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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Aprendiendo a mirar [Moi Palmero]. Mostrar todas las entradas
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martes, 27 de septiembre de 2022

  • 27.9.22
El deporte, además de favorecer el cuerpo y la mente, nos proporciona un sinfín de experiencias vitales, de valores, de emociones y de sentimientos que no se olvidan jamás, que te ayudan a evolucionar, en tu crecimiento personal y colectivo: el esfuerzo, la superación, la constancia, el compañerismo, la amistad, el respeto, la igualdad, aprender a gestionar las victorias, las derrotas, la rivalidad y el ego, por destacar algunos.


Sin embargo, esos valores quedan difuminados –o pasan a un segundo plano– en el deporte de elite, donde prima la parte económica, donde lo importante es ganar, ganar y volver a ganar, como decía Luis Aragonés. Aunque pensándolo mejor, el dinero, los focos, la fama son algo superfluo, anecdótico, que termina empañando –a veces, hasta alcanzar el absurdo– la ilusión de todos los que alguna vez, de niños, hemos soñado con alcanzar grandes triunfos.

Cada uno saca lecciones o interpretaciones diferentes de lo que ocurre a su alrededor, y consciente o inconscientemente, las va incorporando a su forma de vivir con los demás, de relacionarse en sociedad. En estos últimos días, por no buscar ejemplos pasados, que los hay miles para todos los gustos e intereses, estas son algunas lecciones extradeportivas que han quedado flotando en mi pensamiento y que nos llevarían a horas de debates y discusiones.

La nacionalización de Brown, a pesar del gran Eurobasket, para mí no solo es innecesaria, sino injusta y humillante para esos jugadores que participan en las ventanas FIBA, que parten con la idea de que harán el trabajo sucio para que las estrellas, los buenos, jueguen los grandes torneos.

Esa gran familia, como los llamamos, le ha dicho a algunos de sus jugadores que no cuenta con ellos, que prefieren apostar por alguien que nunca ha jugado en su equipo, a los que se han dejado la piel en la pista, con mayor o menor fortuna y talento, para que España pueda participar en la fase final.

El deporte ya está demasiado pervertido, desigualado y contaminado por el dinero, por el interés, y a las selecciones deberían ir jugadores nacionales, o con alguna relación con ese país. Nada tengo contra Brown: la ley lo permite, son las normas de la FIBA, y él es un profesional y, una vez que en su país nunca ha sido seleccionado, le da igual jugar con Croacia que con España.

Esa nacionalización por carta de naturaleza también es ofensiva para todos aquellos inmigrantes que han venido a trabajar a nuestro país y que, para conseguir la nacionalización, deben pasar al menos un año aquí, demostrar que saben hablar español y pasar un pequeño examen para señalar, al menos, dónde estamos en el mapa. No todos somos iguales, pero esta vez ha quedado muy claro.

Otro tema es el de las jugadoras de la Selección de Fútbol Femenino, que han renunciado a jugar mientras se mantenga al entrenador. Comparto que se han extralimitado en sus funciones –no son las primeras–, que no son nadie para exigir el cese de Vilda o las decisiones de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), pero me ha gustado que se nieguen a jugar, que vayan hasta el final con sus ideas.

A ver si aguantan, porque no debe ser fácil renunciar a ir a un Mundial, a sus sueños, y eso es algo que no todo el mundo haría, y suficiente motivo para que la RFEF se plantee por qué lo hacen. Mis respetos por ellas, ante todo, por ser consecuentes con lo que se dice.

Otro tema controvertido es que la Fiscalía de Madrid abra diligencias para investigar los cantos racistas a Vinicius. Me parece muy bien, son bonitos mensajes a la población, pero si van contra el público del Atlético, deberían ir contra quien lo promueve en televisión, porque todo esto se origina por el desafortunado comentario, que le salió del alma, de un representante de futbolistas que ahora hace de comentarista en El Chiringuito, y que, en alusión al jugador merengue, dijo: "Si quieres bailar samba, te vas al Sambódromo a Brasil. Aquí lo que tienes que hacer es respetar a tus compañeros de profesión y dejar de hacer el mono". Luego pidió perdón, pero la llama ya estaba encendida.

La Fiscalía debería perseguir todos esos comentarios que encienden a las masas y si, como denuncia un youtuber, luego ese mismo programa amenazó al jugador para que no sacase un vídeo contra el racismo –algo que desmintió tajantemente Josep Pedrerol–, la decisión de echar a un puñado de atléticos del campo o de ponerle una multa al club de poco servirá, si desde una plataforma de máxima audiencia se continúan lanzando mensajes incendiarios.

Horas y horas para debatir, argumentos para todos los gustos, y no nos pondríamos nunca de acuerdo. En lo que coincidimos todos es que el deporte es maravilloso, y que hay deportistas como Nadal y Federer que nos han dado una lección. Y que, a pesar de todo lo que han ganado, de su rivalidad en la pista, representan lo que debe ser el deporte: una sana y justa competición para convertirnos en mejores personas.

MOI PALMERO

martes, 20 de septiembre de 2022

  • 20.9.22
No sé qué me da más miedo, si los políticos forofos de la inacción o aquellos que no creen en lo que hacen; los que, engalanados con la máscara sonriente de la hipocresía, salen a vender humo, a contar medias verdades o a ponerse medallas verdes para salir en la foto.


En esta ocasión toca vender sostenibilidad urbana, con motivo de la Semana Europea de la Movilidad, que se celebra del 16 al 22 de septiembre, bajo el lema Mejores conexiones. Efeméride que terminará con la celebración del Día sin Coche, durante el que, sin duda, veremos a nuestros políticos montados en una bicicleta, invitando a abandonar los coches, a salir a caminar.

Ante los flashes dirán cosas tan bonitas y certeras que nadie puede dejar de aplaudir, porque se llevan reivindicando hace muchos años, como que hay que hacerlo por la salud individual y por la del planeta. Pero luego se bajarán de la bici, con la que habrán recorrido doscientos metros –por ser generosos– y se montarán en su coche, disculpándose porque la agenda es demasiado apretada y no pueden perder un minuto en la defensa del bien común, de su pueblo, da la ciudadanía. Y viéndolos alejarse en lontananza, nos darán ganas de aplaudirlos y nos sorprenderemos limpiándonos una emocionada lagrimita.

Un paseo por los medios de comunicación nos basta para ver que todos los municipios se están volcando en la campaña. Dependiendo de la cantidad de fondos europeos recibidos, serán más o menos actividades. Nada que objetar. Todo lo que sea concienciar a la ciudadanía es maravilloso: Días de la Bicicleta (que se celebran desde hace más de 30 años), las charlas sobre seguridad vial, los talleres de arreglo de bicis, los itinerarios en bicicleta por la ciudad...

Actividades aderezadas, para presumir en cantidad más que en calidad, con las mismas actividades que hicieron para celebrar el Día del Turismo, o el Día del Tomate, o las fiestas populares: concursos de dibujo, senderismo por los mismos sitios para hacer fotografías, o el yoga en la playa.

A todo ello se le añaden demostraciones de vehículos eléctricos, que contaminan menos, pero que, al fin y al cabo, son los coches que deberíamos desterrar de las ciudades, o los food trucks (restaurantes en furgonetas) que, por lo que se ve, como están tan solicitados y no han podido venir para otras efemérides, aprovechan la ocasión.

También hay multinacionales que te venden bicis de chichinabo, que se rompen con cuatro pedaladas, imposibles de arreglar, a no ser que sean con sus propias piezas y en sus establecimientos; o viajes turísticos en autobús urbano –gratuito ese día, por supuesto–. No me extrañaría que en la zona de animación infantil divirtiesen a los niños con la canción En el auto de papá que todos cantábamos con Miliki y que las nuevas generaciones conocen por Los Cantajuegos.

Unas jornadas divertidas, entretenidas, agradables, para justificar los fondos europeos, pero que se quedan en nada cuando, al día siguiente, continúan con sus proyectos de asfaltado de solares para crear más aparcamientos para los coches, la construcción de un tercer carril en la autovía, o el asfaltado de carriles-bici intransitables, desconectados entre ellos y que, en vez de quitar espacio a los coches en las ciudades, se las han quitado a los peatones porque, muchos de ellos, utilizan paseos y aceras por donde a veces te juegas la vida al salir a caminar.

La nula apuesta por el transporte público e inclusivo, como nos venden algunos en sus titulares, la inacción ante las peloteras que se forman delante de todos los colegios porque hay llevar a los niños hasta la misma puerta en coche, la falta de aparcamientos para bicicletas y otros vehículos sostenibles o la poca valentía para no peatonalizar las calles y devolvérselas a los ciudadanos con jardines y parques.

En paralelo a estas actividades oficiales, se ha realizado de nuevo una Bicifestación por Almería, organizada por la Mesa del Clima, actividad que se lleva organizando por diferentes colectivos de forma constante, al menos desde hace una década, para reivindicar cada año lo mismo: para presentar propuestas que ponen encima de la mesa de los municipios y que se desoyen una y otra vez.

Ahora parece que son más receptivos porque Europa ya les aprieta, porque los fondos llegan concretos para eso, porque ahora la ciudadanía lo exige. Es curioso, porque en el programa oficial de actividades de Almería capital aparece la I Marcha Ciclista Sostenible, algo muy parecido a ese paseo reivindicativo de la ciudadanía, pero que hacen suyo. Al menos saben copiar, algo importante cuando tu valentía y tu imaginación son nulas.

MOI PALMERO

martes, 13 de septiembre de 2022

  • 13.9.22
Siente el peregrino, que aún no lo es, que es invisible, que nadie sigue sus huellas, que sus palabras se desvanecen nada más salir de sus labios, que sus dedos perdieron la capacidad de acariciar, que el peso de la vida terminó con su resistencia a arrodillarse. Siente que de nada sirvieron sus desvelos, sus esfuerzos, sus apuestas, sus ideas, su compromiso, y que como la arena de un reloj, se perdieron esparcidos por el viento, por el tiempo que le regalaron y no supo aprovechar.


Siente el peregrino, en lo más hondo de su ser, que debe salir al camino, que en la senda encontrará nuevas respuestas, retos que superar, sorpresas inesperadas, incluso las preguntas que nunca llegó hacerse. Siente como una vela, se enciende en su interior con la promesa de rescatarlo del largo invierno, de guiarlo en la oscuridad de la cueva donde se escondió, de enseñarle que la luz es la esperanza.

