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domingo, 23 de julio de 2017

  • 23.7.17
Llevo cuatro décadas en la Universidad de Córdoba formando a futuros docentes en el ámbito de la Educación Artística y veo cercano el final de mi tiempo académico (aunque no de investigación en los temas que me apasionan) y, tristemente, compruebo que la enseñanza de esta materia no ha avanzado nada, o prácticamente nada, en la mayor parte de los centros de enseñanza.



Y esto es algo que no acabo de comprender. Cuando recibo alumnos y alumnas con becas de Erasmus que vienen de otros países, y solicitan matricularse en alguna de las asignaturas que imparto, tienen la convicción de que llegan a uno de los países de los grandes pintores que ha dado la historia. Velázquez, El Greco (de adopción española), Goya, Picasso, Dalí, Miró… son nombres que perfectamente conocen. Sin embargo, la escasa relevancia, incluso marginación, de la Educación Artística y las Artes Plásticas y Visuales en la enseñanza obligatoria les resulta incomprensible.

Este es un mal endémico difícil de erradicar, y que, en mi opinión, continuará por tiempo indefinido, pues no hay nada que apunte a que académicamente vaya a cambiar. La libertad y el pensamiento crítico, la creatividad, la imaginación, la fantasía… son cualidades mal vistas en nuestro rígido sistema educativo. No hay visos de que, por ejemplo, el conocimiento de la imagen (algo totalmente inserto en nuestra vida cotidiana) penetre en las aulas, a pesar de encontrarnos en un mundo en el que gran parte de los medios de comunicación la utilizan.

No quiero ser pesimista, sin embargo, la realidad es que, año tras año, compruebo que los estudiantes a los que tengo que formar en su gran mayoría carece de las nociones más elementales de los fundamentos de la composición, del dibujo, del significado de los colores y las formas… Esto me obliga a empezar casi desde cero, pues tienen interiorizado, como si fuera un mantra, que “el dibujo no se les da”.

Dado que soy de talante “voluntariamente optimista”, en alguna ocasión cito a Mariano José de Larra, que acabó quitándose la vida, puesto que la España agónica que dejaba el inepto (por no decir algo peor) de Fernando VII, le indujo a expresar la frase que decía: “Escribir en España es llorar” (aunque en realidad se refirió a Madrid). En mi caso, hago mentalmente una adaptación y pienso que “Hablar de Arte en España es también llorar”.

Bueno, en medio de este desastre, siempre hay islas y archipiélagos, es decir, niños y niñas y también centros en los que se considera que la Plástica es una materia suficientemente importante para prestarle la atención que se merece, por lo que promueven la imaginación y la creatividad entre los escolares.

Y es que la creatividad, en cualquiera de sus múltiples facetas, es algo consustancial al ser humano. No es posible entender una existencia sin poder expresarse en alguna de aquellas capacidades que se poseen. Y una de ellas es el dibujo, que forma parte de las artes plásticas, a la vez que es el origen del conocimiento de la imagen.

Acerca de la creatividad a través del dibujo, quisiera mostrar una pequeña selección de los que han realizado niños y niñas, partiendo de los de corta edad hasta llegar a otros del final de Educación Primaria. Todos los dibujos vienen referidos al tema de la familia, que es uno de los que abordo de manera habitual en mis investigaciones.



Este dibujo de Nicolás, un niño de 4 años, nos muestra toda su capacidad de imaginación y fantasía cuando se dibuja entre su padre y su madre. A sus dos hermanos los traza en el lado derecho de la lámina.

La creatividad se manifiesta en el uso completo de la hoja, en el trazado firme y sin rectificaciones que hace con el rotulador negro, en el empleo de “soles” para representar las manos de los cinco personajes, en los ojos circulares con puntos en sus interiores que evocan miradas intensas… Y, por encima de todo, en la alegre ingenuidad que expresa en este trabajo en el que ha volcado todo su entusiasmo a la hora de realizarlo.



El salto de Educación Infantil a Primaria es relevante para niños y niñas, puesto que dejan la etapa anterior que estaba basada en los aprendizajes articulados con el juego y las actividades lúdicas. A partir de ahora comienzan ciertas normas de disciplina y de orden que antes no recibían. Por otro lado, los padres comienzan a preocuparse por las asignaturas “serias e importantes”, y, claro, la Plástica no está dentro de esta categoría.

