de los centros de la cadena y este muchacho, que pudiera ser receptor de esos alimentos, no se le permita protegerse un poco?”

Personalmente me da la razón de lo que le digo. Me dice que lo comparte, pero que lo que ella puede hacer es hablar con la jefa del centro y comunicarle lo que le he indicado, a ver finalmente qué le dice.

Con la esperanza de que lo haga, cojo una cesta con ruedas y entro en el supermercado. Dado que no es mucho lo que tenía que comprar, pronto me sitúo en una de las colas para pagar. Veo que la cajera está hablando con la responsable que le niega meneando la cabeza.

Soy ya consciente de que a Robert no le van a permitir que traspase el cristal del exterior. A la hora de pagar, Laura me dice que lo lamenta, que lo ha consultado, pero que no es posible. Por mi parte, le doy las gracias por haberlo intentado.

Cuando salgo me paro al lado de Robert. Le digo que lo siento, pero que no le permiten entrar en el hall junto a los carritos para protegerse del frío, al tiempo que le entrego una caja de tortas ‘Inés Rosales’ que he comprado para él. Me da las gracias, con una tímida sonrisa. Me despido dándole la mano y le deseo que tenga suerte en este país llamado España, al que ha llegado atravesando todas las penurias inimaginables para, finalmente, arribar a la puerta de un supermercado a pasar un frío que nunca había conocido en su cálida tierra.

Empiezo a alejarme del supermercado. Me subo la cremallera de la cazadora al notar el intenso frío de la calle. Elevo la mirada hacia el cielo límpido de aquella mañana. En mi cabeza aún resuenan las notas de los villancicos que, con voces infantiles, escuché dentro del establecimiento. En ellos nos hablaban de paz y de amor…

AURELIANO SÁINZ

domingo, 15 de diciembre de 2019

  • 15.12.19
Recientemente, la asociación ‘Derecho a Morir Dignamente’ me encargó el cartel que anunciaría la mesa redonda en la que con el título de Muerte Digna se celebrará en Córdoba mañana, 16 de diciembre. En ella participan, entre otros, el profesor de Historia Gabriel Sánchez Bellón y el médico de familia Félix Igea. Puesto que también la convocan el Colectivo Prometeo y Europa Laica, de las que soy miembro, me ofrecí de manera desinteresada a realizar la publicidad del evento.



Puesto que siempre intento que la imagen del cartel que anuncia el acto sea lo suficientemente significativa, en esta ocasión elegí la imagen de Sócrates que aparece como tema central del lienzo realizado por el pintor del neoclasicismo francés Jacques-Louis David. Recordemos que Sócrates fue condenado a morir por un tribunal ateniense en base a que no reconocía a los dioses de la Grecia clásica, y que con ello corrompía a la juventud. Finalmente, el filósofo griego prefirió tomar la copa de cicuta antes que eludir la condena.

Sobre la eutanasia o muerte digna, creo que es un tema pendiente de debate en nuestro país, especialmente, tras la muerte de María José Carrasco que padecía esclerosis múltiple, y que tras 30 años de lucha fue ayudada por su marido Ángel Hernández a morir, dado que comprobaban que la aprobación de una ley que regulara la eutanasia tardaría en llegar.

El propio Ángel Hernández nos decía: “Fueron treinta años los que María José pasó atada a la enfermedad de la esclerosis múltiple. Yo me dediqué desde el primer día a cuidarla, ofreciendo mi apoyo para que su día a día le fuera lo más parecido a una vida normal”.

Hay que sentir mucho amor por una persona para dedicar toda una vida entera, nada menos que treinta años, a asistirla, a cuidarla, a escucharla, a acompañarla en el dolor, sabiendo que su enfermedad no tenía cura. Y también estar a su lado en la situación tan dura de acabar con ese continuo sufrimiento a pesar de que las leyes actuales te penalizarían por el acto.

Tengo que apuntar que ya son varios los países que han legalizado la eutanasia. En la actualidad, lo está en Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Colombia, al tiempo que en Suiza, Alemania, Japón, Canadá y Estados Unidos (en los estados de Oregón, Colorado, Washington D. C., Montana, Vermont y California) el suicidio médicamente asistido está reconocido. (Aunque la expresión ‘suicidio asistido’ suene muy fuerte, se diferencia de la eutanasia en que es el enfermo el que se toma el medicamento que se le ha prescrito.)

Con respecto a nuestro país, el último sondeo que realizó el CIS sobre de la opinión de los españoles acerca de la aprobación de una ley que regulase el derecho de las personas a morir dignamente se produjo en 2011. Por aquellas fechas el 77,5 por ciento se mostraba de modo favorable, al tiempo que solo el 9,8 por ciento respondió en contra.

