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sábado, 21 de diciembre de 2013

  • 21.12.13
De vez en cuando hay que volver a los clásicos. Y las tres hermanas Brontë son un buen destino, sobre todo para aquellos y aquellas que disfrutan con las novelas góticas, o quieran descubrir el mundo al que se tenía que enfrentar una mujer culta, de clase media, en el siglo XIX.

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"La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca", le dijo un poeta a Charlotte cuando ésta la envío algunos de sus versos de juventud. El hecho de ser hijas de un sacerdote anglicano ejerció una gran influencia en sus obras. La moral estricta envuelve las reflexiones de los personajes y la predestinación campa por sus páginas.

Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, es la historia tumultuosa de una amor destructivo, que une a dos personas a las que la predestinación ha condenado a la maldad perpetua. A medida que vamos leyendo, la angustia nos posee y la historia se va creando en nuestra cabeza sobre un fondo de nubes negras, en el que el sol nunca puede asomar. Para una cultura católica como la nuestra, en la que prevalece “el libre albedrío”, esta idea de la predestinación es inquietante.

Jane Eyre es mi favorita, de Charlotte Brontë, porque aunque la bruma asfixiante rodea la vida de la protagonista, ésta es capaz de ver más allá de su ventana o al menos quiere poder ver otros mundos. Sus reflexiones, sin llegar a ser feministas, van dejando ver las inquietudes de una mujer formada que quiere vivir otra vida distinta a la que le ha tocado.

Hemos de tener en cuenta que hasta principios del siglo XX, la mujer no empieza a movilizarse y a pedir tener los mismos derechos que sus conciudadanos masculinos. Sin embargo, aunque la moral protestante persigue a Jane Eyre y también los condicionamientos sociales, ésta es capaz de enamorarse de un hombre al que no encontraba nada atractivo en un principio, de otra clase social, pero cuya alma es capaz de ver. Preciosos sus diálogos internos, su sinceridad y la aceptación de su amor. Es un libro digno de releerse.

Por último, Agnes Grey, de la pequeña de la familia, Anne Brontë, es una novela suave, fácil de leer, en la que la protagonista, al igual que en Jane Eyre es una institutriz y, al igual que a ella, el amor le llega a través de la admiración que el ser amado les produce. Agnes busca también un poco de independencia y quiere valerse por sí misma. Y en esa búsqueda de libertad encuentra a un compañero.

Las tres novelas son bastantes autobiográficas, y las tres muestran las inquietudes de estas tres escritoras, que abrieron un camino para las mujeres que han querido después ejercer el noble arte de crear historias. Las tres murieron jóvenes y de tifus. Final digno de una novela del género que cultivaron.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ A.

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