Siente el peregrino que, debe proteger la débil llama, de la huracanada razón que lo arrolla todo a su paso, mostrándoles las piedras en las que tropezará, el dolor de su rodilla, la inutilidad de las arcaicas y alienantes creencias, costumbres, rutinas, a las que se agarran los derrotados, los débiles, los insensatos, los crédulos, los incapaces.

Siente el peregrino que por una vez en su vida, debe dejar de pensar, deshacerse de su pesada carga, de su orgullo, de su soberbia, de sus prejuicios, de la seguridad de lo aprendido. Siente que debe dejarse llevar por aquello que siempre rechazó, por lo intangible, por lo inmaterial, por aquello que los hombres no saben explicar, por la fe.

Siente el peregrino cuando comienza a caminar, que lo más difícil ya lo hizo, tomar la determinación de salir a la senda, dar el primer paso, confiar en lo que vendrá, saltar al vacío sin saber lo que ocurrirá. Siente una emoción que nunca imaginó y sonríe nervioso, asustado, prudente, ilusionado.

Camina como vive, solo, con el puño apretado, tensó, con la mirada en sus pasos, con la cabeza escondida entre los hombros, la espalda arqueada, concentrado en sus dolores, sus cicatrices, las heridas provocadas en caídas en las que no supo, ni terminó, de levantarse. Siente la punzada de la duda, del “ya lo sabía”, del “debí imaginarlo”, del “por qué iba a ser diferente”, del “qué hago aquí”.

Pero una mano se ofrece a acompañarlo, rompe ese convencimiento de invisibilidad, y tras la sorpresa, tras el asombro, tras la extrañeza, resiste al que fue, al que lo empujó a buscar el vellocino de oro, al que emponzoñó su pensamiento, al que le recordó siempre sus limitaciones.

Sigue caminando, reforzado por ese auxilio inesperado, generoso, desinteresado, liberador, y se descubre sonriendo, con la mirada alegre, y la expectación puesta en el sendero, siguiendo una luz que solo intuye, y que sin poder verla, sabe que lo está guiando, esperando para acogerle, abrazarlo, reconstruirlo.

Siente el peregrino como se despiertan sus sentidos, como la llama crece, como se va volviendo liviano al desprenderse de cargas innecesarias, mientras le ofrecen agua para calmar su sed, aliento para las dificultosas subidas, compañía en las largas travesías, sombra, cobijo, abrigo, bastón.

Siente el peregrino el pulso acelerado, la emoción, la impaciencia, los nervios de la llegada, pero, tras lo aprendido en el camino, siente que debe concentrarse, saborear, vivir, disfrutar cada paso, que el camino se hace al andar, paso a paso, golpe a golpe, verso a verso. Y la canción del poeta, le relaja, lo prepara, lo conduce hasta la entrada a la Iglesia, que cruza en silencio, humilde, nuevo, agradecido.

Siente el peregrino, al mirar a la Cruz, al azul, a la Luz, la paz que nunca tuvo, la serenidad que le faltó, la seguridad de no estar solo. Comprende su corona, sus clavos, la sangre derramada, y siente su tierna mirada en sus ojos, el poder de su abrazo, y un susurro que le dice “te estábamos esperando, bienvenido”.

Siente el peregrino que está en casa, y se siente ascender como un globo de colores, sin rumbo, ni destino, en manos del azar, al que ya no le tiene miedo. Siente el olor de la pólvora, el humo que lo nubla, las detonaciones que lo estremecen y que rompen las últimas resistencias, diques, fronteras para que fluya la luz.

Siente las vibraciones de las palabras cantadas, de las manos alzadas, de las lágrimas contenidas, y se descubre celebrando la vida, rendido ante la Cruz y lanzando al viento su clamor: ¡Viva el Cristo de la Luz!

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: J.P. BELLIDO

martes, 6 de septiembre de 2022

  • 6.9.22
Nada nuevo. Así es como funcionan los Fondos Sociales Europeos:es cuestión de burocracia, de planificación, de evaluación. Pero que sepamos cómo funcionan,no significa que nos parezca adecuado, que pensemos que es contraproducente y que va contra los objetivos establecidos, las inversiones realizadas y los éxitos cosechados para las que se pensaron esas ayudas. Intento explicarme, aunque sé que es un daño colateral.


La Estrategia Regional Andaluza para la Cohesión e Inclusión Social (ERACIS) se aprobó por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía en 2018 y está financiada con Fondos Sociales Europeos y por la propia Junta de Andalucía.

Este proyecto está recogido en el marco de actuación 2014-2020 y su objetivo estratégico es el de “mejorar la inserción sociolaboral de personas en situación o riesgo de inclusión social, a través de la activación y de itinerarios integrados y personalizados”.

O, dicho de otro modo, facilitar las herramientas para que las personas que viven en zonas desfavorecidas no se queden atrás, que tengan la posibilidad de acceder a los distintos Sistemas de Protección Social –educación, salud, servicios sociales y empleo–, así como a otros servicios públicos.

Es paradójico, pero en la provincia de Almería, las zonas desfavorecidas donde se puso en marcha este proyecto se encuentran en los municipios donde la riqueza generada por la agricultura intensiva es palpable y evidente: la propia capital, El Ejido, Roquetas de Mar, Vícar y Níjar.

Si hablo de pobreza no es por una sensación personal, sino porque según los “Indicadores Urbanos de 2020”, publicados por el Instituto Nacional de Estadística, realizados entre 413 municipios mayores de 20.000 habitantes, los pueblos más pobres del territorio nacional eran, en primer lugar, Níjar, y en tercer lugar, Vícar. En esa lista, en la que 16 de los 20 primeros pueblos eran andaluces, Adra está en el décimo puesto y, El Ejido, en el decimosegundo.

Es cierto: son datos, cifras, estadísticas interpretables, discutibles, arrojadizas. Explicaciones muchas y variadas, pero la más sencilla es, desde que el mundo es mundo, que la riqueza está mal repartida y para que unos vivan muy bien, otros deben vivir en la pobreza. Pero no entremos en ese debate porque, como siempre, terminaríamos poniéndonos a la defensiva, mirándonos el ombligo, señalando culpables y siendo poco críticos.

Para minimizar esas diferencias, para acortar las distancias entre unos y otros, para desdibujar las invisibles fronteras, físicas y culturales, dentro de los propios municipios, se ponen en marcha esos proyectos a través, casi siempre, de las concejalías de Servicios Sociales.

La integración es el objetivo final pero, para alcanzarla, debe haber primero un análisis certero, en frío, sin medias verdades ni justificaciones de lo que ocurre, de las realidades que nos negamos a mirar, aun viéndolas a diario a nuestro alrededor. Análisis en el que deben participar todos los agentes interesados, realizado de abajo a arriba, no al contrario como se acostumbra.

Luego, con esos datos, con el conocimiento de las verdaderas necesidades, hay que elaborar la estrategia que se va a seguir, los objetivos y las metas que se aspiran conseguir, la forma de –como decía Confucio– entregarle la caña a un hombre para que aprenda a pescar y pueda comer siempre.

Ese ha sido el trabajo realizado durante cuatro años, pandemia incluida, por los trabajadores de ERACIS, consiguiendo resultados directos de empleos generados, de itinerarios personalizados realizados, y otros de resultados más ambiguos de evaluar, como la creación de espacios de trabajo compartido, comunitario, de redes invisibles de conocimiento, de formación, de escucha, de debate, de acercamiento.

Espacios que han conseguido recordar el significado de palabras casi olvidadas como "vecino", "barrio" o "pueblo". Palabras que nos evocan un bien común, una manera de sobrevivir, de defendernos, de compartir los éxitos, de enfrentarnos a las dificultadas que nos encontraremos en el camino.

Resultados, pequeñas victorias, que ahora entran en stand by, que se detienen en seco, con la promesa política –y las incertidumbres que eso genera– de que dentro de un año todo se retomará donde se dejó, como si el tiempo no hubiese pasado, como si en la espera, la gente no pasase frío, ni hambre, ni angustia por sentirse sola, abandonada, perdida.

Hay proyectos que nunca deberían frenarse porque son los que hacen pueblo, los que nos acercan los unos a los otros, los que tienden puentes y destruyen esas invisibles fronteras que creamos a nuestro alrededor para proteger nuestra pequeña parcela del mundo y nos impiden disfrutar del bosque de los iguales.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 30 de agosto de 2022

  • 30.8.22
El próximo 4 de septiembre, los chilenos votarán si aprueban o rechazan la nueva Constitución. Una votación que dirigentes de todo el mundo miran con expectación. Unos, con la esperanza de demostrar que otro mundo es posible, de que el pueblo debe formar parte de la toma de decisiones; otros, con el miedo a que esa idea se expanda, a que la gente empiece a removerse en sus asientos, a cuestionarse la realidad en la que viven.


Porque, salvando todas las distancias, marcando las diferencias que nos separan, solo existe una verdad: el pueblo, la ciudadanía, está en manos de unas elites minoritarias que han creado un mundo injusto, desequilibrado, frágil, interesado, en el que la mayoría estamos sometidos, esclavizados, arrodillados ante los que tienen el dinero, el poder, ante los que nos manejan a su antojo y tienen la poca vergüenza de hacernos creer que somos libres.

Chile despertó para despertarnos en 2019, cuando los jóvenes comenzaron a protestar por el aumento de los precios del transporte público. Abuso que fue la gota que colmó el vaso, la necesaria para que todo el pueblo chileno saliese a la calle de forma pacífica a exigir cambios.

Aquellas revueltas ya forman parte de la historia con el nombre de Primavera chilena. Una revolución social que solo las restricciones del covid pudieron enfriar. Es importante recordar que la mayoría de las algaradas fueron provocadas por la intención de los herederos del dictador Pinochet para controlar la situación a base de intimidar, reprimir y provocar a la ciudadanía.

Aquel levantamiento social concluyó con la promesa de celebrar un plebiscito, que se conoce como El plebiscito de entrada, en el que se preguntó a la población si quería una nueva Constitución y qué tipo de órgano debería redactarla. En una votación sin precedentes, se aceptó la primera pregunta con un 78 por ciento de los votos, así como la celebración de una Convención Constitucional, con el 79 por ciento de las papeletas.

Esa convención estaba integrada por 78 hombres y 77 mujeres, de todas las edades, de todas las clases sociales, incluidos los pueblos indígenas ignorados y maltratados por las elites, de todos los partidos políticos y de numerosas profesiones.