No obstante, algunos escolares continúan con la afición que encontraron a partir del placer de dibujar. Es lo que vemos en este dibujo de Julia, una niña de 6 años que también se dibuja entre sus progenitores, al tiempo que su hermana está en el lado derecho de la escena. Algo muy valioso que la niña expresa gráficamente es el amor por la naturaleza que le impregnan sus padres por medio de las caminatas que habitualmente hacen en el campo, tal como nos comentó la pequeña autora.



Cuando se cumplen los 7 años, se entra en la que los que investigamos en el arte infantil denominamos como etapa esquemática, una fase que se prolonga hasta los 9 años. Por nuestra parte, utilizamos el término de “esquema” para referirnos a las formas y figuras que habitualmente trazan de modo continuo en estas edades y con las cuales se sienten seguros.

Es lo que hace María, de 8 años, cuando se ha dibujado vestida con traje de sevillanas, junto a sus padres y su hermano en una caseta de la feria. Comprobamos que el modo de trazar los ojos, la nariz, la boca, el rostro, las manos, etc., es similar en los cuatro personajes, es decir, que la niña acude a los esquemas que tiene mentalmente interiorizados para realizar las figuras humanas.



A partir de los 10 años, se entra en una fase que llamamos etapa del comienzo del realismo, en el sentido de que los dibujos por esquemas empiezan a abandonarse y se busca que las figuras que se trazan se parezcan lo más posible a las que vemos en la realidad. Esto se va logrando poco a poco, dado que hay que consolidar tanto las destrezas gráficas como reforzar la memoria visual, especialmente, cuando no se tiene delante aquello que se va a dibujar.

Así, en este dibujo de Marina, de 10 años, comprobamos los cambios que se han producido con respecto al dibujo anterior. Ahora, la autora busca trazar a cada uno de los miembros con sus propios rasgos específicos. Esto lo podemos ver en su autorretrato, ya que se dibuja como si fuera una pintora ante un caballete, reflejo de que el arte empieza a ser importante para ella.



Quiero mostrar ahora el trabajo de Pablo, un chico que tiene la misma edad que Marina, es decir, 10 años, y que también se encuentra en la etapa del comienzo del realismo, tal como podemos apreciar en su dibujo, ya que es fácil comprobar que se distancia de las figuras esquemáticas de la fase precedente.

Lo curioso de este dibujo es que su autor ha representado a su familia como si se encontrara dentro de una fotografía enmarcada en un soporte ovalado y colocada sobre un aparador. Junto a las formas realistas, el autor superpone las figuras, tal como acontece en la realidad física, ya que, cuando formamos grupo, unos nos tapamos parcialmente a los otros.



Nos acercamos al final de Primaria, y, como trabajo representativo de la creatividad de estas edades, muestro este de Silvia que tiene 11 años. Lo más sorprendente de la escena que ha creado es que acude al encuadre de primer plano, es decir, que las figuras aparecen mostradas desde el pecho, para mostrar a los cuatro miembros de la familia.

La autora comenzó dibujando a su madre, circunstancia reforzada cuando optó por numerarla con el uno; pasó a su padre; después se dibuja a ella misma; y acabó con su hermana menor. Ya queda lejos el dibujo esquemático, por lo que, ahora, con clara sencillez, plasma los rasgos más característicos de los rostros de cada uno de ellos.



Acabo este breve recorrido por la creatividad de los escolares en el campo del dibujo, que, tal como he manifestado, es una de las facetas de la Educación Plástica, con el magnífico trabajo de una chica de sexto curso de Primaria.

Pero si sorprendente es la calidad de la escena representada, en la que aparecen sus padres, sus abuelos, ella y sus tres hermanos, más aún lo es si manifiesto que este excelente trabajo fue realizado en la hora escasa de la clase de Plástica. Esto es indicio de la seguridad y confianza que la autora tenía en sus capacidades expresivas gráficas y, cómo no, del entusiasmo y del placer que es para ella expresarse gráficamente.

Cierro, así, esta escueta presentación de lo que he denominado como “pequeños grandes artistas”. Es una muestra de que algunos chicos y chicas se salvan dentro de la desidia generalizada que hay en nuestro país por la Educación Artística; cuestión que no deja de ser un gran error, puesto que el mundo de la imagen está muy presente en nosotros, al tiempo el conocimiento del mundo visual en el que nos desenvolvemos se inicia en las edades tempranas a través de los dibujos con los que es posible expresarse gráficamente.

AURELIANO SÁINZ

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