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domingo, 3 de diciembre de 2017

  • 3.12.17
Se cumple, por estas fechas, un año de las movilizaciones producidas en Andalucía contra la gestión sanitaria del Gobierno autonómico, promovidas por un personaje que se ha hecho famoso agitando a las masas: el médico granadino Jesús Candel (Granada, 1976), más conocido como Spiriman.



Las quejas por la política de “fusión” de hospitales con que la Consejería de Salud pretendía unificar las unidades de gestión clínica de los centros sanitarios existentes en cada área sanitaria, con la intención de ahorrar duplicidades en servicios, personal y costos, junto a la precariedad a que obligaban los recortes presupuestarios impuestos por el Gobierno de la Nación que han afectando a las inversiones en sanidad y a la calidad de las prestaciones sanitarias, fueron eficazmente utilizados por este activista youtuber para organizar unas movilizaciones multitudinarias que, etiquetadas enseguida como “mareas blancas”, lograron paralizar dichas fusiones y forzar la destitución de los responsables que las promovieron y aplicaron.

Ese poder de convocatoria por medio de las redes sociales, que comenzó reuniendo a más de 40.000 personas que reclamaban que se mantengan dos hospitales completos en Granada, se extendió rápidamente a otras provincias, como Málaga, Huelva y Sevilla, aglutinando la indignación ciudadana contra las “fusiones” hospitalarias y contra lo que tachaban de “nefasta” gestión de la sanidad pública en Andalucía.

Todas aquellas “mareas blancas” fueron, durante el transcurso de este año, promovidas o secundadas por el infatigable agitador granadino, quien no dudaría en asumir la autoría y el protagonismo de un movimiento “popular” que lo consideraba un héroe y que desde el Gobierno andaluz era percibido con sorpresa y temor.

Sorpresa por la capacidad de aglutinar, al margen de las organizaciones representativas (sindicatos o asociaciones profesionales), el descontento social por una gestión sanitaria que no era peor ni mejor que la de cualquier otra autonomía; y temor por la habilidad de enfrentar ese descontento, como si de un adversario político se tratase, a los gestores de la política sanitaria del Gobierno andaluz.

La “espontánea” emergencia de este líder, hábil en movilizar a las masas a través de las redes sociales, causaba, más que extrañeza, recelo, por cuanto no se limitaba a reclamar medidas laborales o profesionales, sino a cuestionar toda la política sanitaria de la Junta de Andalucía.

De hecho, sus vídeos están trufados de denuncias de despotismo contra el Gobierno andaluz, al que acusa de nombrar a dedo a sus consejeros, quienes, a su vez, de manera “clientelar” eligen a unos gerentes hospitalarios sumisos y poco válidos porque apenas han ejercido la Medicina en su vida, según Spiriman.

Con semejantes manifestaciones en su cuenta de Facebook, logra atraer a miles de seguidores dispuestos a ratificar y secundar sus protestas e iniciativas. Afirma combatir la precariedad financiera, el deterioro de la calidad sanitaria y la política de fusiones hospitalarias porque persigue una sanidad “digna”, pero sin aportar alternativas que sean viables y sostenibles.

Y es que detrás de sus acusaciones generalizadas y peticiones insostenibles existe una intencionalidad ideológica y política, como correspondería a cualquier adversario político en un Parlamento o una tribuna partidista.

Maneja una mezcla verdades y mentiras en un cóctel populista que resulta sumamente eficaz para seducir a una población descontenta con los recortes y la austeridad que se han cebado con el sector público. De ahí su éxito a la hora de convocar a las multitudes y de recibir el apoyo que le brindan los ambientes (sociales, mediáticos, políticos) enfrentados con el Gobierno andaluz.

Pero no se nos malinterprete. En esta columna fuimos de los primeros en denunciar las fusiones hospitalarias como iniciativa nacida de la austeridad económica más que de la eficacia asistencial. Sin embargo, siempre hemos considerado que alguna racionalización era posible si se efectúa con criterios profesionales y no sólo económicos.