En la actualidad, los datos proporcionados por la asociación Derecho a Morir Dignamente sitúan en el 87 por ciento de la población la que cree que un enfermo incurable tiene derecho a que los médicos le proporcionen algún producto para poner fin a su vida sin dolor. Dentro de ese porcentaje, se encuentra el 59 por ciento que se consideran católicos y que respaldan la legalización de la eutanasia.

Es de suponer que, tras conocerse el caso de María José Carrasco y de su marido Ángel Hernández, haya aumentado el número de españoles que se muestra favorable a regular la muerte digna, alcanzando un porcentaje abrumadoramente alto.

El primer aldabonazo de este tema (tan duro, pero tan humano) en la conciencia social, se produjo con el caso de Ramón Sampedro, el tetrapléjico gallego cuya historia se describe en un apasionado libro de carácter autobiográfico que tituló Cartas desde el infierno.

En el mismo nos decía que había nació el 5 de enero de 1943 en una pequeña aldea de la provincia de La Coruña. Cuando cumplió los 22 años se embarcó en un mercante noruego en el que trabajó como mecánico, recorriendo cuarenta y nueve puertos de todo el mundo. Esta experiencia, según nos contaba Sampedro, formó parte de sus mejores recuerdos. Sin embargo, esos gratos recuerdos se truncaron el 23 de agosto de 1968 cuando cayó al agua del mar desde una roca. Se dio la terrible circunstancia de que la marea había bajado, por lo que el choque de la cabeza contra la arena le produjo la fractura de la séptima vértebra cervical.

De modo similar a lo que posteriormente le ocurriría a María José Carrasco, Ramón Sampedro vivió su tetraplejía durante treinta años soñando con la libertad a través de la muerte. Su demanda jurídica llegó hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sin que llegase a prosperar. De manera constante, en los medios de comunicación reivindicaba su derecho a una muerte digna. Finalmente, en enero de 1998, en secreto y asistido por una mano amiga, consiguió su propósito.

Recordemos que el caso de Ramón Sampedro fue llevado a la pantalla en la película Mar adentro de Alejandro Amenábar con la excelente interpretación de Javier Bardem. Allí veíamos a un hombre razonable, tranquilo, paciente, cargado de ternura, pero con una firmeza incontestable sobre el derecho de todos los seres humanos a decidir en último término sobre sus propias vidas. Y, lógicamente, era inflexible en este punto que le afectaba directamente.

Los casos de Ramón Sampedro y el de María José Carrasco, veinte años después, han sido los que mayor difusión han tenido en nuestro país; sin embargo, el derecho a una muerte digna es algo que recorre la historia de la humanidad desde la antigua Grecia hasta nuestros días.

Ha llegado, pues, el momento de afrontar el debate de su legalización, y nada mejor que acudir a las palabras de Isabel Alonso Dávila, presidenta de la asociación Derecho a Morir Dignamente de Cataluña, cuando nos dice: “Será una situación como pasó con el aborto, con el divorcio o con el matrimonio homosexual… Son leyes que establecerán nuevos derechos y que todos los países avanzados los vamos a tener. Lo único que nos preocupa es que la tardanza de esta ley conduce a que haya más personas que están padeciendo situaciones que no querrían sufrir”.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 8 de diciembre de 2019

  • 8.12.19
Aún suenan los ecos de aquella campaña que una asociación integrista ultracatólica llamada HazteOir llevó, durante unos meses del año 2017, en algunas ciudades españolas, comenzando por Madrid. Se trataba de recorrer las calles de esas grandes ciudades con un autobús naranja en el que aparecían representadas las figuras esquemáticas de un niño y una niña con el siguiente mensaje: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. // Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”.



La campaña finalmente tuvo que ser retirada ante las denuncias presentadas, puesto que incitaba al rechazo y a la discriminación de niños y niñas transexuales, ya que, en última instancia, era hacia los menores a quienes estaba dirigido el mensaje. En ella, se usaban figuras infantiles de ambos sexos, al tiempo que se hacían afirmaciones que eran obvias para los adultos, seguidas por un consejo para los más pequeños: “Que no te engañen” (expresión acompañada de otras aseveraciones que, desde la actual psicología de la identidad, no son ciertas).

Era, abiertamente, una campaña contra los niños y niñas que no se sienten identificados con el sexo con el que han nacido, ya que su identidad, que es algo de tipo mental y emocional, la encuentran en el otro género. Vista desde la actualidad, podemos considerarla como una anticipación de las campañas de odio que hoy se promueven contra quienes son diferentes o no se encuentran dentro de la mayoría.

