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domingo, 1 de enero de 2017

  • 1.1.17
Comenzamos un nuevo año. Se cierra otro que dejamos atrás, con el sentimiento agridulce de cierta pérdida, puesto que los adultos ya sabemos que el tiempo vivido no es recuperable. Es por lo que las vivencias se almacenan en nuestra memoria como páginas de un libro que vamos escribiendo y a las que acudimos, de vez en cuando, con distintos sentimientos, sean de alegría, nostalgia, añoranza, gozo… dependiendo de los momentos que evoquemos.



Ya sabemos que la felicidad, hermosa palabra, es un bien que se nos da en pequeños trozos y que se nos escapa de las manos sin que seamos capaces de retenerla durante mucho tiempo.

Sin embargo, la vida es un proceso de renovación constante. Tras nosotros, y casi sin que nos demos cuenta, amanecen otras historias que, por suerte, eso que llamamos felicidad es su estado natural, pues contemplan todo a su alrededor con los ojos abiertos de la inocencia que todavía no ha estrenado las huellas de decepción que, inevitablemente, un día conocerán, pero que en esos momentos serán pequeñas piedras en el camino que cada uno tiene que recorrer.

Son los ojos de niños y niñas que despiertan a la vida con todo su esplendor, como acontece con los ciclos de la naturaleza, que, por suerte y de un modo u otro, a todos nos alcanza, a pesar de las lluvias, a pesar de las tormentas, a pesar de los días grises.

Puesto que, como he indicado al principio, iniciamos un nuevo año, y con él quisiera hacer un pequeño homenaje a todos los lectores y lectoras de Negro sobre blanco, dado que el libro imaginario que cada uno de nosotros internamente va escribiendo se inició en nuestra infancia, ese tiempo del que contamos con algunas imborrables imágenes de nuestro despertar a la vida.

Así pues, traigo diez dibujos de niñas y niños de cinco años, para que comprendamos que también el paraíso existe en la infancia y que posiblemente sea el origen metafórico del que nos habla el relato del Génesis y que John Milton lo plasmó en ese gran poema del siglo XVII que fue El Paraíso perdido.

En esta ocasión, indico los nombres originales de sus pequeños autores, puesto que son magníficas creaciones plásticas acerca de cómo entienden a sus familias, al tiempo que los comentarios serán muy breves, puesto que lo que deseo es que veamos cómo la imaginación y la fantasía se unen como partes del gozo y la alegría de vivir que nos transmiten a través de sus dibujos.



La mamá de Nadia ocupa el centro de la escena como la gran protagonista del grupo familiar. La pequeña comenzó el dibujo por su madre, de la que admira su largo pelo que lo expresa con total espontaneidad, al tiempo que también se lo traza a sí misma como signo de identidad femenina. Tras ellas, muestra a su hermanito y a su padre juntos en la parte derecha de la lámina y al lado de un muñeco de nieve, como símbolo navideño.



De igual modo, Adriana da el protagonismo a su madre, a la que muestra corriendo con total júbilo. Todo el grupo familiar se siente acogido y protegido por el arco iris, símbolo habitual en los dibujos infantiles de la alegría y felicidad que expresan los pequeños, junto a otros como son el corazón o los brazos elevados en alto.



Uno de los hechos más relevantes en la infancia es la capacidad de unir la realidad con la fantasía a través de la imaginación. Esto que a los adultos la razón no nos permite, sin embargo, en niños y niñas lo hacen con total espontaneidad. De este modo, para Lucía no es problema en el sentido de que es capaz de dibujar un cielo nocturno lleno de estrellas al tiempo que en la esquina superior derecha traza un deslumbrante sol.



En la infancia, a los padres se les ve todopoderosos. No es de extrañar que, con cierta frecuencia, especialmente por parte de las niñas, a las madres se las representen con una corona, como si fueran reinas. Esto es lo que hace Marta cuando comenzó a dibujar a su madre de gran tamaño y con una corona; continuó con ella trazándose otra a sí misma. Algo que no acabo de comprender, puesto que se me olvidó preguntarle, fue por qué había dibujado una pequeña casa en su mano izquierda, al igual que en las de sus padres.



Los signos de identificación femeninos son habituales en los dibujos de las niñas de cinco años. Así, vemos que Beatriz le ha trazado pendientes a su madre (la primera en ser dibujada), al igual que a ella misma o a su prima que se encuentra en el lado derecho, junto a su padre. Por otro lado, otra vez comprobamos que la representación de estrellas y del sol no es un obstáculo para los más pequeños. Lo cierto es que estos dibujos fueron realizados en fechas previas a la Navidad, por lo que las estrellas adquieren especial significación.



Viendo este dibujo, no nos cabe la menor duda que para Nicolás sus padres son personajes muy grandes e importantes, y que él se encuentra protegido por ambos. Por otro lado, los esquemas del trazado de las figuras humanas son similares: le basta con poner un trazado del pelo alargado, una especie de epicicloide como falda y unas puntas en los pies para recordarnos que las madres llevan tacones. Como todo niño o niña de esta edad, se siente el centro de las atenciones de sus padres, ya que a su hermano pequeño lo dibuja el último al lado de su madre.



¿Está el cielo lleno de nubes y de corazones mezclándose entre sí? Para Juan Antonio no hay la menor duda, ya que así plasma el escenario en el que se encuentra junto a su madre y a su padre, protegidos por una casa y un árbol, al tiempo que les acompañan dos ovejas, que no vuelan, sino no que se encuentran más alejadas. Es el mundo en el que vive el pequeño: una especie de paraíso original en el que no hay tentaciones ni peligros que puedan perturbar su dicha.



Marcos tiene dos hermanos, uno mayor y otro más pequeño que él. Por otro lado, siente que sus padres son enormes y poderosos; no solamente por el tamaño de las figuras con las que los ha plasmado, sino también por las grandes manos en forma de soles que les ha trazado y que también él se las dibuja, al igual que a sus hermanos.



Álvaro acaba de cumplir los cinco años y camina por su pequeña vida cogido de la mano de su padre. Esto le proporciona seguridad y confianza. Además, la escena está llena de dobles corazones que parece ser que proceden de su madre, ya que a ella se los ha dibujado sobre el cuerpo de trazado rectangular.



Cerramos este recorrido por el mundo gráfico de niñas y niños con el sorprendente dibujo de David. El pequeño comenzó dibujándose en la izquierda; a continuación, trazó a su abuela, pues se siente muy unido afectivamente a ella, dado que es la que le lleva y le recoge en su colegio. En el centro, aparece un muñeco de nieve y, en la derecha, su madre de gran tamaño y su padre. Pero, lo más sorprendente de este dibujo es el modo en el que traza las piernas de todos los personajes.

AURELIANO SÁINZ

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