Dejábamos un resquicio para que se nos convenciera de la bondad de aquellas fusiones, ya que no disponíamos de todos los datos para valorarlas con rigor. Y porque estamos seguros que la gestión de los recursos sanitarios no se hace contra nadie, sino con voluntad de sacar el mayor provecho de los siempre escasos presupuestos para obtener los máximos beneficios asistenciales, estableciendo prioridades.

Es decir, que ninguna Administración actúa de oficio con mala fe o ligereza, aunque puede equivocarse. Y que los críticos tampoco se mueven siempre con un desinteresado propósito de conseguir mejoras para los ciudadanos. A veces, tienen intenciones ocultas y estrategias espurias para manipular. Por ello, en las actuaciones del médico activista granadino se exhala un tufo sospechoso, dada su intransigencia y la generalización de sus acusaciones.

Sin aportar ningún estudio sobre los beneficios o perjuicios que podrían ocarrear las fusiones hospitalarias y demás políticas sanitarias, Spiriman las rechazaba y obligaba a derogarlas con el argumento de que perjudicaban la atención sanitaria de la población, no ayudaban a eliminar las listas de espera y servían para reducir personal de los hospitales, cuyas plantillas ya sufrían los efectos de los recortes presupuestarios por la imposibilidad de sustituir bajas y jubilaciones, no por despedir a trabajadores, como hicieron en otras comunidades.

No era de extrañar, pues, que esas demandas fueran seguidas no sólo por los usuarios de la sanidad pública, sino también por muchos trabajadores de los centros hospitalarios. Las calles, como cabía esperar, se llenaron de batas blancas que exigían más inversión, la parálisis de las fusiones y el cese de los responsables y gestores sanitarios. Todo ello dirigido y controlado a través de Internet por Spiriman, el supermán de los sufridos indignados con la sanidad andaluza.

Sin embargo, a este médico que trabaja a media jornada en las Urgencias del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, pero con recursos para poseer empresas y dirigir una fundación, empiezan a lloverle las críticas, fundamentalmente por su incontinencia verbal.

Habituado a ser seguido y aplaudido, no tolera que se le lleve la contraria. Profiere insultos y descalificaciones hacia todo el que no piense como él, como hace contra los responsables sanitarios del Gobierno andaluz en sus vídeos.

No admite la discrepancia y arremete contra compañeros sanitarios, políticos, taxistas o periodistas. Nadie se libra de ser objeto de sus arrebatos verbales. Por tal motivo, en el hospital donde trabaja han elevado un escrito a la Comisión de Igualdad en el que le acusan de “ataques machistas y acoso psicológico”.

Al parecer, sus compañeras femeninas de profesión que difieren de sus opiniones están hartas de aguantar sus insultos, en los que comete presuntos delitos de odio, contra el honor y contra la discriminación e igualdad entre hombres y mujeres. Incluso han solicitado al Colegio de Médicos que intervenga para frenar la escalada de insultos y descalificaciones personales que prodiga Jesús Candel, alias Spiriman, cuando se le rebate.

Hasta el Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía ha tenido que intervenir por las amenazas que ha lanzado este líder a profesionales de la información, haciendo pública una nota en la que considera inaceptable la defensa de cualquier causa, por justa que sea, mediante descalificaciones personales, insultos y amenazas. Y aprovecha para recordar que la libertad de expresión no ampara este tipo de recursos.

Pero nada de ello frena el empeño de rebeldía de Spiriman, el médico generalista convertido en el activista más popular de la sanidad y líder autoelegido de unas “mareas blancas” que han doblegado el brazo a la Junta de Andalucía y han paralizado algunas de sus políticas sanitarias.

Al contrario, se siente perseguido y víctima de una campaña de desprestigio por sus críticas “políticas” y movilizaciones ciudadanas. Y ello le anima a seguir batallando en nombre de todos y bajo mandato de nadie por “su” idea de una Sanidad pública “digna”, aunque la Historia demuestre que los seres providenciales, que se creen en posesión de la razón y los demás equivocados, acaban hundiendo lo que intentan salvar o estrellándose contra la realidad. Este ha sido el primer año de Spiriman, todo un personaje.

DANIEL GUERRERO

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