A pesar de la decisión tan difícil y de las enormes dificultades que tienen que atravesar sus protagonistas, junto a sus padres sin son menores, siempre hay motivos de esperanza para niños y niñas ‘trans’ (que es la forma abreviada con la que llamamos a las personas transexuales).

¿Y a cuento de qué traigo en esta ocasión este tema que parece que no está en la agenda de las informaciones más relevantes de los medios de comunicación? La razón es muy sencilla: porque hace unos pocos días (el 4 de diciembre) y en la Asamblea de Extremadura participó una chica, Elsa Ramos, de tan solo ocho años, cuya breve pero intensa intervención acabó emocionando a todos los que se encontraban en el hemiciclo.

“Soy una chica transexual y durante los últimos cuatro años he vivido un camino muy importante: el de mi felicidad”, dijo la pequeña con una claridad y tranquilidad que sorprendía.

Ya sabían los presentes que Elsa había nacido biológicamente como niño en un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz: Arroyo de San Serván, lugar en el que, según sus propias palabras, “se siente segura, querida y respetada", ya que sus padres tuvieron la inteligente idea de comunicarlo al centro en el que Elsa estudia, así como a los vecinos del municipio, de quienes han recibido el respeto y el cariño que la niña necesita.

Hemos de tener en cuenta que entre los nuevos aprendizajes que Elsa tenía que llevar adelante se encontraba el hablar como sujeto masculino, por lo que no solo fue una adecuación biológica hacia el género femenino, sino que también tuvo que hacerlo con el lenguaje.

No me resisto a traer sus palabras finales, pues son un auténtico manifiesto por la tolerancia y la diversidad: “De todo lo que tengo que decir hoy, lo más importante es esto: señoras y señores que se dedican a la política, sigan, pese a las amenazas, haciendo leyes que reconozcan que las personas somos diversas. Por encima de todo, las personas transexuales tenemos el derecho a ser quienes somos. No permitan que nadie nos arrebate la felicidad”.

Lógicamente, es de suponer que lo que leía provenía de la ayuda de sus padres. Mejor aún, ya que sus progenitores tuvieron la fuerza, la inteligencia y el amor que necesitan los más pequeños para transitar por un camino tan difícil como es el que les espera a los niños y niñas ‘trans’.

La breve intervención se cerró con el caluroso aplauso de todos los presentes. Fue el reconocimiento del coraje que ha tenido Elsa en este camino en su derecho a la felicidad. También el de sus padres, puesto que asumieron la difícil tarea de respetar su deseo de cambio de sexo cuando aún, biológicamente, era un niño de cuatro años.



Puede parecer que lo expuesto anteriormente es un hecho raro o exótico. Sin embargo, el caso de Elsa no es tan excepcional como parece. Esto lo podemos manifestar quienes estamos en el campo educativo, ya que, en mi caso, he tenido no hace mucho un alumno ‘trans’ que estaba perfectamente integrado en la clase.

También, puedo manifestar que en mis trabajos de investigación sobre el dibujo de la familia me he encontrado con dibujos de escolares de Educación Primaria en los que se muestran familias dentro de las cuales alguno de sus miembros había decidido cambiar de sexo, ya que no se identificaba con el que biológicamente había nacido.

Como ejemplo, presento el trabajo gráfico de un niño de 8 años, que ya lo mostrado en otra ocasión, pero que no tengo problemas en volver a comentarlo, puesto que con su autor, a diferencia de otros, tuve una pequeña charla, lo que me proporcionó la información necesaria para comprenderlo.

Al observar el dibujo en la clase entendí que me encontraba en un caso especial. Así, cuando el pequeño lo acabó me puse a hablar con él para que me explicara lo que había representado.

Previamente, quisiera apuntar que, en estos trabajos del dibujo libre, a los escolares les indico que una vez finalizados enumeren por orden de aparición a los miembros de la familia, dado que tiene bastante importancia saberlo a la hora de su interpretación.

En este caso que comento, un aspecto llamativo de esta escena es que los tres primeros números corresponden a sus mascotas, lo que es indicio de la importancia que tienen para el pequeño autor. Al pasar a la figura que tiene el número 4, me dijo que era su hermano mayor. Me quedé un tanto sorprendido, puesto que yo veía trazada una figura femenina. Después aparecía él mismo, seguido de su hermano pequeño. Cerraban el grupo su madre y su padre, con los números 7 y 8, encontrándose ambos algo alejados.

Cuando terminó de comentarme lo que había realizado, le pregunté: “¿Pero el número 4 que has dibujado es una chica?”. La respuesta no se hizo esperar: “No. Es que mi hermano se ha hecho transexual y ahora viste como una mujer”.