Trabajaron durante un año para su redacción, escuchándose, debatiendo, llegando a acuerdos, limando asperezas, intentando adaptar las leyes, la Carta Magna, a las nuevas realidades existentes, para no tener que adaptar la realidad a las viejas ideas, obsoletas e impuestas por un asesino, un dictador y sus secuaces, los Chicago Boys, que gobernaron con mano de hierro y fueron los que instauraron el neoliberalismo en el mundo, dándole el poder a las empresas privadas y al Estado por encima de la ciudadanía. Por eso es de justicia social, y poética, que sea en Chile donde el gusano se convierta en mariposa.

A una semana de este plebiscito de salida, que es de voto obligatorio, el Rechazo gana en las encuestas por un pequeño margen, aunque existe un 16 por ciento de votantes que se mantienen en la indecisión. Espero, confío, sin conocer en profundidad el texto redactado, que gane el Apruebo, que todo el camino, el esfuerzo, realizado por los chilenos no quede desdibujado en el último momento; que por fin quede derogada la Constitución que se firmó en 1980 por parte del genocida.

Si gana el Rechazo, el joven presidente Boric, que gobierna gracias a la coalición de izquierdas Apruebo Dignidad, ha anunciado que no será definitiva, que volverá a redactarse hasta encontrar el consenso, porque el cambio es imparable, porque el pueblo lo merece.

Ante esta votación no puedo evitar pensar en nuestra Constitución y en la necesidad de que sea revisada, porque aunque fue redactada tras la muerte del dictador, su sombra era –y sigue siendo– muy alargada, y marcó las líneas generales, imponiendo, entre otras lindezas, la monarquía.

Además, fue redactada por siete hombres, pertenecientes a esas elites herederas del franquismo y que han manejado el poder, el dinero, en la sombra en los últimos cuarenta años. En su momento fue necesaria, pero el mundo ha cambiado, la realidad social de nuestro país, también, y es necesario sentarse, en nombre de la democracia y de la libertad, para actualizarla, para hacerla creíble.

Supongo que hay miedo a los cambios, a nuestra incapacidad de debatir, a que las cicatrices de las dos Españas nos impidan ponernos de acuerdo en cosas tan elementales como el derecho a un medio ambiente sano, al de una vivienda digna, a que la separación de poderes sea real e, incluso, a si queremos seguir siendo una monarquía parlamentaria. Aunque no sirva de nada, apruebo la nueva Constitución chilena y deseo que su ejemplo sea semilla para todos.

MOI PALMERO

martes, 23 de agosto de 2022

  • 23.8.22
El temporal de poniente de la última semana ha vuelto a dejar a Balerma sin playa. Ya se veía venir cuando en mayo, hace apenas tres meses, el Ministerio de Costas aprobó el trasvase de 22.550 metros cúbicos de arena para Balerma y 9.380 para Guardias Viejas, con una inversión de 362.376 euros, de los 1,6 millones que se gastaron por toda la provincia de Almería con el mismo objetivo: salvar el verano hasta encontrar la solución definitiva.


Para encontrar esta solución se licitó el mes pasado, por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España, el contrato para redactar el estudio y proyecto de recuperación ambiental desde la rambla de Balanegra hasta el espigón de la Peña del Moro.

Este pliego de condiciones ha provocado la indignación y las alegaciones de la Mesa de Trabajo por la Estabilización de la Playa de Balerma porque, en su opinión, el pliego apunta, sin apuntar –sugiere sibilinamente– a que la mejor solución es la de realimentación de arena, que no es otra cosa que extraer arena del fondo marino para regenerar la playa. O dicho de otra manera: recuperar las toneladas de arena que hemos tirado al mar y que no han servido de nada.

No van desencaminadas sus sospechas, porque también este verano, en Cullera (Valencia), el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España ha sacado a información pública el megaproyecto para extraer 12,4 millones de metros cúbicos para regenerar 16 playas, con una inversión de 1.247 millones de euros en diez años.

Un proyecto que los grupos ecologistas catalogan de "auténtico despilfarro" y una "aberración ambiental", ya que los movimientos de arena provocarán la destrucción de ecosistemas muy sensibles, la turbidez del agua, afectando gravemente las praderas de Posidonia oceánica e, indirectamente, dándole la puntilla a los pescadores artesanales de la zona, que verán mermada su producción.

Salvamos el turismo a costa de los valores ambientales y de la pesca sostenible, pero ¿qué podemos hacer si no? ¿Deconstruir la costa que sería lo más inteligente? Ya sé que es fácil de decir y que los afectados no quieren oír hablar de eso, pero es lo que hay.

Veremos qué pasa. Lo mismo alguna empresa nos sorprende con una solución mágica, pero parece que los ingenieros, después de darle muchas vueltas al asunto, siguen erre que erre, quizás porque poco más se puede hacer para luchar contra la furia de Poseidón.

Lo más ofensivo de esta situación que estamos viviendo con la subida del mar es que sigamos cometiendo los mismos errores en nuestras costas. No solo no deconstruimos sino que seguimos especulando y presentando proyectos para construir junto al mar.

Una de las playas que se regeneró este año fue la de Quitapellejos en Cuevas del Almanzora. 14.000 metros cúbicos de arena de cantera, más 2.000 para el resto de playas del municipio que ,redondeando con unas obras en el paseo marítimo del Pozo del Esparto, destruido por los temporales, nos dejan una factura de 249.677 euros.

Pues bien, ¿cuál es la brillante idea que se nos ocurre? Urbanizar 56,2 hectáreas en dos kilómetros de esa playa, donde irán 1.600 viviendas, un hotel, una gasolinera y un nuevo paseo marítimo que nos constará 11,7 millones de euros. ¿Qué haremos cuando el mar lo amenace? ¿Pedir más espigones? ¿Echar arena? ¿Pagar indemnizaciones a los propietarios?

Otra aberración es lo sucedido en la Ribera de la Algaida de Roquetas de Mar, donde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España ha tenido que aprobar el nuevo deslinde de la costa, excluyendo 25 hectáreas de dos fincas privadas tras la sentencia judicial que da la razón a los propietarios.

Lo más grave de esta situación es que incluso dejan fuera del deslinde –algo que roza el esperpento– un trozo de playa al que se le reconoce la propiedad privada. La playa, que es un bien de dominio público marítimo-terrestre según la Constitución Española, queda en manos de una empresa. Por supuesto que será imposible que construyan allí, pero ahora empezarán los juegos de trileros, los sobres, los compadreos, para especular con el terreno. De vergüenza que sigan pasando estas cosas.

Hay otro caso que también es preocupante. Hace unos meses se publicaba en prensa que el potentado Cosentino se hacía con la Urbanización de Playa Macenas para revitalizarla, invirtiendo 200 millones de euros y que, anuncian, será un ejemplo de sostenibilidad ambiental.

Una operación legal, como todas las que se hacen en nuestras costas, pero que viene a legitimar un destrozo que en su día ya denunciaron los ecologistas. Espero que Cosentino no le eche el ojo al Algarrobico y pretenda salvarlo, porque poderoso caballero es don dinero. En fin, que seguimos tropezando con la misma piedra, en este caso en la misma ola. A ver si en el próximo revolcón aprendemos la lección.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 16 de agosto de 2022

  • 16.8.22
Mientras España se quema y se seca, nos dedicamos a la caza del ecologista. En una población de Zamora, Manzanal de Arriba, hace unos días se produjeron dos ataques a varios ecologistas protagonizados, entre otros, por el alcalde del municipio, que pertenece al Partido Popular. Supongo que para reafirmar las palabras de su amigo, colega de partido y consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, en las que defendía, para justificar su negligencia, que “algunas modas ecologistas impedían limpiar los montes”.


A su vez, Esperanza Aguirre, exministra de Educación y Cultura en el Gobierno de otro negacionista del cambio climático, expresaba entre risas en una televisión nacional que “un grado es poca cosa para alarmarnos”. Cada vez que escucho a los políticos –no solo del PP– y a sus voceros hablar de esa manera en los medios, me acuerdo del verso con el que comienza Sabina su canción Princesa: “entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca”.

Esas palabras son las consecuencias del síndrome de Estocolmo en el que viven, y que repiten los mantras que los captores de nuestra economía, los empresarios del IBEX 35, a los que les han dado todo el poder, les susurran al oído mientras meten sobrecitos y promesas de puertas giratorias en sus bolsillos. Cuando vengan a darse cuenta de las barbaridades que dicen y hacen, lo mismo podremos lamentarnos cantando “ahora es demasiado tarde, princesa”.

Si no fuese por el miedo que tienen a que sus ideas, políticas y formas de actuar se relacionen con las del Caudillo, aunque vayan grabadas en su ADN, podrían echar mano de la manida frase “con Franco se vivía mejor” y comenzar a defender que estos ecologistas de pacotilla no dicen nada nuevo, porque Franco, hombre sensible donde los haya y amante de la caza y la pesca, ya iba un paso por delante de todos y podríamos afirmar que era ecologista, como dice su nieto en un libro que tituló La naturaleza de Franco.

Franco inició en 1941 una labor repobladora que, según algunos expertos, ha supuesto un incremento de la superficie arbolada de casi cuatro millones de hectáreas. Tampoco podemos olvidar que para luchar contra la sequía, durante el Régimen se inauguraron ocho pantanos que se encuentran entre los diez más grandes del país y se empezó a construir un noveno, sin contar con las innumerables presas y embalses de pequeño tamaño.

También, adelantándose a la reciente decisión de la Unión Europea de incluir la energía nuclear como "verde", construyó diez centrales de las que cinco, con siete reactores nucleares, siguen en funcionamiento. Y si nos ponemos a rizar el rizo, no podemos obviar a los serenos que vigilaban por la noche las oscuras calles, profesión que lo mismo tiene que rescatar Pedro Sánchez para garantizar que se cumple su decreto-ley de ahorro energético.

No me digan que no son suficientes argumentos para que los Abascales, Ayusos y Losantos de turno puedan sumarse, sin traicionar a sus señores, a su corazón y a su añorado líder, a esta moda de la emergencia climática. Se podrían poner al lado de los científicos, de los ecologistas y de la mayoría de la población que vive las consecuencias del cambio climático, aportando ejemplos, rememorando los triunfos, los aciertos y los éxitos del pasado.

