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lunes, 27 de enero de 2014

  • 27.1.14
El expresidente del Gobierno, José María Aznar, cuenta en sus memorias editadas por Planeta que dispone de un documento "no secreto" que demuestra que el CNI no sabía quiénes eran los responsables del salvaje atentado del 11-M. Lógicamente, los libros de recuerdos de una vida pasada recogen la visión del autor y no hay que esperar informaciones contrastadas y esas cosas que se nos exigen a los periodistas.

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Sin embargo, no está de más recordarle a Aznar que su comentario es una manipulación inteligente. Basarse en los informes del CNI, un servicio de inteligencia serio y competente al que pilló desprevenido el ataque, es agarrarse al único clavo ardiendo para justificar su tremenda metedura de pata.

El Gobierno español dispone, por suerte, de varias fuentes de información, nada conectadas entre sí. Aquel día no dependió del CNI en gran medida porque quienes estuvieron en el lugar de los hechos e investigaron las primeras pistas fueron los servicios de información de la Policía.

Ellos estuvieron tan despistados como el resto de los españoles durante las primeras horas, pero siguieron el rastro de las primeras evidencias y no tardaron en ir descubriendo que era un atentado de raíz islamista.

La táctica de ampararse detrás del error del CNI la inició Aznar poco tiempo después del atentado. Saltándose las normas sobre desclasificación de documentos, entregaron a los medios de comunicación dos de los informes de los espías en que se traslucía su caos: o era ETA o no se creían que fueran los islamistas radicales.

Pero Aznar sabe perfectamente que los datos no tardaron en llegar dos días, como intenta hacer creer en sus memorias. Los análisis periciales sobre las bombas, conocidos ese mismo día, alejaban las sospechas de ETA.

Esa misma tarde se descubrió la furgoneta sospechosa aparcada cerca de la estación de Alcalá de Henares. En ella no solo había siete detonadores y resto de dinamita. También una cinta con versículos del Corán. Todo eso sin mencionar que a las 20.30 de la tarde del 11 de marzo se recibió en un diario de Londres un correo electrónico reivindicando el atentado.

Aznar debería decir que se equivocó al creer en los informes del CNI y no hacer caso al resto de las pistas, entre ellas las de la Policía. Las memorias a veces son desahogos postreros, pero no sirven para cambiar la historia.

FERNANDO RUEDA

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