La sencilla e ingenua respuesta dada por el niño me aclaró las dudas que me surgían al ver la escena. No le quise preguntar más, pues personalmente entendí que al haber dibujado a su hermana (hecho que todavía el niño no la tenía interiorizado, ya que seguía llamándole hermano) era resultado y manifestación indirecta de que sus padres habían aceptado la nueva situación y, consecuentemente, respaldado la decisión de su hijo mayor de cambiar de sexo.

Este caso que comento se diferencia del anterior en que la decisión fue tomada con más edad. De todos modos, dentro de este duro y difícil proceso, es fundamental recibir el apoyo del padre y de la madre, puesto que supone una ayuda de vital importancia para la transformación tan grande que se produce en la persona que desea el cambio de sexo. También es relevante la comprensión y aceptación por parte de quienes le rodean, sean amigos, compañeros, profesores… para que “el camino hacia la felicidad”, tal como decía la pequeña Elsa, llegue a ser algo real.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 1 de diciembre de 2019

  • 1.12.19
Vivimos en un mundo enormemente acelerado. El ritmo vertiginoso en el que nos encontramos parece que acaba enterrando no solo los hábitos que teníamos un tiempo atrás, sino que se lleva para siempre costumbres que habían formado parte de las vidas de muchas generaciones. Así, en las dos últimas décadas, Internet y los móviles han irrumpido de una manera tan fuerte que parece que hubieran estado siempre presentes con nosotros. Forman ya parte de nuestras vidas, sin los cuales nos sería muy difícil imaginarlas.

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Como no soy nada ‘apocalíptico’, es decir, no estoy en contra de los avances que la ciencia y la tecnología nos proporcionan, reconozco los beneficios que han generado en distintos ámbitos: el trabajo, la información, la comunicación interpersonal, el ocio, etc. Sin embargo, hemos de reconocer que también han producido problemas, caso de la adicción al uso permanente de los móviles, que, como nuevos daños colaterales, no conocíamos con anterioridad.

Estas reflexiones las he realizado a partir de la observación de la obra Juegos de niños de Pieter Bruegel, uno de grandes los pintores del Renacimiento en los Países Bajos, debido a que en este singular cuadro se nos muestra una amplia gama de juegos colectivos y al aire libre que muchos de los lectores y lectoras conocemos puesto que formaron parte de nuestra infancia.

Cierto que para recordarlos nos tenemos que remontar varias décadas atrás, puesto que en la mayoría de los casos han desaparecido para siempre. De todos modos, quienes disfrutamos de esos juegos al aire libre, fuera en las calles, las plazas, el campo, etc., nos son totalmente inolvidables, ya que no necesitábamos nada de dinero, puesto que por aquellos años teníamos los bolsillos vacíos o con escasas monedas, para pasarnos horas y horas jugando a placer.

Y, ciertamente, es una lástima, dado que esos entretenimientos han convivido con la infancia y la adolescencia durante siglos. Como buen ejemplo de lo que indico es la escena que aparece en ese cuadro de Bruegel del año 1560, hace nada menos que casi quinientos años, siendo indicio de que niños y niñas de aquella época se divertían con multitud de pasatiempos que se transmitían de generación en generación y que llegaron hasta nosotros.

Pero antes de describir algunas de las diversiones infantiles que aparecen el cuadro, quisiera apuntar que a Pieter Bruegel (1526-1569) también se le conoce como Pieter Brueghel el Viejo, siendo en Flandes (por entonces perteneciente a los Países Bajos) el gran continuador de la obra de su compatriota El Bosco.

Sobre este pintor, tengo que apuntar que cuando visito el Museo del Prado acudo casi siempre a ver su magnífica obra El triunfo de la muerte, que más adelante retomaré para comentar la visión que por entonces se tenía del fin de la vida humana. De igual modo, otro de sus trabajos que siempre me ha apasionado es La construcción de la Torre de Babel, que se encuentra expuesto en el Museo de Historia del Arte de Viena.

Volviendo al cuadro Juegos de niños, quisiera apuntar que lo más sorprendente de este trabajo es que Bruegel plasma nada menos que ¡86 juegos distintos! Es decir, todo un estudio del mundo lúdico de los niños del siglo XVI en los Países Bajos.



Quién esté leyendo esto, y su infancia se remonte bastantes décadas atrás, es posible que haya jugado formando parte de un grupo que saltaba sobre otros compañeros que, agachados y formando una fila espaciada, se mantenían en esa posición hasta que hubieren pasado todos, por lo que ahora les tocaba a su vez saltar sobre los que inicialmente habían pasado y tenían que inclinarse a su vez.

