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martes, 12 de julio de 2016

  • 12.7.16
Si la razón de ser de algo puede verse en los efectos que produce, cada vez tengo mayor certeza de que la razón por la que nació y existe Podemos está en blindar en España las políticas económicas y sociales diseñadas para nuestro país por esa llamada Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) a través de un Gobierno del Partido Popular que garantice la devolución a los mencionados acreedores de aquellos 100.000 millones de euros con los que se “rescató” a los bancos españoles hace ya algunos años.



Y en este razonamiento encuentro la lógica de que un gigante de la comunicación, como es la corporación Atresmedia (perteneciente al Grupo Planeta), haya estado promocionando en sus medios a la nueva formación política que ha fragmentado y debilitado el voto de la izquierda, de manera directa en La Sexta y de forma más taimada en Antena 3, Onda Cero o en el diario La Razón, por ejemplo.

El pasado 20 de diciembre, la organización política liderada por el televisivo Pablo Manuel Iglesias Turrión impidió la conformación de un gobierno de cambio, alternativo al del Partido Popular, que planteaba un programa legislativo de centro izquierda. Iglesias dio al Partido Popular un balón de oxígeno de seis meses añadidos y la posibilidad de repetir las elecciones para que, esta vez sí, la izquierda quedara excluida de toda opción de gobierno.

Podemos, en un extraordinario ejercicio de camaleonismo ideológico, anuló el movimiento 15-M erigiéndose en intérprete del mismo, diluyó la identidad del partido Izquierda Unida absorbiéndolo a efectos electorales y atacó en su línea de flotación al PSOE dejándolo notoriamente afectado y con visos de una lenta y dolorosa recuperación para alegría de la derecha nacional y europea.

Y todo esto, utilizando argumentos no del partido al que favorecía con sus actuaciones, sino con argumentos propios de los contrarios al Partido Popular en un ejercicio ejemplar de quintacolumnismo.

Dicen que la expresión “quinta columna” la utilizó por primera vez el ejército franquista en su asedio a Madrid cuando anunció que cuatro columnas avanzaban hacia la capital de España para ocuparla militarmente pero que existía dentro de la ciudad un importante número de afines al Golpe de Estado que, camuflados de republicanos, formaban una quinta columna que trabajaba organizadamente desde el interior para debilitar a la República y propiciar así su caída.

Surgió así el calificativo de “quintacolumista” para designar, en circunstancias de enfrentamiento entre rivales, a aquel individuo o entidad que, declarándose leal a un bando para ganarse su confianza, tiene como misión colaborar con el bando enemigo.

A manera de inciso anecdótico, decir que, entre los quintacolumnistas más activos en la Guerra Civil española hubo un montillano al que su ciudad natal le honró rotulando con su nombre una calle: José María Carretero Novillo, periodista que, en aquel Madrid de finales de 1936 colaboró con las tropas franquistas organizando, junto a otros correligionarios, un sistema por el que creaban y difundían bulos y noticias falsas para extender entre la población el fantasma del derrotismo y propagar inventadas acusaciones de corrupción respecto a dirigentes republicanos. Parece ser que lo mejor de su creatividad literaria lo volcó en esta actividad.

Pero, volviendo a nuestro tema de inicio: apostaría lo que fuese a que el votante de Podemos es ajeno a cualquier tipo o modalidad de quintacolumnismo, pero no me cabe duda de que el efecto de su voto no lo ha sido. De lo que sí recelo es de la intención última de sus dirigentes.

Ahora, los mismos medios que en su momento se encargaron de cultivar y regar a la emergente Podemos bombardean a la opinión pública con el mensaje de que el partido socialista debe volver la espalda a su electorado facilitando un gobierno del Partido Popular y legitimando así las políticas económicas y sociales ejercidas por el Gobierno Rajoy durante los últimos cinco años.

Posiblemente, ésta pudiera ser la puntilla letal asestada a un PSOE que, después de haber perdido su condición de partido de gobierno, muchos deseen que pierda también su condición de partido de la oposición, lo que significaría la eliminación efectiva de una opción socialdemócrata en España.

Dicho de otra forma, los quintacolumnistas siguen en su soterrada labor mientras algunos intuyen escuchar ya próximo el eco de aquella fantasmagórica voz radiofónica diciendo: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.

ANTONIO SALAS TEJADA

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