Soy consciente de la debilidad de estos argumentos porque la ley por la que se funda el Patrimonio Forestal del Estado lo único que hace es copiar la que se había firmado durante la Segunda República en 1935. Que los pantanos fueron la continuación del Plan Gasset de 1902 y del Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933. Que la Junta de investigaciones atómicas de 1945 se creó con el objetivo de poseer armamento militar y que los serenos ya aparecieron en el siglo XVIII.

Aunque, pensándolo mejor, no es una debilidad de los argumentos sino todo lo contrario, ya que, quizás, lo único que tenemos que hacer es copiar, adaptar a las nuevas tecnologías y a los nuevos conocimientos las políticas del pasado para garantizar que nuestros montes vuelvan al equilibrio y nos puedan proteger; que podamos disponer del agua que garantice nuestra salud y la de nuestras cosechas, y garantizarnos la energía que necesitamos sin depender de terceros países y sin dejar una bomba de relojería enterrada bajo tierra a las generaciones futuras. Lo único que necesitamos es usar el sentido común para poder salir adelante entre todos.

Pero por lo que se ve, los correligionarios del dictador, del "Sepulturero mayor" como lo llama Sabina en Adivina, adivinanza, carecen, al igual que él, de sentido común, y han aprendido que para llegar al poder vale cualquier cosa y que los muertos, los represaliados, los exiliados, son únicamente "daños colaterales".

MOI PALMERO

martes, 2 de agosto de 2022

  • 2.8.22
Estimado Don Ramón: pensaba tutearlo, presuponiendo que, como a su líder, el presidente Juanma, le gustará que lo hagan. Pero como no sé si es una consigna de partido o una herramienta de marketing para demostrar cercanía al votante –y como ya no estamos en elecciones y ya solo somos ciudadanos–, lo mismo la distancia vuelve a acrecentarse, más aún tras su mayoría absoluta, y prefieren que los tratemos con el respeto que merecen sus cargos. Por precaución y educación, me reservo el tuteo.


En primer lugar, quería darle la enhorabuena por su nueva responsabilidad. Ahora vela por el medio ambiente de todos los andaluces, y pienso que su nuevo cargo es de vital importancia para el futuro de nuestra tierra. La pregunta es si para su partido también lo es.

Me alegra que Medio Ambiente vuelva a tener una Consejería propia: eso de mezclarla con Agricultura o Urbanismo, como se hace en algunos ayuntamientos, es una barbaridad. Pero me da mucha pena que crean tan poco en ella.

Su Consejería es la que debe velar por el bien común, por la protección de los ecosistemas, de los recursos naturales, de la salud y de nuestro futuro, frente a la especulación, al desenfreno, a la avaricia, al interés personal y a los delitos ambientales que provoca el capitalismo.

Su Consejería es la que debe buscar el equilibrio que nos permita desarrollarnos como sociedad, pero sin arrasar con todo lo que nos rodea. Debe aportar la sensatez, la cordura, la inteligencia, la planificación a largo plazo, frente al cortoplacismo y la sinrazón de los beneficios rápidos y suculentos.

Sin embargo, tengo la sensación de que su Consejería es, como decíamos en nuestra época de estudiantes, una maría, un brindis al sol. Principalmente, por el desprecio con el que trataron al medio ambiente en su primera legislatura, al obviar la palabra e incluirla como coletilla y con un término poco acertado y obsoleto, detrás de Agricultura, Ganadería y Pesca.

En esta ocasión, lo han escondido entre Sostenibilidad y Economía Azul, concepto manido y pervertido el primero; y ambiguo e ilusorio el segundo. También por esa falsa revolución verde, que podemos enmarcarla más en el término de greenwashing, que de gestión política. Pero, sobre todo, porque le han quitado a usted las competencias de aguas para incluirlas con Agricultura, que viene a ser lo mismo que, como le leí a un amigo el otro día, poner el zorro a vigilar las gallinas.

Para usted es una oportunidad, un escalón necesario, para seguir subiendo en el partido y en responsabilidades futuras. Su presión será estar a la altura de lo que esperan sus colegas, que no es otra cosa que la de comerse los marrones con la mayor dignidad posible.

Porque tenga usted claro que marrones se va a comer unos cuantos, como el que se le viene encima desde Europa por la promesa del cercano Juanma de legalizar los cultivos de la fresa en el entorno de Doñana, lo que supondrá el agotamiento de los acuíferos y la destrucción de uno de los ecosistemas más bellos y delicados que tenemos en Andalucía. Usted tendrá que salir a dar la cara, con informes poco fiables, afirmando que el Parque Nacional no se verá afectado.

Si me permite unos consejos, sea usted valiente, no sienta la necesidad de agradar a los que le han colocado ahí. Piense en el bien común y en defender el medio ambiente por encima de todo. No permita que lo ninguneen, no sea marioneta de nadie.

No voy a entrar a valorar si tiene usted formación en materia ambiental: para ser un buen gestor no hace mucha falta si se deja asesorar por los técnicos y los científicos. E, incluso, le recomendaría que escuche muy bien a los ecologistas, esos que a sus colegas le dan tanto miedo y a los que culpan de todos los males. Recuerde que, gracias a ellos, usted no cometió el delito de talar el Bosque de la Plaza Vieja. Espero que aprendiese la lección: no sobran árboles.

Le espera una legislatura movida y tiene un trabajo hercúleo por delante para cuidar los espacios naturales; vigilar los megaproyectos de energías renovables que están destrozando ecosistemas y perjudicando los pequeños pueblos rurales; la prevención de los incendios forestales; las macrogranjas; la gestión de los residuos; las construcciones de urbanizaciones en el litoral; la defensa de este frente a la subida del mar; las salinas del Cabo de Gata; las posibles riadas que se nos vienen encima tras el verano y adaptarnos con garantías a la emergencia climática, por citar algunos.

Mucha suerte, Don Ramón. De su gestión depende lo más importante que tenemos, lo que nos sustenta y protege. Para despedirme, me gustaría susurrarle dos palabras: "memento mori".

MOI PALMERO

martes, 26 de julio de 2022

  • 26.7.22
Empiezo mal, pero no se preocupen: es solo una opinión y es fácil de desmontar con la cantidad de estudios parciales que el sector ha realizado y publicitado en los últimos años para intentar venderle a los consumidores europeos que no tienen nada por lo que preocuparse, que los osos polares no sufrirán por comprar nuestros tomates.


No pasa nada, no somos sostenibles. ¿Qué industria lo es? Ninguna y, menos, en este mundo globalizado. Pero, ahora, en plena emergencia climática, es lo que toca vender. El greenwashing es la moda y hasta las gasolinas son ahora verdes y, los móviles, el culmen de la sostenibilidad porque le han quitado un par de envoltorios a las cajas.

Si me meto en este berenjenal es a raíz de las noticias generadas tras las imágenes que publicó la NASA sobre nuestro mar de plástico, donde se hace eco –después de alabar la transformación en unas pocas décadas de nuestro territorio y economía– del estudio de la Universidad de Almería en el que se afirma que, gracias al albedo solar, la comarca se ha calentado menos que en otras zonas. Espero que no lo copien como estrategia y forren el planeta.

Lo curioso del texto que acompaña la foto es la palabra “probablemente”, supongo que porque el periodista científico de la NASA no lo tiene muy claro o porque sabe que es una verdad a medias. No pongo en duda el estudio –quizás ese dato sea cierto– pero tanto como para afirmar que Almería, gracias a sus plásticos, es la zona que más frena el cambio climático, es ser demasiado osado. Para saber cuál es el grado de sostenibilidad de nuestra agricultura, habría que calcular la huella de carbono total, no solo de las partes en las que sale en verde.

En mi opinión, el concepto de invernadero ya es insostenible en sí porque, antes de empezar a producir, hemos de arrasar con toda la biodiversidad de la zona. Aquí hemos destrozado 26.000 hectáreas de un ecosistema único: los artales. Pero desde que el Homo Sapiens se hizo agricultor ha sido así, no es que nosotros seamos peores. Había que hacerlo: había necesidades.

Como era un terreno poco propicio para la agricultura, tuvimos que crear un suelo artificial, extrayendo millones de toneladas de arena de otros muchos ecosistemas que también deterioramos y que han creado algunos grandes impactos que también irán en el apartado del déficit.

Pero relacionar los problemas que tenemos en las costas del poniente con las dunas que destrozamos de nuestras playas, o las inundaciones de Las Norias con la arena extraída de la Balsa del Sapo, a lo mejor es hilar muy fino. No quedaba otra: había que sacar esto adelante.

Por supuesto, luego habría que sumar la huella de la creación de los plásticos que usamos, desde que los producimos hasta que los cambiamos, incluyendo los problemas ambientales de los que se convierten en basura (no en residuo) y de los que nadie se preocupa.

Es cierto, ya se recicla un 95 por ciento, y se trabaja para que sea un 100 por cien, que vuelva al sistema, que dure más. También se vigila a los incívicos. Pero mientras lo conseguimos, el dióxido de carbono sigue aumentando. Un mal menor.

También nos gusta recalcar, a base de estudios y técnicas varias, que somos un gran sumidero de carbono, que nuestros cultivos actúan como la selva amazónica, pero sabemos que no es del todo cierto porque cada seis meses arrancamos las plantas y volvemos a liberar el gas que provoca el efecto invernadero. Seguro que haciendo bien las cuentas, nos quedamos en números rojos.

Según la Mesa del Agua, nos hacen falta 180 hectómetros cúbicos para paliar el déficit hídrico de la provincia. Agua que habría que desalar del mar y que aumentará la huella por el gasto energético, sin contar los problemas ambientales que hemos causado por la sobreexplotación y abandono de los acuíferos. Sin problema: seguimos construyendo invernaderos.

Si sumamos el transporte por Europa de nuestros productos, las 7.500 toneladas de CO2 que se emiten cuando tiramos el 30 por ciento de la producción, los restos vegetales, o la elaboración de pesticidas y los impactos generados, la huella sigue marcando en rojo.

