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jueves, 4 de enero de 2018

  • 4.1.18
Los lamentables atentados acaecidos a lo largo del pasado año 2017 hacen que las celebraciones públicas de los distintos eventos de Navidad, Nochevieja o Reyes hayan estado sometidos a amplias medidas de seguridad, sobre todo en las grandes ciudades en las que vistosos y coloridos mercadillos acaparan la atención de los visitantes.



Bolardos, jardineras y vallas son algunos de los obstáculos que pueden impedir la entrada de vehículos potentes a las zonas concurridas en estas fiestas. Madrid ha sido un botón de muestra en la despedida del año, con limitación de aforo, registros y controles varios. Siempre hay que estar preparados por si las moscas. Los atentados de Cataluña están aún calientes. Por desgracia, el terrorismo no duerme.

Algunas ciudades europeas son centro de atracción turística por dichos mercadillos de Navidad: Berlín, Viena, Praga, Budapest, Copenhague, Colonia o Múnich (este último data del siglo XIV). Hay muchos más repartidos por otras tantas ciudades. En nuestra geografía también abundan y hay una gran variedad y colorido en las actividades alrededor de ellos.

Añadido a la zozobra por la seguridad, en nuestro país se suma la discusión en cuanto al tipo de representación que queremos o dejamos de querer. Un año más, las tradicionales Cabalgatas de Reyes, que se remontan al siglo XIX, están marcadas por la polémica entre modernidad y tradición y/o desaparición.

La primera celebración de este tipo tuvo lugar en Alcoy. En Granada aparecen en 1912 con el objetivo de recaudar juguetes para niños pobres. Los Zambomberos amenizan el recorrido por Casavieja (Ávila) tocando zambombas. En Churra (Murcia), los Reyes son los protagonistas, junto con los vecinos, de la representación del Auto Sacramental de los Reyes Magos.

Pese a los aires de modernidad que puedan desear e intentar bombardear dicha fiesta, a día de hoy es una tradición multitudinaria arraigada en todo el país. Hasta surge pelotera por si deben venir en burro, en camello o de cualquier otra manera o ¿es mejor que no vengan?

En las poblaciones donde han decidido que el centro de la fiesta lo ocupe la tradicional Cabalgata de Reyes Magos, éstos pueden llegar a su destino por tierra, como en el interior de Andalucía, a bordo de un helicóptero como en Gijón, o por mar, si la costa está próxima como en Mahón.

En fin, sea como sea y lleguen por donde puedan y les dejen, que no falten caramelos, dulces, confetis y globos para hacer más atractivo el evento. La alegría de los pequeños es lo que cuenta. Aunque parece ser que en alguna población han prohibido arrojar caramelos por el daño que puedan hacer a los espectadores. ¿Precavidos que son?

La magia de la Navidad pues, finalizará con las cabalgatas de Reyes Magos, algunas de las cuales están declaradas “Fiesta de Interés Turístico Nacional”, como la de Santillana del Mar, en Cantabria, o la de Alcoy, en la Comunidad Valenciana. Tomando como referencia y fuente de información su página oficial del Área de Turismo, doy unas pinceladas sobre ésta última.

Sobre la Cabalgata de Reyes de Alcoy (Alicante) disponemos de datos que la sitúan ya en 1866 y se viene celebrando ininterrumpidamente desde 1885. Esta fiesta centenaria es la más antigua de España y, posiblemente, del resto del mundo. Fue declarada en 2001 "Fiesta de Interés Turístico Nacional" y está catalogada como Bien Inmaterial de Interés Cultural. El pueblo entero se entrega a su celebración.

Esta actividad navideña ofrece cuatro momentos importantes y atractivos: el “Betlem de Tirisiti”, “Les Pastoretes”, el “Pregó del Tío Piam” y la Cabalgata de Reyes propiamente dicha. El inicio de la Navidad arranca con las representación del llamado “Betlem de Tirisiti” declarado Bien de Interés Cultural. Dicho Belén consiste en un teatro de marionetas de varilla donde se mezclan costumbres actuales y de épocas pasadas de esta bonita ciudad.

