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lunes, 30 de diciembre de 2013

  • 30.12.13
Ocurrió hace ahora 30 años. El golpe de Estado del 23-F estaba reciente y Emilio Alonso Manglano había sido designado director del entonces CESID, ahora llamado CNI. Uno de los mayores impactos que recibió en los primeros meses de su mandato tuvo lugar en la época navideña. Fue una de las cientos de historias que desvelé en mi libro La Casa y que ahora recupero como regalo de Navidad.

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La sede del servicio de inteligencia estaba situada a principios de los años ochenta en el céntrico Paseo de la Castellana de Madrid, justo al lado del Ministerio del Interior. Manglano era un director novato que estaba conociendo el funcionamiento de una agencia de espionaje que había estado implicada en el golpe de Estado y que necesitaba urgentemente limpieza y puesta a punto.

Un día muy próximo a la Nochebuena, Manglano estuvo trabajando lejos de su despacho y a media mañana regresó a la sede de Castellana. Se bajó del coche acompañado de su jefe de gabinete y asistieron a un curioso espectáculo: unos trabajadores estaban descargando de un enorme camión de unos grandes almacenes cestas y cajas de Navidad.

"Estos de Interior –comentó el director del CESID a su colaborador- se van a poner las botas estas Navidades". Y sin prestar mayor atención, enfiló a la entrada del edificio que compartían con el Ministerio del Interior.

Una hora después, Manglano volvió a salir a la calle y se encontró en recepción nuevamente con las cestas y las cajas de Navidad. Esta vez descubrió a personal del servicio de inteligencia encargándose de la recepción de los regalos. Perplejo, se frenó un momento, se acercó a las cestas y miró los destinatarios de tan suculentos regalos. "Fulanito... director de la división de..."; "Menganito... jefe del área de..." o "Zutanito, agente del departamento de...".

Manglano decidió cancelar la reunión a la que pensaba acudir y regresó a su despacho. Ordenó investigar inmediatamente quién había mandado tantos y tan estupendos regalos a su personal. Cuando lo supo, todavía se puso de peor humor.

Convocó a todos los jefes del Cesid a una reunión urgente. Les anunció que se había enterado de que el Mossad se dedicaba a mandar regalos por Navidad a un montón de agentes, una costumbre que también llevaban a cabo otros servicios como la CIA.

Mostró su perplejidad no solo porque se aceptaran los regalos, sino porque los servicios secretos extranjeros dispusieran de todos los datos laborales de tantos agentes, lo que suponía una clara vulnerabilidad.

Manglano ordenó devolver todos los paquetes y anunció expedientes de expulsión para cualquier miembro del servicio secreto que aceptara regalos de otro servicio de inteligencia. Desde entonces, la Navidad se celebra más austeramente en el CESID-CNI. Como debe ser.

FERNANDO RUEDA

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