Créanme cuando les digo que no es mi afán ir contra mi pueblo o mis vecinos, al decir estas cosas. Me siento orgulloso de ser de donde soy, de lo que se ha construido en Almería, de cómo los agricultores se han ido adaptando a las exigencias, los grandes avances que han conseguido y en los que se sigue trabajando para minimizar los impactos. Pero, por ahora, nuestros invernaderos no son sostenibles, ni lo serán nunca, por mucho que nos empeñemos en decirlo. Pero no pasa nada: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

MOI PALMERO

martes, 19 de julio de 2022

  • 19.7.22
Los audios de Villarejo y Ferreras han venido a echar leña a mi decaimiento, mi desencanto, mi resignación. Algo que achacaba a la falta de vitaminas, de ejercicio físico, de risas cómplices y buena compañía. Una mala racha que siempre pensé que pasaría con un poco de interés por mi parte. Sin embargo, después de demostrarse este ataque sin paliativos a la democracia, creo que mi decepción ya empieza a enraizar en mis músculos, impidiéndome pensar con claridad –si es que alguna vez lo hice– y moverme con agilidad.


Este sentimiento de derrota definitiva, y no como algo pasajero, comencé a visualizarlo hace unas semanas, tras la reposición de la película Noviembre, de Achero Mañas. Cuenta la historia de un grupo de jóvenes que, decepcionados por las escuelas de teatro donde siempre habían soñado estudiar, montan un grupo alternativo para actuar de forma libre, independiente y gratuita, en la calle, improvisando e interactuando con el sorprendido público que se los encontraba.

Artistas dispuestos a hacer el teatro que siempre habían soñado, a cambiar el mundo con sus obras sociales, directas al espectador, sin intermediarios, sin limitaciones, sin pedir nada a cambio. El arte por el arte.

Está grabado como un falso documental en el que sus protagonistas, envejecidos y lastrados por el paso del tiempo y el dolor, cuentan lo que les sucedió: desde cómo se conocieron y decidieron montar el grupo a todos los problemas con los que se enfrentaron; cómo los dividieron con multas y sanciones por actuar en la calle e ir contra sus ideales para poder seguir trabajando; las crisis internas, de relaciones personales, que todo eso provocó en el grupo; el resurgimiento de la ilusión y el trágico final con el que termina todo: su líder, el protagonista de la historia, muerto, vestido de travieso demonio, colgado de un trapecio.

Una historia que, cuando se estrenó, insufló en mí la fuerza, las ganas, la ilusión, la esperanza de que otro mundo era posible. Solo hacía falta encontrar la forma de llegar a la gente, de despertarlos, de zarandearlos para provocar una revolución cultural, social, que impulsase los cambios en el sistema, la caída de los dioses que nos manejan como marionetas a su antojo. Y, para eso, la originalidad, la creatividad, la valentía, la astucia, la comunidad, la resistencia, la constancia son fundamentales.

Ahora, casi veinte años después de la película, me llega el mensaje de los adultos, en los que me reconozco y me avergüenzo por ello, derrotados, con la moral por los suelos, y la mirada y los brazos caídos, lanzando el mensaje de que lo sucedido fue por culpa de su inocencia, de la inconsciencia de la juventud, de creerse invencibles, únicos, de haber intentado asaltar los cielos siendo simples mortales.

Se culpaban de no haber sabido reconducir sus emociones, de no entender lo que les sucedía, de haber dejado que la duda los separase, de que el sistema los domesticase, los individualizase, los globalizase. De haberse dejado robar la identidad, lo que les hacía diferentes, dejarse dominar y sentir que se vive mejor de rodillas, sometidos.

Las marionetas mediáticas de Ferreras e Inda, el comisario de las cloacas, el exmarido de la infanta, el contable de Génova, entre otros, nos recuerdan cada día que la revolución de Noviembre nunca llegará, ya que siempre habrá gente sin escrúpulos que se creerán importantes porque los dejan comerse las sobras de los poderosos; porque son los bufones de sus fiestas; porque están dispuestos a inmolarse por un puñado de euros, por un minuto de gloria. Les da igual si tienen que mentir, robar o matar: ellos quieren sentirse poderosos.

El cese de Ferreras y de Ana Pastor será inmediato: hay que intentar salvar la cadena. Sería la manera de darle credibilidad al periodismo y a la democracia. El verano, el tiempo, cubrirán con un tupido velo nuestras vergüenzas y la vida seguirá igual.

Pasado un tiempo prudencial, su labor será recompensada, porque si en este país a los torturadores como Billy el Niño se les condecora, qué no se le ofrecerá a quien “mató” a El Coletas, desactivó a Podemos, la llegada del comunismo y la esperanza de una generación. Como mínimo, se merecerá el Ministerio de Defensa. Qué menos.

No debería haber visto de nuevo la película. Seguiría pensando en los ideales, la fuerza, la imaginación de aquellos jóvenes actores para cambiar el mundo y que, con un poco de deporte, mi desengaño desaparecería. Sin embargo, ahora conozco la explicación de mi derrota, de la de todos. Una derrota vivida entre noviembres. Confío que un cuento venga a rescatarme de mi aflicción porque, sinceramente, prefiero morir de pie…

MOI PALMERO

martes, 12 de julio de 2022

  • 12.7.22
Tras el glamour vivido en Almería, y ser el centro del mundo por la presencia de Rosalía, las miserias humanas vuelven a bajarnos del pedestal, a recordarnos quiénes somos, qué podemos esperar de nuestros gestores, las ineficaces leyes que nos rigen, el poder de la economía sobre el medio ambiente, la hipocresía frente a la belleza y la soledad, la frustración y la incomprensión a la que se enfrenta la ciudadanía.


Si Rosalía se hubiese paseado por las secas y sedientas Salinas de Cabo de Gata o se hubiese unido a las protestas en sus redes sociales, o se hubiese arrancado por bulerías en el escenario, el problema se habría solucionado en unos días, porque la vergüenza sería mayúscula y nuestros políticos se habrían dado patadas en el culo –más por el "qué dirán" que por sensibilidad ambiental– para arreglar el estropicio.

Pero ella nada sabía, como el resto del mundo, porque se escondió, se tapó y se intentó invisibilizar hasta que las evidencias, la falta de agua y la diáspora de las aves no han podido ocultarse más. Me recuerda a los famosos hilitos del Prestige de aquel presidente del Gobierno que se dejaba asesorar sobre el cambio climático por su primo. Confío en que sus herederos hayan basado su revolución verde en asesores más experimentados.

A mí Rosalía no me termina de convencer. Debe ser la edad y mi ignorancia supina, pero ni su música, ni su puesta en escena, ni su personaje llaman mi atención. Pero tengo que reconocer que es una artistaza, valiente, transgresora, segura, inspiradora, con los pies en el suelo, original y muy libre a la hora de crear y de lanzar su mensaje al mundo.

La primera vez que la vi fue en la Gala de los Goya del 2019, en aquella espectacular actuación vestida de rojo, con un coro en penumbra a sus espaldas, y cantando magistralmente la mítica canción de Los Chunguitos, Me quedo contigo. Aquella noche me cautivó y esa letra me viene ahora a la cabeza porque me debato entre "vergonzoso" y "vergonzante" para continuar –y, si me dan a elegir, no lo tengo claro, así que me quedo con los dos adjetivos–.

Es vergonzoso que reconozcan que conocían el problema hace semanas, curiosamente antes de las elecciones, y que sea ahora cuando instan de urgencia a la empresa a actuar, cuando el problema ya se ha agravado, cuando la ciudadanía se les ha echado encima.

72 horas de ultimátum a la empresa. O si no ¿qué? ¿Multa? ¿Le quitarán la concesión ruinosa de la explotación de la sal? ¿Gestionarán ellos el agua en las instalaciones para conservar la avifauna? ¿Aprovecharán que el Pisuerga pasa por Valladolid para aumentar la red de hotelitos?

Es vergonzante que se presenten como los adalides del Parque Natural cuando, desde que llegaron al Palacio de San Telmo, comenzaron a legislar para favorecer la especulación y la destrucción de los espacios protegidos –que, por cierto, sirven de poco ante situaciones como ésta porque, a pesar de que las salinas son Sitio RAMSAR, ZEPA, LIC, Área de Reserva dentro del Parque Natural o forman parte de la Reserva de la Biosfera, están en manos de propietarios y empresarios que solo buscan multiplicar sus beneficios–.

Y ya puestos, si me dan a elegir entre "sin vergüenza" y "sinvergüenzas", tampoco lo tengo muy claro, así que, por no meterme yo en otro jaleo más, añadan o quiten el espacio a su antojo, pero me parece que es de tener poca vergüenza adelantar la suelta de tortugas bobas en Mojácar y dividirla en dos días para salir en más fotos durante la campaña electoral, mientras sabían que las salinas, en unas semanas, estarían secas.

Ahora solo nos queda llorar, lamentarnos, patalear, exigir y celebrar una misa de réquiem o una rosalia por las Salinas. Las rosalias o rosarias eran unas fiestas romanas que se celebraban para honrar a los muertos. Colocaban rosas en sus tumbas para recordarlos, para que se sintiesen acompañados, queridos, para apaciguar sus almas. Una tradición que también se hacía con violetas y que luego el cristianismo adoptó en su Día de Difuntos. Quizás esas rosas le devuelvan al paisaje el color de las plumas de los flamencos que no vendrán.

Hay algunos que tuvieron claro cuando le dieron a elegir que preferían las ideas, la riqueza, la gloria y otros, como los que han llevado ante la Fiscalía a la Junta y a la empresa por inacción, los que hicieron la cadena simbólica para llenar las salinas con cubos de agua o los que se concentraron en el mirador de las Salinas porque no se fían de las falsas promesas, que eligieron, porque se enamoraron, estar a su lado, sentirse en los brazos del Cabo de Gata, con sus salinas y sus fondos marinos, con sus estepas y su sierra, con sus gentes y su biodiversidad.

MOI PALMERO

martes, 5 de julio de 2022

  • 5.7.22
Apurado por el precio de la energía, compré un botijo. Mi idea es refrescarme sin necesidad de sentirme culpable por abrir la nevera, el mismo sentimiento que me invade cuando arranco el coche o me quedo dormido durante la siesta con la televisión encendida. Sencillos gestos que, hasta hace unos meses, eran sinónimos de la placentera, regalada y merecida vida que nos ha tocado vivir y que ahora se han convertido en acciones antipatrióticas que fortalecen al enemigo.


Por un lado, me censuro pensando en mi maltrecha economía pero, sobre todo, para que Borrell no se me aparezca en sueños recordándome que reduzca el consumo de gas para no tener que importarlo de Rusia. En su momento me recordó la icónica imagen publicitaria del Tío Sam que los estadounidenses popularizaron para atraer reclutas que combatiesen contra los alemanes en la I Guerra Mundial.