Que yo recuerde, el primero que saltaba sobre el agachado decía: “A la una salta la mula…”, siguiendo con el siguiente: “A las dos salta el reloj…” y de este modo se continuaba.

De todos modos, me imagino que los nombres que este juego tan conocido recibiría diversas denominaciones, según los lugares en los que se hicieran. Así, tengo recogido que en España recibía el nombre de “Pídola” o “El salto del cordero”, esta última como traducción francesa de “Saut mouton”, que se empleaba en el país galo.



¿Quién de los mayores (y quizás también algunos jóvenes) no ha jugado con los aros metálicos conduciéndolos con toda la habilidad posible con un pequeño hierro curvado para guiarlo por donde se le quería llevar a modo de vehículo rodante de una sola rueda?

Somos muchos los que podemos recordar que había quien tenía un aro de hierro perfecto, con la curvatura bien modulada y el perfil bien pulido, por lo que acababa siendo la admiración de quienes no teníamos uno propio.

Siglos y siglos con los niños y niñas disfrutando con las ruedas, tanto que estoy por afirmar que este ha sido uno de los juegos ancestrales infantiles, puesto que una rueda se podía construir de diferentes materiales.

De todos modos, no me resisto a extraer un par de párrafos de Rose-Marie y Rainer Hagen, autores del libro biográfico dedicado a Pieter Bruegel y de quienes he obtenido los datos para que comprendamos el significado de la infancia por aquellos años.

“Hasta ese momento, la infancia no había sido tema de particular relieve en la historia de la pintura occidental, ni tampoco en la historia del pensamiento. La infancia no se consideraba una fase de la vida con necesidades propias, sino tan solo como estado previo a la edad adulta”.

“Se trataba a los niños como adultos pequeños, por lo que su vestimenta en el cuadro de Bruegel es indicio de ello: los vestidos, mandiles y cofias de las niñas se asemejan a los de sus madres; los pantalones, jubones y túnicas de los niños lucían idéntico aspecto a los de sus padres”.



Observando detenidamente el cuadro, podemos comprobar que había juegos de la calle en los que tanto los niños como las niñas participaban colectivamente sin que hubiera ningún problema. Uno de ellos es el que muestro como plano detalle: se trata de ‘la gallinita ciega’, juego tan popular que ha traspasado países, épocas y edades, puesto que también ha sido un pasatiempo de adultos, tal como nos lo muestra Goya en su conocida obra que lleva precisamente el mismo título de La gallinita ciega.

En este lienzo del inmortal pintor aragonés aparecen cuatro parejas de personajes masculinos y femeninos que cogidos de la mano forman un círculo, al tiempo que otro participante, ubicado en el centro del corro, y cuyos ojos están tapados, intenta tocar con una cuchara larga de palo a algunos de los que le rodean, al tiempo estos lo evitan agachándose.

Y es que los juguetes como instrumentos específicos de diversión no tienen una historia excesivamente lejana. Esto lo confirman los dos historiadores del arte que he citado cuando nos dicen que: “Por entonces casi no existían juguetes. La mayoría de los niños jugaban sin juguetes, utilizando vejigas de cerdo, huesecillos, hilachas, cinchos de barril, o sea, cosas que de cualquier manera estaban disponibles (…) Hemos de tener en cuenta que los juguetes, creados únicamente con este fin, no eran muy comunes en el siglo XVI”.



Como detalle indicaré que en el cuadro de Pieter Bruegel aparecen pintados nada menos que 250 niños que juegan entre ellos. No es de extrañar que, tal como he indicado, este cuadro realizado en óleo sobre madera sea un verdadero tratado de los juegos infantiles del siglo XVI, desde los más inocentes hasta los que comportaban cierto nivel de riesgo o de broma pesada.

Es, por ejemplo, el que muestro en este detalle seleccionado del cuadro, el mismo que en la obra de Rose-Marie y Rainer Hagen llaman “masculillo” (‘tape-cul’ en francés), que a fin de cuentas era cogerle a uno por los brazos y las piernas y culearlo contra una esquina o contra un alargado madero, tal como aparece en el cuadro del pintor flamenco.