“Les Pastoretes” (Las Pastorcillas) es otro acto peculiar de esta fiesta, que se remonta a 1889. Se trata de una cabalgata infantil muy concurrida en la que niños y niñas vestidos de pastorcillos desfilan sobre carros engalanados y en grupos de baile. Dicho acto se celebra el domingo anterior al 5 de enero a partir de las doce de mediodía y termina en la Plaza de España, donde está instalado el Belén viviente.

Durante el trayecto reparten caramelos y aleluyas. Las viñetas o estampas llamadas "aleluyas" eran frecuentes en el siglo XIX y parte del XX para instruir a un pueblo inculto. Se trata de impresos sueltos con series de imágenes sobre un tema concreto, en este caso sobre el nacimiento.

El día antes a la Cabalgata tiene lugar el “Pregó del Tío Piam”, también llamado “La Burreta” (La Burrita), proclamando la llegada del Embajador Real que será recibido por un grupo de hombres y mujeres vestidos con la indumentaria tradicional y a los que acompañan personajes del Betlem de Tirisiti. El Embajador recorrerá las calles del pueblo anunciando la llegada de los Reyes. Este acto fue recuperado en 1996.

El Bando Real, que se celebra desde 1924, es el preludio de la Cabalgata de Reyes. Al final del cortejo desfilan unas burritas con buzones para que los niños depositen su carta pidiendo juguetes. A los pajes reales negros que engrosan la comitiva cariñosamente se les llama “Els Negres”. En lontananza se perfila la Sierra de Mariola donde brillan las hogueras del campamento que espera la llegada de los Reyes.

Al anochecer del día 5, los Reyes de Oriente entran en la ciudad montados en magníficos camellos. La comitiva está formada por músicos, antorcheros, pastorcillos y pajes con largas escaleras para acceder a los balcones con los regalos. Como hecho singular, el rey Baltasar, conocido como “el Rei Negre”, desfila en el centro, entre los otros dos reyes. En dicho desfile participan más de mil personas y dura unas cuatro horas.



Durante el recorrido, que arranca en la zona del Camí recorren la ciudad hasta terminar en la Alameda. Los padres aúpan a los pequeños para saludar a los Reyes Magos. Estos bajan de sus camellos en la Plaza de España, donde está situado el Belén, para dejarle al Niño oro, incienso y mirra.

Bengalas portadas por el público y fuegos artificiales ponen la nota mágica a la noche que termina con la música de El Mesías de Händel. Magia, ilusión, alegría engalanan los rincones de la ciudad. La participación popular es absoluta.

Finalizo remarcando algunas de las curiosidades de esta fiesta, además de la ya citada colocación de los Reyes en el orden de desfile y la escalada de los pajes (Els Negrets) hasta los balcones para dejar los regalos. Cada año, el Ayuntamiento convoca un concurso para premiar el mejor cartel anunciador de la fiesta. El cartel ganador se pondrá en la fachada de la Casa Consistorial durante las fiestas.

Desde 1887 se coloca en la fachada del edificio del Círculo Católico de Obreros un telegrama que anuncia a los niños la inminente llegada de sus Majestades. El Bando Real declamado repetidamente por el emisario, es una pieza literaria de versos en valenciano y del que se hace una edición en papel para repartirlo entre el público que presencia la actividad.

La noche anterior al sorteo de Navidad se reúnen familiares y amigos para celebrar la llamada “Cena del Pobre” como augurio para desear suerte en el sorteo de “El Gordo de Navidad”. La cena se compone de sardinas, huevos fritos y “pericana”, elaborada con pimiento seco, bacalao, ajos y aceite. Manjar exquisito, doy fe de ello. Abundan dulces variados, el turrón y las ya famosas peladillas de Alcoy.

Tanto la “Cabalgata de Reyes Magos” como la “Fiesta de Moros y Cristianos” que se celebra en primavera en honor del patrón San Jorge y que está declarada desde 1980 de Interés Turístico Internacional, son eventos de honda raigambre en el acervo cultural de esta ciudad.

Esta última ha tenido sus detractores desde lo políticamente correcto, al igual que otras del mismo estilo celebradas en la Comunidad Valenciana. Estamos ante unas fiestas con una antigüedad centenaria y muy arraigadas en el sentir popular de Alcoy.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

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