Estoy seguro de que habrán visto alguna vez al hombre vestido con chaqueta y chistera, canoso, barba de chivo, que te señala y te mira con el ceño fruncido sobre el lema “Te quiero a ti para el Ejército de los EE.UU”.

Un afiche reconocido a nivel mundial, que fue lo que Biden les recordó a todos durante la Cumbre y que no me extrañaría que lo rescatasen desde la OTAN para prepararnos e involucrarnos a título individual en el conflicto en el que estamos envueltos.

Pero la gran campaña comenzará cuando pase el verano porque, a pesar de la inflación y de los disparatados precios, tenemos que seguir consumiendo para mantener la economía, para llegar al invierno contentos y apretarnos el cinturón con los estómagos satisfechos y con los recuerdos agradables aún fresquitos en el corazón. El baile antes de la tormenta.

La cumbre de la OTAN, que tanto hemos aplaudido y vitoreado porque ha beneficiado la marca España, ha sido el último aviso de lo que nos espera en el otoño y el invierno: el recrudecimiento del conflicto, la falta de suministros, el desorbitado precio de los carburantes y la energía necesaria para calentarnos, alimentarnos, sobrevivir, para seguir produciendo, para no detener el insostenible sistema económico que hemos creado.

Tras las risas, el buen rollito, las cenas de gala, las compras y el turismo por la capital, se esconde el anuncio de que lo peor está por venir; que lo imprevisible, la Tercera Guerra Mundial, es una realidad; que la amenaza nuclear que acabaría con la especie humana está cada vez más cerca; que la llegada de los Caminantes Blancos, del largo invierno, es inminente.

Como en la saga de George R.R. Martin, Canción de hielo y fuego, popularizada como Juego de Tronos en la televisión, las disputas entre los Estados queda en un segundo plano ante la aparición de un enemigo común al que tienen que combatir unidos o la especie humana desaparecerá.

En la ficción, los Siete Reinos que se alían, luchan y se traicionan por conseguir el Trono de Hierro deben aparcar sus diferencias, sus disputas, ante la amenaza de Los Otros, los Caminantes Blancos, seres sobrenaturales que quedaron replegados y vigilados tras el Muro después del pacto de los Hijos del Bosque y de los Primeros Hombres.

Una historia que nada tiene que ver con este conflicto, porque su autor comenzó a escribirla en los noventa, pero que refleja casi milimétricamente lo que está ocurriendo en la actualidad. Las intrigas, las traiciones, los pactos, los sentimientos e intereses reflejados en esas novelas no difieren mucho de lo que se ha tratado en la Cumbre de la OTAN: determinar los aliados y los enemigos; concretar quién es el que manda (que ya lo sabíamos), el que determina la estrategia ante la batalla final; qué puede aportar cada uno y las recompensas que recibirán en caso de victoria.

Una Cumbre en la que se nos ha vendido lo superficial, lo anecdótico, lo frívolo, pero en la que se han sellado los acuerdos para prepararnos para la guerra, para desplegar más de 300.000 militares por Europa, para reforzar las defensas por tierra, mar y aire. Una Cumbre que me da miedo, porque refleja la incertidumbre de nuestro futuro, un mundo a punto de estallar, otro punto de inflexión de la raza humana, otra moneda lanzada al aire.

Da igual si votaste sí a la OTAN, si gritaste “Yankee go home”, si los nuevos destructores que llegarán a Rota te parecen una oportunidad o una amenaza... La guerra, las balas, el hambre y el frío no harán distinción ninguna. Quizás no sea mala idea gastarse los últimos ahorros en unas vacaciones, disfrutar del verano que precederá al largo invierno, a la llegada de los Caminantes Blancos. Porque la otra opción es aprovisionarse de Vidriagón, hacerle caso al Tío Sam y alistarse para combatir al Rey de la Noche.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

martes, 28 de junio de 2022

  • 28.6.22
Los cetáceos (delfines, ballenas y marsopas) son los animales más queridos por nuestra especie. Desde que el ser humano empezó a surcar los mares hemos admirado su belleza, su inteligencia, su habilidad y su curiosidad. Y los representamos en pinturas rupestres, forman parte de mitos y leyendas, han aparecido en numerosas monedas de la antigüedad, decorado paredes de templos, y han sido protagonistas de grandes poemas, novelas y películas.


De igual modo, los temimos y los hemos perseguido, codiciado, masacrado, para comérnoslos, para encender nuestros candiles, como complementos de moda o para apaciguar nuestros miedos. Se encuentran al borde de la extinción, no solo por la pesca directa e indiscriminada, sino también porque hemos destruido sus hábitats, sobreexplotado los caladeros, acelerado el cambio climático y convertido los mares y océanos en auténticos vertederos. Pero lo más trágico y vergonzoso que hemos hecho contra ellos ha sido encerrarlos, convertirlos en mascotas, en objetos de entretenimiento, en experimentos de laboratorio.

Con la excusa de la ciencia, del conocimiento, y respaldados por los principios morales y éticos de la religión, que nos erigieron en el centro de la creación y por encima del resto de los seres vivos, les hemos robado la libertad que tanto soñamos.

El 4 de julio se celebra el Día Mundial contra los Delfines en Cautividad, con el doble objetivo de liberar a los individuos de su esclavitud para ofrecerles una vida digna, y de cerrar todos los delfinarios del mundo. España es el país de Europa con más instalaciones, 11 de 30, y con más número de cetáceos cautivos: el 55 por ciento los explotamos aquí. Mientras muchos países están legislando contra este tipo de prácticas, el nuestro sigue amparando y protegiendo este negocio millonario.

Una española de 13 años, Olivia Mandle, ha lanzado la campaña #NoEsPaísParaDelfines, para exigir a nuestros dirigentes que acaben con esta tortura. Hasta el momento, ha conseguido más de 120.000 firmas y trabaja de forma incansable para alcanzar su objetivo. Desde aquí, mi admiración por su constancia, su generosidad, su dedicación y su ejemplo.

Es una lucha en la que no está sola, que no es nueva, ya que son muchas décadas de reivindicaciones en las que desde diferentes colectivos y organizaciones se está trabajando para evitar el sufrimiento innecesario. El mayor embajador de este movimiento en el mundo es Ric O´Barry, que fue uno de los que fortaleció la industria del entretenimiento con delfines y que, tras las experiencias vividas, se dio cuenta del error que habíamos cometido.

O´Barry los capturaba para el acuario donde trabajaba y luego fue el entrenador de las cinco hembras (son más dóciles, menos agresivas y pueden reproducirse) que protagonizaban la serie Flipper. Durante siete años convivió con ellas a diario, confirmando no solo su gran inteligencia, sino demostrando que tienen sentimientos, que son generosas y que tienen su propia personalidad.

En su libro Tras la sonrisa del delfín cuenta cómo las capturaba, cómo las adiestraba haciéndolas pasar hambre; cómo empezó a comprenderlas, a hacerse preguntas sobre si lo que estaba haciendo era ético. Remordimientos que, durante mucho tiempo, apaciguó con los beneficios que obtuvo, pero que se fueron haciendo insufribles desde que Khaty, una de esas delfinas, se suicidó en sus manos.

Tras la serie las separaron, rompiendo los vínculos, la familia que habían creado y obligándolas a realizar los espectáculos para comer. Deprimida y enferma, una mañana se despidió, lo miró a los ojos y dejó de respirar, ya que ellos son conscientes de su respiración, no como nosotros, que lo hacemos de forma automática.

Desde entonces se dedicó a liberar delfines, a desentrenarlos para que pudiesen volver al mar, a convertirse en estandarte de la lucha contra la cautividad. Algunas de sus acciones lo llevaron a la cárcel, pero no se rindió.

Grabó un documental, The Cove, que obtuvo un Oscar y que refleja la barbaridad que se lleva a cabo en Taiji para capturar los delfines que venden como carne de ballena para el consumo, y donde seleccionan los más bonitos que terminarán en los delfinarios del mundo. Si eres capaz de ver el documental entero, quizás te plantees llevar a tus hijos a un acuario para ver la falsa sonrisa de los delfines. Cada entrada legitima la barbarie.

Soledad, estrés, hambre, humillación, depresión, suicidios, muertes prematuras, numerosas enfermedades, ataques a sus entrenadores, limitaciones para nadar, comunicarse o desarrollar su anatomía... Estas son algunas de las consecuencias de la cautividad de los cetáceos porque, como dicen desde la Asociación Promar, su lugar es el mar y allí deben vivir. No a la cautividad.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 21 de junio de 2022

  • 21.6.22
Unos 37.000 aspirantes al Cuerpo de Maestros de la Junta de Andalucía se han presentado para optar a una de las 2.538 plazas ofertadas. Atrás quedan meses, años, de preparación, de estudio, de unidades didácticas, de nervios, de sueños, de ilusiones, de esperanzas. Ahora toca morderse las uñas: es el momento de la nerviosa e impaciente espera, del instante que cambiará sus vidas.


Una historia personal detrás de cada uno de los opositores hasta llegar a este momento y a partir de las notas obtenidas. Habrá quien consiga su plaza; quien apruebe, pero quede de interino; quien suspenda, pero también entre de interino porque en su especialidad falten profesionales; quien decida seguir preparándose para la próxima convocatoria; quien tire la toalla; quien no pueda intentar volver a presentarse porque la necesidad aprieta y hay que ponerse a trabajar.

Confío en que los que aprueben sean los que entraron por vocación en el Grado de Magisterio, los que creen en la educación como la única solución para cambiar el mundo; los que estén convencidos de que nacieron para enseñar, para educar, para guiar y acompañar a sus alumnos y familias.

Puede parecer evidente que nadie se presenta a unas oposiciones como éstas si no te gustan los niños, si no te gusta enseñar. Pero, por desgracia, sabemos que no es así, que muchos estudian Magisterio porque no le llegan las notas para lo que aspiraban, o que vuelven rebotados de grados que pudieron con ellos. O porque parece un trabajo sencillo, con un sueldo y unas vacaciones interesantes.

Magisterio nunca aparece entre las máximas notas de corte de nuestras universidades, cuando debería estar entre las más exigentes para entrar en ella. Necesitamos los mejores maestros para alcanzar la excelencia, para que nuestros hijos desarrollen sus capacidades y se conviertan en los grandes pensadores y profesionales del futuro.

Necesitamos a los mejores en las escuelas para transformar la decadente sociedad en la que vivimos, donde la injusticia, la desigualdad, la falta de valores, de conciencia social, de participación ciudadana, campan a sus anchas.