En nuestros días, este tipo de juego se asemeja a las novatadas que aún se practica en algunos centros de enseñanza cuando se reciben a los estudiantes de primer curso. Pero las novatadas están ahora claramente rechazadas porque, a fin de cuentas, es una diversión que se realiza ridiculizando y humillando a quienes las sufren; aunque, décadas o siglos atrás, no se tenía una clara consideración sobre el significado de este tipo de entretenimientos.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 24 de noviembre de 2019

  • 24.11.19
Nos encontramos todavía a cierta distancia del 22 de diciembre, fecha muy popular en nuestro país dado que en ella se celebra el afamado ‘Gordo de Navidad’. Pero eso no importa, porque la publicidad de Lotería de Navidad (también llegará, cómo no, la de Campofrío) se planifica con suficiente antelación para que sea todo un éxito. Esto es lo que se ha venido haciendo desde los años en los que aparecía ‘el Calvo’, que se mantuvo hasta el 2005, y que nos anunciaba la llegada de tan magno evento, muy inserto en la tradición de las familias españolas.



En esta ocasión, bajo el lema de “El sorteo que nos une”, Loterías y Apuestas del Estado ha lanzado cuatro anuncios, o spots publicitarios, que encargó a la agencia Contrapunto BBDO para esta Navidad 2019. Por su lado, Jesús Huerta Almendro, presidente de Loterías y Apuestas del Estado, en la presentación de la campaña, entre otras cosas, comentó: “Con ellos queríamos pisar el suelo y que cada uno se viera reflejado en esas historias con lo que nos pasa por la calle".

No tengo yo muy claro de que “eso es lo que nos pasa en la calle”, pues cuando salgo fuera de casa, aparte de caminantes, digamos, normales, también encuentro gente sin techo que se cobija con alguna manta y cartones en los suelos en las entradas de algunos bancos, a jóvenes de tez muy negra que, procedentes del África subsahariana y apostados en los semáforos, ofrecen pañuelos de papel o ambientadores, a hombres mayores que sentados en la entrada de los ‘mercadonas’ extienden sus manos con un pequeño canastillo para recibir algunas monedas…

En la calle, o en la vida cotidiana, suceden muchas más cosas de lo que se nos narra en esos cuatro cuentos navideños; por cierto, construidos muy en la línea emotiva de los relatos del escritor Charles Dickens. Aparte de que la agencia publicitaria Contrapunto BBDO los ha realizado no con la intención de entretener y moralizar, sino con la de persuadirnos o seducirnos a los receptores y lograr la máxima venta de décimos de la Lotería de Navidad.

Esto no lo debemos nunca olvidar cuando vemos anuncios de marcas o productos comerciales, ya que también se utilizan los sentimientos en las campañas publicitarias para potenciar la venta de aquello que se promociona.

Sé que más de uno que haya visto por televisión o por Internet cualquiera de esos spots y se haya emocionado con ellos ahora pensará: “Ya está aquí este aguafiestas a ponerle pegas a unos anuncios en los que, en vez de insistir en el consumismo y potenciar el individualismo, se plantea el amor como fondo de unas pequeñas historias cotidianas que pueden ser reales”.

Lo siento, pero es que, al trabajar tanto con los mensajes publicitarios en el ámbito educativo, lógicamente, uno ya se conoce todo el entramado emocional de cómo se construyen para que penetren fácilmente en quienes los contemplan. Y nada mejor que acudir a ciertos sentimientos, muy propios de estas fechas, para que se ablanden los corazones con algunas escenas familiares.

No cuestiono que esos cuatro spots estén técnicamente bien realizados y que se busque la cotidianeidad para promocionar la archiconocida Lotería de Navidad en la que yo también participo comprando algunos décimos (y además compartiéndola con familiares y amigos). La cuestión es que se mueve en terrenos fáciles, en historias de las que ‘llegan a todos’, no molestando a nadie, buscando ‘ablandar los corazones’ de los espectadores.

Pero es que esta premeditada campaña que se anuncia a bombo y platillo antes de que vea la luz pública, es decir, haciendo publicidad de la publicidad, transita por los caminos más convencionales, poco imaginativos y nada comprometidos con la dura realidad, para no incomodar lo más absoluto, al tiempo que entra en un campo rayano en la sensiblería.

Así, para que esas historias se interpreten como muy cercanas a la gente, cada una de ellas lleva un título, acompañado de los supuestos nombres de los protagonistas. El primero de ellos, titulado “Parte de la familia”, lo protagonizan Pilar que es exnuera de Félix; le sigue “Más que un número”, con Emilio y su hija Gloria; el tercero, con Ramón, el padre de familia, y José, el novio de la hija; se cierra con “Un soplo de esperanza”, en el que aparecen Víctor, el celador de un hospital, y Carmen, que se encuentra muy enferma. Pero antes de continuar veamos la primera de las historias, la que protagonizan Félix y Pilar, para que podamos valorarla.



