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viernes, 21 de marzo de 2014

  • 21.3.14
Llega un momento en que se agotan los circunloquios, los eufemismos y las metáforas sutiles. Es entonces cuando abres la tapa del portátil y empiezas a teclear como quien usa una ametralladora, disparando palabras al aire, contra todos, con la rabia desatada de quien se siente estafado y ya no tiene fuerzas de creer en nada.

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Hace dos años, muchos andaluces respiramos aliviados con la victoria pírrica del inefable Javier Arenas en su enésimo revés electoral en la región, y ello a pesar de que la figura gris y mediocre de José Antonio Griñán no era precisamente una alternativa cautivadora.

La esperanza, por el contrario, residía en el hipotético contrapoder que estaba llamado a ejercer Izquierda Unida, esa izquierda a la que hago referencia en el título (pues catalogar de ese modo al PSOE sería un atentado contra vuestra inteligencia), como llave de gobierno. O así, al menos, lo creímos algunos con una ingenuidad que ahora se desvela temeraria.

IU Andalucía decidió entrar a formar parte del nuevo Ejecutivo a pesar de la negativa de buena parte de las bases de la coalición (que ahora se organizan como pueden en su lógica desesperación), convirtiéndose así en un guiñol grotesco al servicio de un partido, el Socialista, corroído por la corrupción y con un proyecto político fracasado en Andalucía tras décadas de gobierno, y en España, donde la debacle electoral de noviembre de 2011 fue tan sólo una muestra de la pérdida de credibilidad ante la ciudadanía que aún hoy padece.

¿La contrapartida de esta monumental bajada de pantalones? Diego Valderas, un traidor con todas las letras, tal y como le recuerdan los muros de su pueblo natal, Bollulos par del Condado, pasó a ocupar ese doble cargo obtuso aunque bien remunerado de vicepresidente y consejero de Relaciones Institucionales, además de arañar otras dos consejerías, 16 delegaciones provinciales, seis secretarías generales, nueve direcciones generales y un número indeterminado de gerencias y cargos públicos para repartir entre el núcleo duro del aparato del partido.

Para cubrirse las espaldas, IU-CA y el PSOE-A publicaron un pacto programático conjunto de 74 páginas que no decían absolutamente nada y de las que, como es obvio, se ha cumplido otro tanto. No obstante, por aquel entonces ya sorprendía la ausencia del caballo de batalla de IU: la reforma de una ley electoral injusta que ha condenado a la propia coalición a una infrarepresentación en el parlamento regional y nacional en beneficio de los dos grandes partidos.

Quizás en estos momentos, ante el auge de UPyD, Equo y otros partidos políticos minoritarios, IU prefiere quedarse como está e incluso, si sigue viva hasta entonces, arañar algún diputado más para las próximas elecciones ante el desgaste del bipartidismo.

Insisto, si llega viva. Pues aunque el electorado es un producto maleable y ciertamente ignorante, todo tiene un límite, y la hipocresía rastrera de la coalición debe ser uno de ellos. De nada servirá la espantada de Valderas de la coordinación general, en un movimiento que parece preceder al de su definitiva retirada al Senado junto a otros ilustres ex altos cargos andaluces.

Y es que nadie en la cúpula de IU-CA tiene la potestad de hablar de rebeliones cuando han estado dos años aprobando presupuestos injustos por “imperativo legal” mientras sacaban a la calle las banderas para protestar por los recortes del Gobierno nacional.

Andalucía es hoy una comunidad con más paro y más hambre que hace dos años, y ese es el hecho objetivo para que algunos, si algún conservan un ápice de dignidad, tomen en consideración el papel desempeñado en este tiempo y analicen si se corresponde con lo que prometieron a sus votantes.

Si, efectivamente, llevaban en su programa electoral la defensa tácita de una Ejecutiva Regional corrupta desvelada por el caso ERE, o los recortes en sanidad y educación, o la inoperancia patente en la creación de empleo y oportunidades para la ciudadanía andaluza.

Como muchos predijeron, el Gobierno bipartito andaluz ha resultado ser un fracaso. Y como votante de Izquierda Unida, los culpo específicamente a ellos. Porque me siento traicionado, asqueado de tanta doble moral, de tanto "quiero y no puedo". Que dimitan y se vayan muy lejos. O bien, que aguanten un poco más en el sillón, que en Andalucía no vuelven a gobernar nunca más.

JESÚS C. ÁLVAREZ

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