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sábado, 7 de octubre de 2017

  • 7.10.17
Siempre que estoy delante del mar y mis ojos se pierden en las olas, en sus subidas, en sus rompimientos de espuma hechos de puntillas y volantes, noto dentro de mí el agua de la que estoy hecha, cómo se mueve... Es como si quisiera imitar a su hermana salada. Si me dejo hipnotizar, si me abandono al bamboleo, dejo de tener contornos y me vuelvo mar, libre para experimentar, para ser asimétrica, para sentir el viento haciéndome cosquillas en mi superficie.



La luna me hace ir hacia el cielo y me deja caer; en mi fondo la arena se deja mecer con una sonrisa, los peces me habitan a mí y yo a ellos; las gaviotas entran y salen con su botín. No tengo que hacer nada, todo ocurre. Me quedo ahí suspendida durante una eternidad...

Para volver de esa transformación, de la que no querría despertar nunca, existe una única puerta: mi respiración. Inspirar y expirar va dando forma a mi piel, va recubriendo mi agua, los pies enterrados empiezan a moverse, el epitelio transmite al cerebro, que se despereza, que la brisa empieza a ser fría, los ojos se abren y se llenan de naranjas diluidas en rosas. El horizonte promete un púrpura oscuro.

Me abrigo con mi toalla ligeramente húmeda, la intensidad del momento atrapa mi alma que quiere pertenecer a ese lugar, impidiéndome izarme, pero el instinto de supervivencia tira de mí y me levanta. No me puedo resfriar.

Subo al apartamento sintiendo aún el frío y la humedad en mi piel que poco a poco se va escurriendo hacia mis huesos y sé que viene un momento de cariño, un instante de cuidado, de quererme. Abro el grifo del agua caliente y me meto debajo de la lluvia de la ducha, cierro los ojos y me concentro en ese calorcito que va bañando mi pelo, mi cara, mi cuello, mi espalda, mi pecho, mis piernas y va empujando fuera el frío y va activando mi corazón que de nuevo hace su presencia convertido en sol dorado, como en esas preciosas películas mudas de Georges Méliès. Mi corazón me hace sentir viva y me habla de esperanza y de sueños por cumplir.

¡Ay! ¡Cómo echo de menos el Mediterráneo! Il me manque...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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