Necesitamos a los mejores para afrontar el momento trascendente de la historia de la humanidad en el que nos encontramos. Y los necesitamos motivados, libres, sin ataduras y con las mejores herramientas y recursos a su alcance.

Necesitamos a los mejores para hacernos mejores, y no se puede esperar más, porque nuestros niños y jóvenes están desmotivados, porque la realidad les está dejando sin opciones, porque la escuela se ha convertido en un trámite cada vez más sencillo de transitar, con unos objetivos mínimos anclados en el pasado y no actualizados a la realidad con la que se mueve el mundo.

Confío en que los aprobados no se dejen influenciar por los maestros de otra generación que se cansaron de ser ninguneados, desprestigiados, infravalorados por unas leyes, unos políticos, una sociedad que les perdió el respeto, que los convirtió en burócratas, en cuidadores de niños; que les quitó la autoridad ante padres mal informados, equivocados, maleducados, consentidores, prepotentes, que consideran que tienen la capacidad para decirles cómo deben hacer su trabajo.

Confío en que los nuevos maestros tenga ganas de reimaginar la educación, que piensen más allá de su centro, que trabajen en equipo, en red; que apliquen las nuevas herramientas pedagógicas aprendidas en las universidades.

Confío en que no pierdan la fuerza, la energía, la ilusión, y que tengan la capacidad, la imaginación, la creatividad, el atrevimiento para equivocarse, de adentrarse en nuevos senderos, de abrir puertas y ventanas que no nunca debieron cerrarse, y cerrar las que nunca debieron abrirse.

Confío en que sean autocríticos, que conozcan sus limitaciones, que no se dejen vencer por ellas, que borren las palabras "imposible", "inalcanzable" y "prejuicio" de sus diccionarios, que busquen el asesoramiento, las ayudas, la colaboración, el apoyo para que sus ideas, por locas, disparatadas y trabajosas que parezcan, no queden en los cajones del olvido.

Confío en que nos les pese el trabajo extra, el minutero, la envidia de los resignados y los dejen trabajar. Que no les pongan más piedras en el camino salvo las que se necesitan para construir los puentes que salven las fronteras, los pozos y fuentes que rieguen las semillas, las bibliotecas donde salvaguardar lo aprendido, los parques y jardines que oxigenen nuestras formas de entender el mundo y las ágoras donde debatir, dialogar y compartir el conocimiento, crear alianzas y combatir la incultura, el desaliento y la incertidumbre.

Confío en que sepan, y que no olviden jamás, que en sus manos está nuestra esperanza para no sucumbir al abismo.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 14 de junio de 2022

  • 14.6.22
Para conmemorar el Día de los Océanos se han realizado diferentes limpiezas de playas por todo el territorio español. Entre todas las basuras recuperadas, una de las más preocupantes son las llamadas redes fantasmas. Nasas, hilos, cuerdas de diferentes grosores, aparejos completos, anzuelos, plomos y flotadores son, por desgracia, habituales en nuestras costas y fondos marinos, provocando lo que se conoce como la "pesca fantasma".


Se calcula que cada año se vierten al océano más de 10 millones de toneladas de basura, 200 kilos cada segundo. El 82 por ciento de estas basuras marinas son plásticos. El 80 por ciento proviene de tierra a causa de la mala gestión de nuestros residuos y el 20 por ciento restante se origina en el mar, a través de actividades como la pesca y el transporte marítimo.

Según un informe de Greenpeace, el 10 por ciento de las basuras marinas, unas 640.000 toneladas, corresponden a las redes perdidas o desechadas que, cada año, acaban en nuestros mares y océanos, provocando la muerte de unos 136.000 mamíferos marinos, tortugas y focas.

Un ejemplo gráfico lo tenemos en lo que sucedió hace tres semanas en las costas de Mallorca, donde una ballena jorobada, de 12 metros de longitud y 25 toneladas de peso, quedó atrapada en una red de deriva, prohibidas en nuestras costas, y tuvo que ser rescatada por buceadores de la Fundación Palma Aquarium.

Una semana después de este rescate heroico, apareció en las costas valencianas incapaz de nadar, extremadamente débil, muy parasitada y con diferentes heridas por su cuerpo, muriendo sin haber podido hacer nada por ella.

Aprovechando que esta semana se celebra el Día de las Tortugas Marinas, no nos podemos olvidar de la tortuga boba que nada en el Aquarium de Roquetas de Mar. A Juan –así la conocen gracias a la persona que llamó al 112– le falta una aleta que hubo que amputarle al quedar atrapada en una red. Una historia con un final feliz, pero que podría ser más bonito si la liberasen y pudiese nadar en aguas abiertas.

Las redes fantasmas provocan atrapamientos, heridas, asfixia, falta de movilidad, imposibilidad de escape ante la presencia de depredadores, dificultades para la captura de alimento y la muerte por inanición.

Son asesinas silenciosas que afectan a otras muchas especies que, a veces, pasan desapercibidas como corales, cangrejos y también a las aves marinas que se tragan peces con anzuelo que los pescadores no se han cobrado o que, con sus patas, se enredan en los hilos abandonados que en muchas ocasiones se llevan a sus nidos, afectando a sus pollos.

Otras de sus víctimas accidentales son los perros, que se tragan algún anzuelo mientras pasean por la playa, provocándoles desde pequeñas heridas en la boca hasta operaciones porque el gancho se ha quedado atrapado en el esófago o en el estómago.

Un problema de difícil solución ante el que hay que empezar a tomar medidas. Una de ellas sería la de buscar nuevos materiales para la fabricación de redes. Antiguamente se fabricaban con cáñamo, pero la versatilidad del plástico, como ha pasado en el resto de sectores económicos, lo ha cambiado todo, aportándonos muchas ventajas y otros muchos perjuicios.

Otra de las medidas que se piden para solucionar el problema es la de acordar un ambicioso Tratado Global del Océano, que garantice una protección integral de la vida marina en aguas internacionales. No podemos olvidar que el 95 por ciento de los mares y océanos es desconocido para el ser humano y que solo un 1 por ciento de lo mal conocido tiene alguna figura de protección.

Y, por supuesto, lo que hace falta es una mayor concienciación por parte de todos, aunque principalmente de los pescadores que son los primeros interesados en conservar los mares. Denunciar las artes ilegales, las malas prácticas de algunos esquilmadores –que no pescadores–, informar de las coordenadas donde pierden las redes para que se puedan rescatar, no abandonar las estropeadas en alta mar o marcarlas con GPS, sería de gran ayuda.

Los océanos son los grandes desconocidos, pero de su conservación depende nuestro futuro. En ellos surgió la vida y posibilitaron que se crease la atmósfera respirable que nos protege, nos ayudan a regular la temperatura del planeta, protegen el 80 por ciento de la biodiversidad y capturan el dióxido de carbono que está provocando el cambio climático.

Una red espera desde hace tres años enterrada en una playa del Cabo de Gata. Sabemos que tiene los restos de algún animal atrapado, pero la pandemia y la falta de coordinación han impedido que la saquemos. En su momento se denunció, pero ahí sigue, así que al final dependerá de la ciudadanía, de que un día carguemos las palas en un tractor y hagamos lo que tenemos que hacer. Quizás sea este verano.

MOI PALMERO

martes, 7 de junio de 2022

  • 7.6.22
La radio está entrando en los centros educativos y, si la miman un poco, ha llegado para quedarse, porque es una herramienta educativa de garantías y ofrece un gran número de oportunidades para el aprendizaje de los alumnos. Tanto es así que la Universidad de Almería creó en 2021 la Red de Radios Escolares para darle cobertura, apoyo y formación a los docentes que están dedicando su tiempo, y su esfuerzo, para sacar estas pequeñas emisoras adelante.


Además, esta Red tiene como objetivo establecer vínculos colaborativos entre los centros y darle visibilidad al trabajo que hacen los alumnos, posibilitando que sus podcasts lleguen a un público mayor. Aunque en estos programas lo importante no son las audiencias –y, si me apuran, ni siquiera el producto final–, sino el proceso educativo, las habilidades, los valores, las aptitudes, las actitudes y las competencias adquiridas por los alumnos, sin olvidarnos del orgullo y la motivación de que valoren tu trabajo y de tener la oportunidad de ofrecerlo al mundo.

Con permiso del resto de centros escolares que llevan varios años apostando por la radio, utilizo el ejemplo del CEIP La Canal de Vícar que, este curso, ha puesto en marcha el Taller de Radio y Educación Ambiental: Radio La Canal. Ha sido gracias al programa Impulsa de la Junta de Andalucía, del Ministerio de Educación y del Fondo Social Europeo. Este programa está dirigido a los centros educativos que se encuentran en zonas Eracis, donde se registran situaciones graves de exclusión social.

Es un centro pequeño, de una sola línea y casi la totalidad de los alumnos son de origen magrebí, que viven en las barriadas que hay diseminadas entre invernaderos por el municipio de Vícar. Muchos de ellos, a pesar de haber nacido en España, no hablan bien el español, por lo que la radio se ha convertido en una herramienta para trabajar la oralidad, la comunicación, la escritura, la escucha, la creatividad, la improvisación, la colaboración, el trabajo en equipo, las emociones, el diálogo, la responsabilidad y la autoestima.

Hacer un programa de radio no es sentarse delante de los micrófonos a improvisar una conversación, sino que necesita de un gran trabajo previo de toma de decisiones. Decidir de forma conjunta sobre qué contenidos se trabaja ya es importante, pero luego necesita el tiempo pausado para planificar y elaborar el guion que les ayudará a la hora de grabar.

Y tras la grabación viene el momento de la edición, del montaje final que llegará al público. Un largo proceso que, de manera entretenida, sin apenas darse cuenta, está posibilitando al alumnado aplicar lo aprendido en las aulas.

Montar un pequeño estudio no es complicado gracias a los adelantos tecnológicos. Si me apuran, con un móvil, un micrófono y un programa de edición se pueden hacer audios muy profesionales. Por supuesto que si se dispone de una pequeña sala insonorizada y con buenos equipos de grabación, los resultados son mucho mejores. Pero, insisto, cuando escuchen un programa de radio escolar no se queden en lo superficial, en si el sonido es bueno o no: evalúenlo por todo ese trabajo que han realizado los alumnos y los profesores para poder ofrecerlo.