Hemos podido comprobar que la historia se basa en que Félix y Pilar, exsuegro y exnuera, acaban abrazándose cuando el primero acude con un décimo a casa de Pilar como muestra de que la relación entre ellos continúa, a pesar de que ella y su hijo hayan roto sus relaciones.

La segunda historia, “Más que un número”, tiene el siguiente argumento: Emilio acude como recién jubilado al lugar en el que ha trabajado durante cuarenta años. Su hija, la nueva gerente, le da la sorpresa al indicarle que ha elegido para compartir el número que coincide con la fecha en la que se inauguró la empresa (haciendo cálculos, y partiendo de que estamos en 2019, sería el 01979; lo digo por si cae ‘el Gordo’ en este número).



La tercera es la de Ramón y José, de un humor tan convencional que solo convence a los muy mayores. En ella se muestra a Ramón, un padre de familia al que le cuesta aceptar a José, el reciente novio de su hija, y al que no tiene previsto regalar uno de los décimos que ha comprado para sus hijos. José, sin embargo, llega a la casa con una botella de vino y el regalo de un décimo. Entonces, Ramón, sorprendido, decide aceptarlo como uno más de la familia, incorporando su nombre al sobre en el que tenía escrito solo el de la hija.



Por último, “Un soplo de esperanza”, nos muestra a Víctor, un celador que decide compartir su décimo con Carmen, una paciente que no quiere comprar Lotería esta Navidad por no tener mucha esperanza en su recuperación. Como gesto de solidaridad y de ánimo, Víctor le muestra un décimo y le propone compartirlo, al tiempo que le dice: "Tú piensa solo en una cosa, ¿vale? En qué vas a hacer con el premio cuando salgas de aquí. Porque vas a salir de aquí, lo sabes".



Las cuatro historias están filmadas en unos ambientes con aire de tristeza, en las que predominan tenues luces azuladas e impregnadas de una cierta melancolía, como corresponde al estado de ánimo de gente de mediana edad o mayores, que son los que suelen comprar los décimos, ya que, como bien saben los promotores de la campaña, los más jóvenes están alejados de esta tradición basada en la compra de décimos para compartirlos con la familia o los amigos.

Y es que, tal como decía al comienzo, basta leer los Cuentos de Navidad de Dickens para conocer las emociones que se despliegan en los días en que finaliza el año y que los experimentamos con una mezcla de esperanza de renovación y de cierta melancolía sabiendo que esos días no volveremos a vivirlos nunca más.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 17 de noviembre de 2019

  • 17.11.19
Echando una mirada hacia atrás, compruebo que en esta serie han sido casi 200 discos los que he comentado, lo que da como resultado una cifra bastante significativa, puesto que el estudio de esas portadas las realizo a partir del diseño de una temática compartida por álbumes muy dispares. Pero como la historia de la música popular ya es muy amplia, resulta posible avanzar con algunas singulares en las que quizás el aficionado no se haya detenido a pensar en ellas.



De este modo, y buceando en los diseños de las portadas de discos que van desde la década de los sesenta hasta la actualidad, habría que hacer un apartado para aquellas que nos presentan imágenes urbanas pintadas, o diseñadas con un tratamiento especial, como motivo central del conjunto de la imagen.

Y quiero apuntar el término de pintadas o diseñadas, puesto que otra cuestión sería las que aparecen como el resultado de fotografías en las que grupos o cantantes se muestran en ellas como protagonistas, tal como acontece en el inolvidable Abbey Road de los Beatles o en aquel álbum de larguísimo título, The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars, de David Bowie, en cuyas icónicas portadas se ven fotografiados tanto al grupo como al cantante para mostrarnos dos ambientes urbanos claramente diferenciados.

En el caso que abordo el planteamiento es distinto, pues las imágenes urbanas son precisamente las protagonistas de las carátulas, como resultados de dibujos o de montajes tratados gráficamente que nos distancian del realismo fotográfico. Y para esta ocasión he seleccionado seis portadas que van desde el año 1977 hasta el más cercano 2012, lo que nos muestra que, a pesar de ser una temática minoritaria, los creadores la han tenido en cuenta.

¿Y por cuál empezar? Necesariamente hay que tomar un punto de inicio y para ello me remito a una de las bandas más brillantes que haya dado la historia del rock: Pink Floyd.



Hablar de Pink Floyd es hacerlo de un grupo que ha dejado una profunda e inolvidable huella en el mundo musical de distintas generaciones. Para esta ocasión, me gustaría referirme a su décimo disco de estudio Animals, que vio la luz en 1977. La imagen de su portada es bastante surrealista, ya que aparece un cerdo flotando entre dos de las chimeneas de la estación eléctrica Battersea Power Station.