Estos chavales de Vícar, desde 3º de Primaria hasta 2º de la ESO, han realizado programas sobre los cetáceos y las tortugas marinas del Mar de Alborán; sobre Punta Entinas Sabinar; sobre las Cuevas de Sorbas... Incluso se han presentado a un concurso para responder por qué necesitamos un bosque en la Sierra de Gádor.

Han contado los cuentos que prepararon para el Día del Libro; han hablado del Día de Andalucía y han cantado su himno; han entrevistado al alcalde de Vícar; han creado sus propios programas de radiofórmula para sus excursiones;, han debatido sobre los elementos que pondrían en su cole nuevo; han grabado cuñas solidarias sobre reciclaje, machismo, o comportamiento. Y, para despedirse del taller, han hablado sobre qué harán durante sus vacaciones.

Han grabado en su pequeño estudio improvisado, en el patio del colegio, en su propia clase y, gracias a ese trabajo invisible de colaboración entre el Ayuntamiento y los centros escolares, han conectado con el programa de Cuerpos Especiales a nivel nacional.

Quizás ninguno salga locutor de radio, pero ese no es el objetivo: lo primordial es el proceso, las emociones vividas, el conocimiento adquirido, las habilidades de comunicación que pueden facilitarle su vida, las que pueden cambiar el mundo. Enhorabuena a todos los que hacen posible que un programa de radio escolar llegue a nuestras casas.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 31 de mayo de 2022

  • 31.5.22
En la semana que celebramos el Día del Medio Ambiente, la carretera de El Cañarete, que une Aguadulce con Almería, se presenta como el mejor ejemplo para entender lo que significa el decrecimiento, la última oportunidad para intentar salvar nuestra sociedad, nuestra especie.


El planeta no está en peligro, porque es capaz de autorregularse, como lleva haciendo millones de años. Los que corremos el riesgo de desaparecer somos nosotros y conservar nuestro planeta, no cambiar las condiciones que conocemos, es la manera más sencilla para sobrevivir más tiempo.

El decrecimiento es una corriente de pensamiento que, en los años setenta, empezó a cuestionar y criticar el crecimiento continuo de nuestra economía en un planeta limitado, augurando el colapso social, económico y ambiental, de no cambiar el estilo de vida imperante, basado en el consumismo de los recursos naturales, en el derroche energético, en la individualidad y en la nula distribución de la riqueza.

Decrecer no significa volver a las cavernas, como muchos se piensan, o perder la calidad de vida de la que disfrutamos. Decrecer significa cambiar de modelo económico para que el Producto Interior Bruto (PIB), la productividad, la competitividad, la urgencia no primen por encima de nuestra salud, la conservación de los ecosistemas y la justicia social. Decrecer significa cambiar a escala local nuestra economía y reformular nuestra escala de valores donde el tener no esté por encima del ser.

Las emergencias climáticas, sanitarias, y económicas, entrelazadas las unas con las otras, que hemos vivido en los últimos años, son el aviso de que el colapso de nuestro modelo está cada vez más cerca, porque la globalidad nos debilita y nos hace dependientes de los caprichos de un fanático expansionista que amenaza con destruirlo todo si no se sale con la suya.

La guerra de Ucrania, con la escalada del precio de los combustibles, y el aumento de la inflación, nos están empujando al decrecimiento forzoso, y nos están demostrando, como ocurrió durante la pandemia, que se puede vivir con menos. La pena es que este decrecimiento no parte del convencimiento, sino de la necesidad, por lo que volveremos a las andadas en cuanto podamos.

El desprendimiento de las rocas de El Cañarete, el anuncio de las obras que se alargarán 28 meses y las reivindicaciones ciudadanas han devuelto a la primera plana la necesidad de reformular la movilidad en nuestra provincia. El cierre de esta carretera está volviendo a provocar las retenciones en la autovía con los consiguientes perjuicios de tiempo, de estrés y económicos para todos.

La propuesta para solucionar de una forma definitiva el problema la apuntan inteligentemente los vecinos afectados, y no es otra que apostar por el transporte público frente al vehículo individual. Y van más allá, porque apuestan por el tren de cercanías frente a la construcción del tercer carril de la autovía.

Esa alternativa es apostar por el decrecimiento, porque aumentar la capacidad de nuestras carreteras es invitarnos a seguir consumiendo coches, a vendernos la importancia de la individualidad, a presumir de estatus por el modelo que conduzcas.

El coche individual es la peor inversión que podemos hacer a nivel personal y colectivo. Nada más sacarlo del concesionario ya hemos perdido parte de nuestro capital, y seguirá bajando a medida que pasen los años. Si le sumamos los gastos de mantenimiento, el seguro y nuestra preocupación para que duerma bajo techo, se convierte en un pozo sin fondo, sin contar con los quebraderos de cabeza y el estrés que nos provoca cuando nos movemos por las ciudades e intentamos encontrar aparcamiento.

Si lo valoramos a nivel social, los coches son uno de los grandes causantes de nuestros problemas, por la creciente necesidad de recursos materiales, porque provocan el aumento del cambio climático, por la continua quema de combustibles fósiles y por la generación de residuos como los aceites y neumáticos que no sabemos qué hacer con ellos.

La solución no es cambiar al coche eléctrico: la solución es ir eliminando los coches individuales de nuestras vidas y, para eso, tenemos que crear alternativas para movernos de forma efectiva y sostenible por nuestras ciudades, por la comarca.

Apostar por el transporte urbano, por el tren de cercanías en el poniente de Almería, es apostar por unas ciudades más amables, donde el peatón recupere las calles, donde el espacio que ocupan nuestros coches lo aprovechemos para parques y jardines, para el uso de la bicicleta, para que nuestros niños vuelvan a jugar como nosotros lo hicimos, sin miedo a ser atropellados.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

martes, 24 de mayo de 2022

  • 24.5.22
Las lluvias de abril han hecho florecer rincones de la ciudad que parecían impensables. Las semillas aletargadas aguardaban en los canalones, en los agujeros del asfalto, en los tejados o en cualquier descampado. Jaramagos, malvas, vinagreras, amapolas han llenado las calles de colores y nos han animado el paseo rutinario, nos han devuelto la primavera y han sorprendido a los jardineros creciendo más allá del riego por goteo y de los diminutos alcorques de cemento con los que constreñimos a nuestros árboles.


Es la naturaleza invisible de las ciudades la que, poniéndonos trágicos, invadirá todo cuando no estemos, la que permite que millones de insectos se cobijen y sean alimento de gorriones, mirlos o de las golondrinas que vuelven de sus migraciones.

Son la esperanza para regenerar la vida, la belleza, la alegría, la tierra que cubre nuestras ciudades y, sin embargo, las llamamos "malas hierbas" solo por su rebeldía, por su espontaneidad, por ser contestatarias y crecer donde no las queremos y en los momentos más inesperados.

Empleamos tiempo y dinero para eliminarlas, llegándolas incluso a fumigar con herbicidas que atentan contra nuestra salud, a pesar de que está demostrado que refrescan las ciudades, disminuyendo la temperatura, purificando el aire contaminado que respiramos y mitigando las consecuencias del cambio global que nos está poniendo contras las cuerdas.

En un bosque todos quieren ser árboles, cuanto más altos y poderosos, mejor. Pero para que haya un bosque en equilibrio deben aparecer los líquenes, las hierbas, los arbustos que, con sus raíces, prepararán la tierra, aireándola, abonándola, enriqueciéndola. Que con sus hojas realizarán la fotosíntesis, haciendo respirable nuestra atmósfera.

Estratos de vegetación que cobijarán millones de insectos que los polinizarán, que serán el alimento de otros muchos animales y estos, a su vez, moverán las semillas en sus estómagos, entre sus plumas, enredadas en el pelo que los calienta.

Y mientras llueva, sople el viento y brille el sol, el ciclo se repetirá una y otra vez, protegiendo el bosque de los iguales, el bosque inmortal, el bosque del futuro, el bosque protector. El que te alimenta, el que calma tu sed, el que te calienta, el que te relaja, el que te abriga, el que te cuida.

No nos sobran árboles, ni malas hierbas, ni mucho menos bosques en Almería y, sin embargo, hay que pelear en el juzgado para que no los talen en la Plaza Vieja. Para ellos, para los que creen que conservar la naturaleza, que defender el patrimonio ambiental y cultural, es de inmovilistas, estos ficus, sean centenarios o no, son malas hierbas que deben ser eliminados de la ciudad porque impiden su desarrollo, su progreso.

Para el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), para los Amigos de la Alcazaba, del Bicentenario de los Coloraos y de Ecologistas en Acción tienen “valor ambiental” por sí solos, “mejoran la calidad de vida” de los almerienses y “son parte del patrimonio que debemos proteger”.

Técnicamente, es una zona ajardinada, pero para mí conforman el Bosque de la Plaza Vieja, el bosque del casco histórico, el Bosque de los Veintiún Sabios que nos han enseñado que nuestros dirigentes viven anclados en el pasado, donde la naturaleza no tiene cabida, donde el progreso se mide en toneladas de cemento y donde la vida es menos agradable, menos bella, mucho más calurosa y el trino de los pájaros no se escucha.

Nos han enseñado que nuestros dirigentes no conocen las leyes o se las saltan a su antojo porque saben que no habrá consecuencias. He aprendido que no les gusta escuchar a la ciudadanía y que para ellos, parte de sus vecinos son malas hierbas que arrancarían con gusto de sus calles.

Pero también he aprendido que la fuerza de la democracia, del bosque, reside en la participación, en el diálogo, en el trabajo en equipo, en la colaboración, en la justicia y que los gobernantes deben ser gobernados, porque la inteligencia no se mide por el número de votos o por los pactos inmorales que puedas hacer con ellos.

Quizás no sea un árbol, pero me siento un elemento esencial del bosque. A veces soy una roca, un liquen, la nieve o formo parte del aire que respiras. Otras veces soy una hierba, o el viento, o una hormiga, un arbusto, un rayo de sol.

Hay días que me levanto imaginando que soy un zorro, la lluvia, una libélula, la raíz que te alimenta, una semilla, un fruto, un puñado de abono, una hoja mecida por el viento o la esperanza de una gota de agua. Quizás no sea un árbol, pero formo parte del bosque, soy un elemento prescindible pero esencial. Soy, como tú, aunque quieras negarlo, parte de la naturaleza y juntos, somos más fuertes, invencibles, juntos somos un bosque, el bosque de los iguales.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

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