Las fotografías fueron tomadas por Storm Thorgerson, cabeza del grupo de diseño gráfico Hipnosis, mientras que el montaje y acabado fue de Roger Waters, uno de los líderes de la banda, hasta que las discrepancias que mantenía con el resto del grupo le condujeron a la separación de sus compañeros, dado que sus posiciones críticas sociales y políticas eran muy fuertes para el resto.



La música de jazz parece distanciada del rock y el pop, por lo que sus portadas basadas mayoritariamente en las fotografías de los músicos de este estilo también se alejan de la variedad de diseños del mundo más festivo de los segundos. Sin embargo, una carátula que siempre me llamó la atención por el surrealismo que muestra es la que el ilustrador Mark Hess realizó para la portada del álbum que llevaba por título Lenox Avenue Breakdown del saxofonista Arthur Blythe.

Lanzado en el año 1979, es decir, hace exactamente cuarenta años, volvió a reeditarse en 1998. Sobre el diseño, tengo que apuntar que un saxofón convertido en el edificio que hace esquina de dos avenidas es de una gran carga de imaginación y creatividad.



Tendríamos que dar un gran salto temporal, desde la década de los setenta hasta el comienzo del nuevo milenio, para situarnos en el año 2005 y tropezarnos con el grupo estadounidense Jack´s Mannequín, formado en el estado de Orange, California, en el año 2004.

Al año siguiente de su nacimiento lanza al mercado Everything in Transit, que tendría una aceptable acogida, ya que alcanzó el puesto 37 de la lista en el Billboard. La portada de su primer disco de estudio es un dibujo, algo naif, de un conjunto de casas al lado de una playa, muy acorde con el espíritu californiano que despliega la banda.



Todas las bandas suelen tener antecedentes en otros grupos previos antes de consolidarse. Es lo que le aconteció a la británica de rock alternativo Travis, con origen en Glasgow, la capital de Escocia. Capitaneada por Francis Healy, sacó a la luz su primer disco, Good Feeling, en 1997, abriendo camino a otras como Coldplay o Keane.

El disco que en esta ocasión muestro, The Boy with No Name, publicado en el año 2007, es el quinto de estudio. En la portada encontramos a los cuatro miembros en la azotea de un rascacielos, con formas arquitectónicas de comienzos del siglo XX. La magnífica fotografía, tratada con tonos ocres y con grandes sombras, nos lleva considerar que es el reflejo de la insignificancia de las personas en las grandes urbes.



Resulta una ironía que un grupo australiano, es decir, que se encuentra casi en las antípodas de nuestro país (puesto que exactamente es Nueva Zelanda), lleve el nombre de Architecture in Helsinki, remitiendo a la capital del país del frío: Finlandia. Posiblemente quisieran hacer con su nombre un homenaje al gran arquitecto finés Alvar Aalto.

Lo cierto es que esta banda de indie pop, formada por cuatro miembros masculinos y uno femenino, Kellie Sutherland, ya ha publicado cinco álbumes, siendo Place Like This, de 2007, el tercero de ellos. La portada del disco más bien parece sacada de un cómic japonés, ya que aparece diseñado con toda la tensión visual que nace de las grandes urbes niponas.



Aunque el álbum The Midsummer Station, publicado en el año 2012, de la banda estadounidense Owl City, procedente de Minnesota, ya lo había comentado en otra ocasión, no me importa traerlo de nuevo a esta sección, ya que su carátula encaja perfectamente en la temática que abordamos.

En esta ocasión, la portada, debida a la magnífica artista de origen lituano, Gediminas Pranckevicius, oscila entre el surrealismo y el hiperrealismo, dado que, en la izquierda del cuadro, nos muestra un mar dentro de un estanque traslúcido y, en la derecha, un conjunto de modestas casas de madera en el borde de un acantilado. Sin lugar a duda, es una de las mejores portadas que he visto en los últimos tiempos.



Cierro este recorrido con el segundo trabajo que publicó la banda londinense Bastille de indie pop y que publicó en el año 2016. Se trata de Wild World, uno de los temas más conocidos del cantante británico Cat Stevens, que aparecía en su álbum Tea for the Tillerman de 1970.

El nombre de la banda lo tomó su líder Dan Smith del día de la Fiesta nacional francesa por la toma de la Bastilla durante la revolución del 14 de julio de 1789, dado que esa fecha coincidía con la de su cumpleaños. En la portada, con ciertas reminiscencias a la de Travis, aparece Dan Smith acompañado de ChrisWood, otro miembro de la banda, sentados en la cornisa de un rascacielos y observando la panorámica de una gran urbe.

AURELIANO SÁINZ

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